Dentro de Kobukan Kobudō Renmei, Togakure Ryū Ninpō forma parte de las ryūha que constituyen nuestra transmisión Takamatsu-den, junto con escuelas como Gyokko Ryū, Kotō Ryū, Kukishin Ryū, Takagi Yōshin Ryū, Shinden Fudō Ryū y Asayama Ichiden Ryū. La propia organización define el ninpō taijutsu desde conceptos bastante alejados de la imagen cinematográfica del ninja, poniendo el énfasis en el movimiento evasivo, la gestión estratégica de la confrontación, el golpeo, el trabajo de control y la capacidad para adaptarse bajo presión.
Esto tiene una consecuencia importante para el alumno, porque estudiar Togakure Ryū dentro de Kobukan no consiste en interpretar a un personaje histórico ni en intentar reproducir una estética asociada popularmente al ninjutsu, sino en enfrentarse a una manera particular de comprender el conflicto, donde evitar quedar atrapado en la fuerza del adversario, utilizar adecuadamente el espacio y conservar opciones de salida puede resultar mucho más importante que imponerse mediante una técnica espectacular.
La propia Kobukan expresa de manera muy clara que no pretende convertirse en una organización dedicada a la recreación del “ninja”, y que su interés se encuentra en la habilidad práctica, la disciplina personal, la transmisión técnicamente seria y una presentación históricamente honesta de las artes Takamatsu-den. Como instructor, considero que esta aclaración es especialmente apropiada cuando hablamos de Togakure Ryū, porque probablemente sea la escuela donde resulte más fácil confundir el estudio marcial con todo aquello que la cultura popular ha añadido posteriormente alrededor del término ninjutsu.
Antes de hablar de técnicas hay que entender qué significa ninpō
En ocasiones un alumno me pregunta cuál es la diferencia entre ninjutsu y ninpō, esperando quizá una separación técnica muy precisa, como si uno contuviera determinadas técnicas y el otro perteneciera a una categoría completamente diferente, pero dentro de nuestra práctica me parece más útil comprender primero la idea que existe detrás del término nin.
El carácter 忍 suele explicarse a partir de ideas como perseverar, soportar, resistir o actuar manteniendo control sobre uno mismo, aunque cualquier traducción aislada se queda inevitablemente corta cuando intentamos trasladar al castellano conceptos japoneses que han adquirido diferentes matices según la época y el contexto. Lo importante para el practicante no consiste en memorizar una traducción elegante, sino en comprobar cómo esa actitud debería manifestarse cuando las cosas empiezan a salir de una manera distinta a la prevista.
Si durante una técnica el compañero cambia de dirección y nosotros nos bloqueamos, todavía nos queda trabajo.
Si una entrada falla y nuestra única respuesta consiste en intentar ejecutar la misma técnica utilizando más fuerza, todavía nos queda trabajo.
Si necesitamos que uke ataque siempre desde la misma distancia, con la misma velocidad y de la manera exacta que hemos practicado, entonces sabemos una secuencia, pero nuestra capacidad de adaptación continúa siendo limitada.
Desde esta perspectiva, ninpō empieza a ser mucho más interesante porque deja de parecer una colección de habilidades exóticas y pasa a plantearnos un problema que aparece continuamente en cualquier situación de conflicto: qué hacemos cuando la realidad no respeta nuestro plan.
En el entrenamiento de Kobukan dedicamos mucho tiempo precisamente a esa transición entre conocer una estructura y ser capaz de utilizar sus principios cuando las condiciones empiezan a cambiar, motivo por el cual el trabajo de kata se complementa posteriormente con resistencia, randori y situaciones menos previsibles. La organización denomina densho dori al respeto por la forma transmitida, distinguiendo claramente entre aquello que pertenece a la enseñanza recibida y las interpretaciones personales que pueden desarrollarse mediante la experiencia.
Para Togakure Ryū esta diferencia es fundamental.
Primero tenemos que recibir.
Después tenemos que comprender.
Solamente entonces tiene sentido adaptar.
La historia de Togakure Ryū y la obligación de ser rigurosos
Hay otra cuestión que, como instructor, prefiero tratar con claridad porque enseñar una tradición no nos obliga a presentar como hecho demostrado todo aquello que pertenece a su genealogía tradicional.
La transmisión de Togakure Ryū sitúa convencionalmente sus orígenes en el siglo XII y asocia el nacimiento de la tradición con Nishina Daisuke, también conocido en la genealogía como Togakure Daisuke. Esta es la historia transmitida dentro de las líneas modernas derivadas de Takamatsu Toshitsugu y forma parte de la manera en que la ryūha ha llegado hasta nuestra época. Sin embargo, la documentación independiente de esas primeras generaciones es problemática y autores como Kiyoshi Watatani y Tadashi Yamada, responsables del conocido Bugei Ryūha Daijiten, cuestionaron distintos aspectos de la antigüedad y genealogía atribuidas a Togakure Ryū.
Para mí esto no representa ningún problema a la hora de entrenar.
Lo que sí sería un problema sería confundir tradición con demostración documental.
Podemos explicar con respeto que la genealogía tradicional sitúa el origen de Togakure Ryū en determinado periodo y, al mismo tiempo, reconocer que un historiador dispone de razones para tratar con prudencia algunas de esas afirmaciones. Hacer esa distinción no disminuye el valor técnico de lo que entrenamos, sino que evita convertir el budō en una cuestión de fe.
Kobukan insiste precisamente en la transparencia entre lo tradicional, lo posteriormente desarrollado y aquello cuya documentación histórica permite realizar afirmaciones más firmes. Esa actitud me parece mucho más seria que intentar solucionar cualquier duda histórica repitiendo una genealogía hasta convertirla en certeza.
También existe una relación interesante entre Togakure Ryū y Gyokko Ryū dentro de la tradición Takamatsu-den. La propia documentación de Kobukan señala que el nombre Togakure Ryū aparece al final del makimono de Gyokko Ryū y que esa circunstancia ha llevado a algunos practicantes a interpretar Togakure como una tradición relacionada o derivada en parte de Gyokko, aunque esto debería entenderse como una observación sobre la transmisión y no como una demostración histórica definitiva de cómo evolucionaron ambas escuelas.
Cuando enseñamos una ryūha, esa precisión también forma parte del respeto.
Togakure Ryū no busca el mismo tipo de confrontación que otras escuelas
Una de las cosas que empieza a apreciarse cuando se estudian diferentes ryūha es que no todas plantean el problema del combate desde la misma posición mental.
Esto resulta fácil de olvidar porque hoy entrenamos todas ellas dentro del mismo dōjō, sobre el mismo suelo y vistiendo el mismo keikogi, mientras que las tradiciones que estudiamos fueron desarrollando sus características dentro de contextos y necesidades diferentes.
En Togakure Ryū resulta especialmente importante la idea de no permanecer donde el adversario espera encontrarnos.
No quiero decir con esto que exista una técnica mágica de evasión ni que el objetivo consista en saltar continuamente fuera de alcance, porque escapar sin criterio puede dejarnos en una posición todavía peor que aquella de la que intentábamos salir. La cuestión consiste en aprender a reconocer la línea de peligro, modificar nuestra relación con ella y conservar suficiente libertad corporal para poder continuar actuando.
Cuando un alumno empieza, suele responder al ataque pensando principalmente en la técnica que quiere realizar.
“Voy a hacer esta luxación.”
“Voy a proyectarlo.”
“Voy a golpear aquí.”
La atención está colocada en nuestra respuesta.
Con experiencia empezamos a observar primero el problema.
¿Dónde está realmente entrando el adversario?
¿Qué espacio está ocupando?
¿Qué parte de mí está buscando?
¿Qué sucede si simplemente no permanezco en ese lugar?
¿Qué posición obtengo después de moverme?
Este cambio parece pequeño, pero modifica mucho el entrenamiento.
Ya no intentamos colocar una técnica encima del ataque.
Empezamos a trabajar con lo que el ataque nos proporciona.
Taihenjutsu: aprender a mover el cuerpo antes de querer controlar al adversario
Cuando enseñamos los fundamentos de Ninpo Taijutsu en Kobukan, una parte esencial del trabajo está relacionada con la postura, el movimiento corporal, el ukemi y el taihenjutsu, porque sin esa base resulta muy difícil desarrollar posteriormente la capacidad evasiva que asociamos con Togakure Ryū. El currículo inicial de Kobukan establece precisamente esos elementos como fundamento sobre el que se construyen los niveles posteriores.
El principiante suele pensar en la evasión como una reacción.
Ve venir el ataque y se aparta.
Con el tiempo necesitamos algo bastante más refinado, porque si esperamos a confirmar completamente el ataque antes de comenzar a desplazarnos, probablemente ya estemos reaccionando demasiado tarde.
Por eso aprender a leer la distancia y el movimiento del cuerpo contrario resulta tan importante como aprender nuestro propio desplazamiento.
Además, salir de una línea no sirve de mucho si lo hacemos perdiendo el equilibrio.
Ésta es una corrección que aparece constantemente en el dōjō, porque algunos alumnos consiguen evitar el ataque, pero terminan inclinados, con los pies cruzados, demasiado lejos para responder o mirando en una dirección distinta a la del adversario.
Han evitado el contacto inmediato, pero han creado otro problema.
El taihenjutsu correctamente trabajado debería permitirnos modificar nuestra posición manteniendo suficiente estructura para continuar, porque en una situación real no podemos asumir que el primer ataque será también el último.
Ese detalle cambia por completo la forma de practicar.
No entrenamos únicamente cómo salir.
Entrenamos cómo salir estando todavía preparados para lo que pueda ocurrir después.
No luchar contra la fuerza es diferente de ser pasivo
Otra interpretación equivocada que aparece cuando hablamos de evasión consiste en pensar que Togakure Ryū propone una actitud pasiva donde siempre retrocedemos y evitamos entrar en contacto.
Nada más lejos de lo que buscamos en el entrenamiento.
Evitar chocar innecesariamente contra la fuerza del adversario no significa renunciar a la iniciativa, sino aprender a elegir mejor dónde y cuándo utilizarla.
Si una persona grande y fuerte avanza con toda su estructura organizada hacia nosotros, intentar detenerla frontalmente quizá sea exactamente la respuesta que espera. Podemos hacerlo si tenemos suficiente fuerza y una posición favorable, pero depender siempre de esa opción limita mucho nuestra capacidad marcial.
Cuando cambiamos ligeramente el ángulo, dejamos que la fuerza continúe por una dirección que ya no coincide con nuestro centro y nos recolocamos en una posición diferente, estamos utilizando otra estrategia.
No hemos desaparecido.
No hemos utilizado ningún truco secreto.
Simplemente hemos dejado de resolver el problema en el lugar donde el adversario era más fuerte.
Ésta es una idea que parece evidente cuando la explicamos, pero aplicarla contra alguien que realmente está entrando con decisión requiere mucha práctica porque nuestro cuerpo tiene una tendencia natural a endurecerse cuando percibe presión.
Los hombros suben.
Las piernas se bloquean.
Las manos intentan agarrar.
La respiración cambia.
Por eso el entrenamiento de ninpō también es entrenamiento sobre nuestra propia reacción.
Kamae: una posición desde la que todavía podemos cambiar
En otras ocasiones ya he hablado de que un kamae no debería tratarse como una fotografía, pero en Togakure Ryū esta idea adquiere todavía más importancia porque una postura demasiado rígida contradice precisamente aquello que queremos desarrollar.
Cuando un alumno se coloca en kamae y necesita realizar tres movimientos preparatorios antes de poder desplazarse, algo falta.
El kamae debería proporcionarnos posibilidades.
Tiene que permitirnos observar, proteger determinadas líneas, presentar otras de manera consciente y movernos sin tener que desmontar completamente nuestra estructura.
Esto no significa que todas las posturas tengan que parecer relajadas o pequeñas, porque la forma tradicional debe respetarse tal como se recibe, pero debajo de la forma exterior necesitamos comprender qué función cumple.
En ocasiones la posición del cuerpo hace que el adversario interprete una distancia de una determinada manera.
En otras, facilita que podamos retirar rápidamente una zona que parece disponible.
También puede condicionar la dirección del ataque.
Cuando comenzamos a observar el kamae desde esa perspectiva, deja de ser simplemente la posición inicial del kata y se convierte en una parte de la estrategia.
La importancia de no regalar información
Una de las cuestiones que personalmente considero más interesantes dentro del ninpō es la gestión de la información.
En un combate, cada movimiento que hacemos proporciona datos.
Si antes de golpear levantamos el hombro, informamos al adversario.
Si antes de desplazarnos cargamos todo el peso sobre una pierna, volvemos a informar.
Si nuestra mirada se dirige exactamente al lugar donde pretendemos atacar, acabamos de ofrecer otra pista.
El entrenamiento avanzado debería ir reduciendo esas señales innecesarias.
Esto no significa intentar ser invisible, sino aprender a no anunciar cada decisión antes de ejecutarla.
Cuando observamos a un principiante trabajando, normalmente podemos ver la técnica antes de que ocurra, porque su cuerpo necesita prepararla de una manera muy evidente.
Cuando observamos a una persona con experiencia, a veces parece que el movimiento ha comenzado tarde, aunque en realidad lo que ha desaparecido es la preparación innecesaria.
Ésa es una cualidad muy relacionada con la eficiencia.
Cuanto menos necesitamos reorganizarnos antes de actuar, menos oportunidades damos al otro para adelantarse a nosotros.
Metsuke y percepción: mirar sin quedar atrapado por aquello que miramos
Otro aspecto que cambia mucho con el tiempo es la manera de observar al compañero.
Al principio tenemos tendencia a mirar aquello que más miedo nos produce.
Si vemos un puño, miramos el puño.
Si aparece un cuchillo de entrenamiento, la vista se dirige hacia el cuchillo.
Si alguien tiene una espada, podemos acabar siguiendo la punta como si el resto de su cuerpo hubiera desaparecido.
Esto crea un problema evidente porque el arma solamente representa una parte de la situación.
El adversario tiene pies, caderas, hombros, respiración, intención y capacidad para cambiar.
Por eso la percepción necesita hacerse más amplia.
No queremos fijar los ojos en un punto tan intensamente que todo lo demás desaparezca, pero tampoco queremos mirar de manera vaga sin recoger información.
Esta manera de observar requiere experiencia porque no puede enseñarse simplemente diciendo al alumno dónde debe colocar los ojos.
Tiene que aprender poco a poco a percibir el cuerpo completo, la distancia y el espacio alrededor, manteniendo suficiente atención sobre el elemento peligroso sin convertirse en prisionero de él.
En una tradición donde la adaptación y la evasión tienen tanta importancia, esta educación de la percepción no es un añadido filosófico, sino una necesidad técnica.
Los llamados Sanpō Hiden y las armas asociadas con Togakure Ryū
Cuando se habla de Togakure Ryū suelen aparecer muy pronto algunas herramientas características que han contribuido enormemente a su imagen pública, entre ellas el senban shuriken, el shukō y el shindake, presentados en fuentes de la transmisión Takamatsu-den como los denominados Sanpō Hiden, los tres secretos asociados tradicionalmente con la escuela. Diversas fuentes modernas vinculadas a esta transmisión describen el senban como un shuriken característico de cuatro puntas, el shukō como un implemento metálico provisto de ganchos y el shindake como un tubo de bambú al que se atribuyen varios usos.
Ahora bien, como instructor no empezaría Togakure Ryū enseñando a un alumno estas herramientas.
Antes tendría que aprender a moverse.
Si una persona no sabe controlar correctamente su distancia, darle un arma solamente le permite cometer el mismo error con un objeto en las manos.
Si pierde el equilibrio durante taihenjutsu, añadir shukō no solucionará el problema.
Si no sabe reconocer una línea de ataque, tener un senban tampoco le proporcionará automáticamente capacidad estratégica.
Las herramientas son interesantes porque muestran cómo una tradición podía ampliar sus posibilidades utilizando objetos específicos, pero la esencia técnica que podemos trabajar hoy en el dōjō continúa dependiendo de la persona que los maneja.
Esta distinción es muy importante porque la fascinación por las armas del ninja puede hacer que el alumno persiga precisamente la parte más visible y deje de desarrollar aquello que le permitiría utilizarlas con criterio.
La espada de Togakure Ryū y el error de imaginar un “ninja-tō” universal
También debemos ser prudentes cuando hablamos de la espada asociada al ninjutsu.
La cultura popular ha creado una imagen extremadamente reconocible del llamado ninja-tō, normalmente representado como una espada perfectamente recta, corta y provista de una gran tsuba cuadrada, hasta el punto de que muchas personas creen que todos los shinobi históricos utilizaban necesariamente ese modelo.
La realidad histórica es bastante menos sencilla, y no existe base para considerar esa forma cinematográfica moderna como una espada universal de los ninja históricos.
Cuando trabajamos Togakure Ryū, lo interesante no debería ser perseguir una estética concreta, sino estudiar qué diferencia estratégica aparece en la manera de utilizar el arma dentro de la transmisión.
La espada puede ocultarse, presentarse de manera diferente, utilizarse para crear distancia o convertirse en una herramienta que facilita escapar de una situación en la que permanecer combatiendo sería innecesario.
Ese último punto resulta especialmente característico del enfoque del ninpō.
No todas las situaciones necesitan terminar con el adversario derrotado delante de nosotros.
En ocasiones haber creado la oportunidad para romper el contacto constituye una solución mejor.
El kata en Togakure Ryū no debería convertirse en una representación teatral
Cuando trabajamos una kata relacionada con ninpō existe un peligro particular, porque algunas situaciones pueden resultar poco habituales desde la perspectiva de un arte marcial deportivo y eso puede llevar al practicante a interpretarlas de forma excesivamente teatral.
Debemos evitarlo.
El kata tiene que conservar una razón.
Uke necesita atacar con una intención coherente.
Tori necesita responder a esa situación y no simplemente ejecutar movimientos porque conoce de memoria lo que viene después.
Si en una determinada forma debemos desaparecer de la línea, crear una distracción o romper la distancia, tenemos que entender qué problema intenta resolver esa acción.
De lo contrario acabamos representando una historia.
En Kobukan intentamos precisamente que el kata conserve su estructura tradicional y después se someta progresivamente a condiciones que nos obliguen a comprobar si hemos entendido sus principios, mediante resistencia, cambios de ritmo, randori y ejercicios menos previsibles.
Este proceso resulta particularmente valioso en Togakure Ryū porque muchas de sus ideas dependen de oportunidad, percepción y adaptación, cualidades que pueden parecer perfectamente correctas mientras el compañero colabora y desmoronarse en cuanto deja de hacerlo.
Huir no siempre es perder
Existe una mentalidad que aparece con frecuencia entre personas que llegan de sistemas de competición o de determinados métodos de defensa personal, según la cual una confrontación solamente puede considerarse resuelta cuando hemos dominado físicamente al adversario.
El ninpō obliga a cuestionar esa idea.
Imaginemos que una persona consigue crear suficiente distancia para abandonar una situación peligrosa sin resultar herida y sin necesidad de prolongar el enfrentamiento.
¿Ha perdido?
Desde una perspectiva competitiva quizá ni siquiera podamos formular correctamente la pregunta, porque no existe árbitro, puntuación ni obligación de permanecer dentro de una zona delimitada.
Desde una perspectiva de supervivencia, la respuesta es bastante clara.
El objetivo ya se ha cumplido.
Esto no significa que Togakure Ryū enseñe simplemente a correr, sino que introduce una consideración estratégica que muchas veces olvidamos cuando entrenamos artes marciales dentro de un dōjō: no tenemos ninguna obligación de continuar una confrontación solamente para demostrar que somos capaces de ganarla.
De hecho, en una situación real desconocemos demasiadas variables.
No sabemos si la otra persona lleva un arma que todavía no hemos visto.
No sabemos si viene alguien más.
No sabemos qué puede ocurrir al caer al suelo.
No sabemos si una pelea que comienza con empujones terminará de la misma manera.
Por eso conservar una salida puede ser más inteligente que buscar una victoria técnicamente bonita.
Kyojitsu: el problema de aquello que el adversario cree que está ocurriendo
Otro aspecto que resulta difícil explicar sin entrenamiento práctico es la relación entre lo evidente y lo que realmente pretendemos hacer.
En las tradiciones de ninpō aparece constantemente la importancia de gestionar la percepción del adversario, lo que en diferentes contextos se relaciona con conceptos de kyojitsu, verdad y falsedad, vacío y realidad, apariencia e intención.
No necesitamos convertir esto en algo misterioso.
Si muestro una apertura y el adversario interpreta que puede aprovecharla, he influido sobre su decisión.
Si mi desplazamiento parece un retroceso pero modifica el ángulo para preparar otra acción, aquello que él cree que estoy haciendo no coincide exactamente con mi intención.
Si centro toda su atención en una mano y utilizo la otra, vuelvo a trabajar con su percepción.
Esto existe en prácticamente todas las artes de combate, aunque las tradiciones de ninpō le conceden una importancia estratégica especialmente evidente.
La dificultad consiste en que no podemos engañar de manera convincente con algo que nosotros mismos no controlamos.
Para mostrar deliberadamente una apertura debemos saber qué estamos dejando abierto.
Para alterar el ritmo debemos tener un ritmo primero.
Para romper una expectativa tenemos que entender qué expectativa hemos creado.
Por eso el trabajo avanzado siempre regresa a los fundamentos.
Banpen Fugyō: cuando las circunstancias cambian, nosotros no podemos quedarnos atrás
Dentro de la tradición Takamatsu-den encontramos frecuentemente la expresión Banpen Fugyō —万変不驚—, que puede interpretarse aproximadamente como mantener la capacidad de no quedar sorprendido ante las innumerables transformaciones de una situación. Kobukan la menciona expresamente al tratar la relación entre Gyokko Ryū y las tradiciones que evolucionaron alrededor de ella, entre ellas Togakure Ryū.
Es una expresión fácil de colocar en una pared y bastante más difícil de demostrar sobre el tatami.
Cuando uke realiza exactamente el ataque que esperábamos, todos podemos parecer tranquilos.
La prueba comienza cuando cambia.
Cuando entra más rápido.
Cuando no reacciona como pensamos.
Cuando nuestra primera técnica falla.
Cuando tropezamos.
Cuando la distancia es diferente.
Cuando aparece otro estímulo.
Ahí descubrimos cuánto depende nuestra tranquilidad de que el mundo se comporte como queremos.
Para mí, Togakure Ryū tiene mucho que enseñar precisamente en este punto, porque detrás de las técnicas existe constantemente la obligación de conservar flexibilidad mental.
No podemos enamorarnos de nuestra técnica.
No podemos detenernos porque un plan ha dejado de funcionar.
Tenemos que reconocer lo que está ocurriendo y continuar.
Por qué Togakure Ryū necesita las otras ryūha de Kobukan
Puede parecer extraño terminar hablando de Gyokko Ryū, Kotō Ryū o Kukishinden cuando el artículo está dedicado a Togakure Ryū, pero dentro de Kobukan resulta artificial estudiar cada escuela como si estuviera completamente aislada de todas las demás.
Gyokko Ryū desarrolla una comprensión extraordinariamente precisa del kamae, los ángulos, la distancia y el kosshijutsu.
Kotō Ryū nos obliga a estudiar una mecánica diferente de golpeo, desplazamiento y control estructural.
Kukishinden introduce un trabajo amplio de taijutsu y armas.
Takagi Yōshin Ryū plantea otras relaciones con la proximidad, el control y el equilibrio.
Shinden Fudō Ryū vuelve a modificar la manera de organizar el cuerpo.
Después llegamos a Togakure Ryū y encontramos un enfoque donde todo aquello necesita ser utilizado con una mentalidad especialmente orientada hacia adaptación, evasión y supervivencia.
Por esa razón las ryūha se enriquecen mutuamente sin necesidad de mezclarlas.
Éste es un punto que considero fundamental.
Relacionar no significa fusionar.
Cuando entrenamos Gyokko Ryū, debemos intentar conservar Gyokko Ryū.
Cuando estudiamos Kukishinden, tenemos que reconocer la manera de Kukishinden.
Cuando trabajamos Togakure, buscamos aquello que hace que Togakure plantee el problema de una forma distinta.
Solamente después de haber aprendido a distinguir empezaremos a comprender las conexiones.
Togakure Ryū dentro del Kobukan actual
El currículo actual de Kobukan Kobudō Renmei sitúa Togakure Ryū entre las escuelas fundamentales de su transmisión y desarrolla primero una base común de Ninpo Taijutsu mediante los niveles kyū, antes de profundizar posteriormente en las ryūha y en estudios más especializados. Los alumnos comienzan construyendo postura, ukemi, taihenjutsu, distancia, controles, golpeo y otras herramientas fundamentales, de manera que cuando entran con mayor profundidad en las escuelas tradicionales ya disponen de un cuerpo mínimamente preparado para entender lo que reciben.
Como instructor considero que éste es un enfoque sensato, porque Togakure Ryū puede resultar especialmente fácil de interpretar mal cuando se estudian únicamente sus aspectos más llamativos.
Un alumno que todavía no controla su postura probablemente se fijará en el shuriken.
Uno que todavía no entiende maai querrá aprender la espada.
Otro que apenas sabe caer puede sentirse atraído por técnicas evasivas más complejas.
Nuestro trabajo consiste muchas veces en hacer exactamente lo contrario de aquello que la curiosidad inicial nos pide y regresar a algo aparentemente más sencillo.
Caminar correctamente.
Mantener la estructura.
Salir de la línea sin perder el equilibrio.
Respirar mientras recibimos presión.
Mirar al adversario sin fijarnos únicamente en sus manos.
Reconocer una salida.
Cambiar de idea cuando la situación cambia.
Cuando todo eso empieza a madurar, los elementos más específicos de Togakure Ryū empiezan a adquirir otro significado.
Lo que realmente debería llevarse un alumno de Togakure Ryū
Después de muchos años en las artes marciales, cada vez me interesa menos saber cuántas técnicas recuerda una persona y bastante más observar qué sucede cuando algo inesperado ocurre durante el entrenamiento.
Ahí aparece el nivel real.
El alumno que solamente conoce la secuencia intenta regresar desesperadamente a ella.
El que empieza a comprender los principios puede perder una parte del kata y todavía conservar su postura, su distancia y su capacidad para continuar.
En Togakure Ryū esa diferencia resulta especialmente significativa, porque una tradición asociada al ninpō difícilmente tendría sentido si solamente funcionara cuando las circunstancias son perfectamente conocidas de antemano.
Por eso, cuando alguien me pregunta qué debería aprender realmente de esta escuela, no le hablaría primero de shuriken, shukō, infiltración o ninguna de las imágenes habitualmente asociadas con el ninja.
Le hablaría de aprender a no quedarse donde llega el peligro, pero sin huir de manera descontrolada; de poder cambiar de dirección sin perder la estructura; de reconocer cuándo continuar una confrontación carece de sentido; de comprender que engañar al adversario empieza por controlar aquello que mostramos; de mantener la mente suficientemente libre para abandonar una técnica cuando ya no corresponde, y de desarrollar una percepción que nos permita ver algo más que el ataque que tenemos inmediatamente delante.
Todo eso requiere bastante más tiempo que aprender una secuencia.
También resulta mucho menos espectacular cuando se observa desde fuera.
Sin embargo, cuando empieza a aparecer en el entrenamiento, uno comprende por qué Togakure Ryū no necesita apoyarse en la imagen popular del ninja para resultar interesante.
Su verdadero valor está en algo mucho más sencillo de explicar y mucho más difícil de conseguir: seguir teniendo opciones cuando la situación deja de comportarse como esperábamos.
Dentro de Kobukan Kobudō Renmei, ésa es precisamente una de las razones por las que merece la pena estudiar Togakure Ryū Ninpō como una ryūha viva, conservando su transmisión, tratando su historia con seriedad y utilizando el keiko para comprobar qué parte de aquello que creemos saber continúa funcionando cuando el compañero, la distancia y las circunstancias empiezan a cambiar.






