Kobukan Kobudō Renmei incluye oficialmente Shinden Fudō Ryū Jūtaijutsu —神伝不動流柔体術— y Shinden Fudō Ryū Dakentaijutsu —神伝不動流打拳体術— entre las ryūha que forman parte de su estudio avanzado. La propia estructura del currículo de Kobukan introduce además kamae de Shinden Fudō Ryū durante los grados kyū, mientras que el trabajo específico de las distintas ryūha adquiere mayor profundidad en la etapa yūdansha, donde las kata se estudian dentro de su contexto técnico y estratégico en lugar de tratarlas únicamente como técnicas aisladas.
Esto último es importante porque Shinden Fudō Ryū Jūtaijutsu se entiende mucho mejor cuando dejamos de preguntar solamente qué técnica se está haciendo y empezamos a observar qué está ocurriendo con la estructura de las dos personas.
Qué entendemos por Jūtaijutsu
El término Jūtaijutsu puede inducir a error si traducimos el carácter jū —柔— simplemente como “suave” y, a partir de ahí, imaginamos un sistema basado en movimientos blandos o pasivos. En el contexto del jūjutsu tradicional, esa idea resulta demasiado pobre, porque jū hace referencia a una capacidad de adaptación, de ceder donde no conviene oponer fuerza directamente y de reorganizar la situación de manera que podamos controlar al adversario sin entrar constantemente en una competición muscular.
Cuando lo explico durante el entrenamiento suelo utilizar un ejemplo muy sencillo. Si alguien nos empuja con fuerza y nuestra primera reacción consiste en empujar exactamente en dirección contraria, hemos creado un enfrentamiento de fuerzas en el que normalmente terminará imponiéndose quien tenga mejor estructura, más masa o mayor potencia física. Si, por el contrario, comprendemos hacia dónde está viajando esa fuerza, modificamos nuestro cuerpo y conseguimos que la persona continúe entrando en una dirección que ya no le resulta favorable, el problema ha cambiado completamente.
No significa que debamos dejarnos mover sin control, ni que todo tenga que ejecutarse de manera lenta o complaciente, sino que aprendemos a escoger mejor dónde empleamos nuestra fuerza.
Ahí comienza a aparecer el sentido del Jūtaijutsu.
La documentación técnica relacionada con la transmisión Takamatsu-den distingue diferentes expresiones bajo el nombre Shinden Fudō Ryū, entre ellas Jūtaijutsu y Dakentaijutsu, y describe el Jūtaijutsu fundamentalmente alrededor del control corporal, las luxaciones, los desequilibrios y las proyecciones. Conviene, sin embargo, ser prudentes con ciertas afirmaciones históricas repetidas durante décadas en publicaciones de artes marciales, porque una parte de las genealogías medievales asociadas a estas escuelas procede de la propia tradición transmitida y no siempre puede verificarse mediante documentación histórica independiente. Para nosotros, como practicantes, resulta mucho más útil diferenciar claramente entre la tradición recibida y aquello que podemos afirmar documentalmente.
No buscamos la luxación; buscamos la posición que la hace posible
Uno de los problemas más habituales cuando alguien empieza a trabajar jūjutsu consiste en obsesionarse con la articulación que quiere controlar. Si estamos practicando una acción sobre la muñeca, toda nuestra atención va a la muñeca; si queremos controlar el codo, agarramos el brazo con más fuerza; si la técnica termina en una proyección, empezamos a pensar únicamente en cómo levantar o lanzar a uke.
Shinden Fudō Ryū Jūtaijutsu nos obliga a cambiar esa manera de pensar.
Cuando una técnica funciona únicamente porque hemos conseguido retorcer con suficiente fuerza una muñeca, probablemente dependamos demasiado de esa articulación. Lo que realmente buscamos es que la acción sobre esa muñeca tenga consecuencias sobre el codo, el hombro, la columna, la base y finalmente sobre la capacidad del adversario para continuar organizando su cuerpo.
La articulación es un punto de entrada, no necesariamente el objetivo final.
Esto se nota especialmente cuando entrenamos con personas de diferentes tamaños. Una técnica que aparentemente funciona muy bien contra alguien más ligero puede convertirse en un problema cuando tenemos delante a una persona considerablemente más pesada. En ese momento aparece la tendencia a apretar más, tirar más fuerte o acelerar el movimiento, pero precisamente ahí es donde debemos detenernos y preguntarnos por qué necesitamos tanta fuerza.
Muchas veces descubrimos que estábamos intentando mover a uke antes de haber alterado su estructura.
Cuando el equilibrio ya está comprometido, la técnica necesita mucho menos esfuerzo.
Cuando el equilibrio todavía permanece intacto, nosotros mismos terminamos haciendo el trabajo que debería hacer la situación.
Kuzushi empieza antes de la proyección
En las artes de grappling se utiliza con frecuencia la palabra kuzushi, que normalmente traducimos como desequilibrio, aunque en la práctica su significado resulta bastante más rico que simplemente conseguir que alguien pierda estabilidad.
No necesitamos esperar a que uke esté visiblemente inclinado para decir que existe kuzushi.
Puede comenzar en el momento en que su postura ya no le permite aplicar fuerza cómodamente, cuando una de sus piernas queda cargada de tal manera que resulta difícil utilizarla, cuando una rotación del hombro obliga al resto del cuerpo a seguir una determinada dirección o cuando una reacción provocada por nosotros hace que tenga que reorganizarse antes de poder continuar atacando.
Los alumnos suelen reconocer el desequilibrio demasiado tarde porque esperan verlo de manera evidente.
Sin embargo, en Jūtaijutsu muchas veces nos interesa precisamente ese instante anterior.
Si esperamos hasta que uke ya ha recuperado la postura, tendremos que comenzar de nuevo.
Si reconocemos el momento en que su estructura está cambiando, podemos continuar desde ahí.
Por eso la sensibilidad se vuelve tan importante.
No estamos intentando ejecutar movimientos sobre un cuerpo estático, sino aprender a percibir cuándo ese cuerpo deja de estar organizado.
El agarre no debería convertirse en nuestra seguridad psicológica
Hay otra costumbre que aparece con mucha frecuencia: agarrar con demasiada fuerza.
Cuando tenemos contacto con el adversario, las manos proporcionan una sensación de seguridad, porque pensamos que cuanto más fuerte sujetemos, mayor será nuestro control. Lo paradójico es que una presión excesiva puede terminar reduciendo nuestra capacidad para sentir aquello que uke está haciendo.
Si aprieto una muñeca con toda mi fuerza, mis antebrazos se tensan, mis hombros empiezan a participar y mi propio cuerpo se vuelve menos adaptable. Además, estoy proporcionando al compañero una gran cantidad de información sobre la dirección en la que quiero trabajar.
No estoy diciendo que debamos agarrar débilmente.
Hay momentos en los que se necesita una sujeción muy firme.
Lo que debemos aprender es que la presión cambia según la situación.
A veces necesitamos sujetar; otras veces basta con mantener contacto; en determinadas transiciones incluso puede ser más importante permitir que uke se mueva y utilizar precisamente ese movimiento para reorganizar nuestro control.
Este tipo de trabajo es difícil de transmitir solamente con palabras porque se desarrolla mediante contacto repetido con compañeros diferentes. Una persona rígida proporciona unas sensaciones, una persona pesada otras y alguien con mucha experiencia en grappling nos obliga a descubrir inmediatamente dónde estamos utilizando un control demasiado evidente.
Por eso siempre insisto en que debemos cambiar de compañero.
Una kata que solamente funciona con la persona con la que la hemos aprendido todavía no está suficientemente comprendida.
Shizen no debería confundirse con estar relajado y despreocupado
Shinden Fudō Ryū está estrechamente asociada en la literatura de la Takamatsu-den con la idea de naturalidad y con el trabajo desde shizen, aunque debemos tener cuidado de no convertir esta palabra en una especie de explicación mística para cualquier movimiento que no sabemos describir.
Moverse naturalmente no significa hacer aquello que nos resulte espontáneo.
Nuestros hábitos naturales pueden ser bastante malos.
Cuando alguien nos agarra con fuerza, es natural tensarnos; cuando sentimos que perdemos equilibrio, es natural abrir demasiado las piernas; cuando alguien tira de nuestro brazo, es natural intentar recuperarlo inmediatamente.
El entrenamiento existe precisamente porque muchas de esas respuestas instintivas necesitan educación.
Shizen, en un contexto marcial, empieza a tener sentido cuando la postura deja de contener tensiones innecesarias y el cuerpo puede modificar su organización sin tener que realizar grandes preparaciones.
Una persona puede parecer completamente tranquila y estar muy bien estructurada.
También puede parecer relajada porque simplemente está floja.
No son lo mismo.
Cuando trabajamos Jūtaijutsu necesitamos una relajación que conserve conexión corporal, porque sin esa conexión tampoco podremos transmitir fuerza correctamente.
Kamae y Jūtaijutsu
A diferencia de la imagen que a veces se presenta de Shinden Fudō Ryū como una escuela que carece completamente de kamae formales, en su Jūtaijutsu encontramos una enseñanza específica de kamae, y las fuentes técnicas de la transmisión recogen distintos posicionamientos antes de las series de Shoden, Chūden y Okuden. Incluso dentro del currículo general de Kobukan, el trabajo de kamae incluye expresamente posiciones procedentes de Shinden Fudō Ryū.
Sin embargo, aprender un kamae no debería convertirse nuevamente en una cuestión de fotografía.
Un instructor puede corregir la posición de nuestros pies, la orientación de las rodillas, el centro y la colocación de las manos, pero después tenemos que entender por qué estamos organizados de esa manera.
El kamae tiene que sobrevivir al movimiento.
Si solamente somos capaces de mantener una buena estructura mientras estamos quietos, todavía no tenemos demasiado.
El verdadero problema comienza cuando uke nos agarra, tira, empuja, cambia de dirección o intenta recuperar su equilibrio.
En ese momento descubrimos si el kamae era una forma que habíamos copiado o si realmente habíamos construido una manera funcional de sostener el cuerpo.
No todas las proyecciones necesitan cargar al adversario
Otro hábito que conviene corregir bastante pronto consiste en asociar una proyección con la idea de levantar a uke.
Cuando el alumno siente que tiene que proyectar a una persona pesada, muchas veces baja la posición, contrae la espalda, intenta colocar las caderas debajo y empieza a preparar un esfuerzo considerable. Algunas técnicas requieren evidentemente una utilización concreta de la cadera o del cuerpo, pero si aplicamos esa misma lógica a todo el Jūtaijutsu terminaremos luchando constantemente contra el peso del compañero.
Muchas proyecciones funcionan mejor cuando no intentamos transportar ese peso.
Si conseguimos cambiar la posición de la cabeza respecto a la base, impedir que una pierna pueda reorganizarse y obligar al cuerpo a continuar una dirección que ya no tiene soporte, uke puede caer sin que nosotros hayamos tenido que levantarlo.
Esto resulta muy fácil de decir y bastante más difícil de hacer.
La razón es sencilla: tendemos a actuar demasiado pronto.
Sentimos un pequeño desequilibrio y queremos terminar inmediatamente la técnica.
Al hacerlo, muchas veces permitimos que uke recupere precisamente aquello que habíamos conseguido quitarle.
Con experiencia aprendemos a esperar una fracción más.
No estamos siendo lentos; estamos dejando que el desequilibrio termine de desarrollarse.
El adversario tiene que reaccionar
Una kata de Jūtaijutsu empieza a perder valor en cuanto uke se convierte en una figura pasiva que permite que le hagamos cosas.
Si el compañero ofrece el brazo, mantiene la misma postura mientras aplicamos una luxación y después cae porque sabe que ha llegado el momento de caer, nosotros podemos producir una demostración aparentemente muy limpia, pero estaremos aprendiendo muy poco sobre cómo funciona realmente la técnica.
Uke tiene una responsabilidad considerable dentro del entrenamiento tradicional.
Debe proporcionar un ataque suficientemente claro para que podamos estudiar la respuesta, y posteriormente debe reaccionar de una manera coherente con aquello que está sintiendo.
No significa resistirse a todo desde la primera repetición.
Eso también sería una mala forma de estudiar.
Cuando estamos aprendiendo una kata necesitamos cooperación suficiente para comprender su estructura, pero a medida que esa estructura se vuelve familiar debemos empezar a comprobarla.
¿Qué ocurre si uke mantiene mejor la postura?
¿Qué sucede si no gira exactamente como esperábamos?
¿Podemos conservar el principio de la técnica o solamente conocemos la secuencia?
Este enfoque coincide con la metodología que Kobukan declara para el estudio de las ryūha: primero se preservan y estudian las formas transmitidas, y después esa base se somete progresivamente a resistencia, imprevisibilidad y randori para comprobar si los principios han sido realmente interiorizados.
Kata no significa acuerdo permanente
Aquí conviene detenernos porque existe una confusión bastante extendida respecto al entrenamiento tradicional.
Cuando dos alumnos conocen una kata, ambos saben lo que ocurrirá.
Eso es inevitable y forma parte del método.
Pero saber lo que ocurrirá no significa ayudar artificialmente a que ocurra.
Si la técnica requiere que uke pierda equilibrio hacia una determinada dirección y uke se desplaza allí voluntariamente antes de que tori haya provocado nada, hemos eliminado precisamente aquello que deberíamos estar estudiando.
La forma exterior seguirá pareciendo correcta.
El aprendizaje interior habrá desaparecido.
Cuando enseño una kata nueva, naturalmente permitimos que el alumno conozca primero el recorrido, porque no tiene sentido exigir resistencia a alguien que todavía está intentando recordar qué mano debe utilizar. Una vez comprendido ese recorrido, empezamos poco a poco a recuperar la realidad de la relación.
El agarre se vuelve más estable.
La postura de uke deja de colaborar.
La velocidad puede aumentar ligeramente.
Entonces aparecen los problemas.
Y precisamente esos problemas son lo que necesitamos.
Atemi dentro del trabajo de control
Hablar de Jūtaijutsu como si estuviera completamente separado del atemi tampoco refleja bien la lógica de las artes estudiadas dentro de Kobukan.
En el currículo general de la organización, atemi y Jūtaijutsu se presentan como elementos relacionados: el golpe no tiene necesariamente como única finalidad producir daño, sino que puede utilizarse para alterar el equilibrio, provocar una reacción o crear una oportunidad para entrar en una luxación, una proyección o un control.
Este principio resulta muy importante.
Intentar aplicar directamente una luxación perfecta sobre una persona preparada para impedirla puede ser extremadamente difícil. Sin embargo, si primero provocamos una respuesta, cambiamos su postura o desviamos su atención, la misma entrada puede aparecer de manera mucho más natural.
No necesitamos convertir cada kata en una sucesión interminable de golpes.
Se trata de comprender que el cuerpo del adversario responde a estímulos.
Un atemi bien colocado puede hacer que el peso cambie de pierna, que los hombros retrocedan o que una mano abandone momentáneamente una posición protectora.
Lo que hacemos después depende de la situación.
En ese sentido, golpeo y grappling no deberían convertirse en dos disciplinas que se turnan.
Forman parte de la misma conversación.
La cabeza controla mucho más de lo que parece
Cuando alguien intenta controlar a una persona físicamente fuerte, suele concentrarse en los brazos porque allí existe contacto directo y porque son las extremidades con las que el adversario nos está agarrando.
Sin embargo, basta con observar lo que ocurre cuando modificamos correctamente la posición de la cabeza y de la columna para comprender que el brazo por sí solo cuenta una parte muy pequeña de la historia.
La cabeza tiene una relación inmediata con el equilibrio.
Si puedo obligar a uke a mantener la cabeza fuera de la base mientras simultáneamente controlo otra parte de su cuerpo, su capacidad para producir fuerza disminuye de manera notable.
Esto no necesita ser espectacular.
En muchas ocasiones la diferencia entre una técnica pesada y una técnica relativamente sencilla consiste únicamente en unos centímetros de colocación.
Por eso los alumnos avanzados parecen a veces hacer menos.
Realmente no están haciendo menos.
Están dejando de mover aquello que no necesitaba moverse.
Los pies de uke importan tanto como sus brazos
Cuando aplicamos una técnica de control, una buena pregunta es observar dónde están los pies del adversario.
Si no sabemos responder, probablemente estemos demasiado concentrados en nuestras manos.
Podemos controlar perfectamente una muñeca y, sin embargo, permitir que uke tenga ambos pies colocados de forma que pueda desarrollar fuerza, girar o desplazarse con comodidad.
En ese caso todavía conserva muchas opciones.
En cambio, un control aparentemente más pequeño puede ser mucho más eficaz si coincide con un momento en el que una pierna está descargada, cruzada, retrasada o mal orientada para recuperar estabilidad.
A medida que comprendemos esto, dejamos de intentar producir el desequilibrio únicamente desde arriba.
Empezamos a observar la persona completa.
Esa manera de mirar resulta fundamental en el Jūtaijutsu.
El suelo no empieza cuando ambos estamos tumbados
En sistemas modernos de grappling estamos acostumbrados a distinguir con bastante claridad el trabajo de pie del trabajo de suelo.
En un contexto tradicional la relación puede ser menos rígida.
Una proyección no termina simplemente cuando uke toca el suelo, porque dependiendo de la situación todavía puede agarrarnos, golpearnos, sacar un arma, recuperar la posición o arrastrarnos con él.
Por eso la manera de acompañar una caída, mantener la postura y conservar control después de una proyección merece tanto estudio como el propio lanzamiento.
Esto no significa convertir todas las kata de Shinden Fudō Ryū en ne-waza moderno, porque estaríamos añadiendo a la ryūha algo diferente de aquello que estamos intentando preservar.
Significa recordar que una técnica no termina automáticamente porque hayamos conseguido derribar a alguien.
En Kobukan distinguimos precisamente entre estudiar la forma tal como ha sido transmitida y examinar posteriormente su aplicación bajo situaciones más abiertas. Esa separación nos permite conservar la kata sin convertirla en algo arbitrario y, al mismo tiempo, preguntarnos qué ocurre después cuando trabajamos con una perspectiva práctica.
Shoden, Chūden y Okuden no son simplemente tres listas
La documentación del Shinden Fudō Ryū Jūtaijutsu transmitido dentro de la Takamatsu-den organiza las kata en niveles que incluyen Shoden, Chūden y Okuden, precedidos por el estudio de kamae.
Conviene no interpretar estos términos como si Shoden fuera material sencillo, Chūden material intermedio y Okuden una colección de técnicas secretas o espectacularmente complejas.
En una ryūha, la progresión tiene otra lógica.
Shoden proporciona el lenguaje con el que aprenderemos a leer lo que viene después.
Cuando la base es deficiente, el alumno puede avanzar externamente a series posteriores, pero continuará arrastrando los mismos problemas de postura, distancia, agarre y equilibrio.
Es algo que vemos constantemente.
Un practicante está deseando aprender una técnica nueva mientras todavía necesita utilizar una fuerza enorme para ejecutar la anterior.
En ese caso no necesita otra técnica.
Necesita volver atrás.
Eso no es retroceder.
Es estudiar.
Lo sencillo suele ser mucho más difícil
Shinden Fudō Ryū Jūtaijutsu tiene algo que me resulta particularmente interesante como instructor: muchas de sus acciones pueden parecer sorprendentemente simples cuando se observan desde fuera.
No siempre encontramos grandes movimientos, posiciones visualmente llamativas o proyecciones que necesiten una preparación evidente.
Y precisamente por eso resulta difícil.
Cuando una técnica contiene pocos movimientos, tenemos menos lugares donde esconder nuestros errores.
Si una acción depende de una ligera modificación del ángulo y ese ángulo está mal, no podemos solucionarlo añadiendo cuatro movimientos más sin empezar a cambiar la técnica.
Tenemos que corregir el ángulo.
Esta es una lección muy importante para cualquier alumno acostumbrado a pensar que avanzar significa hacer cosas cada vez más complejas.
En muchas artes tradicionales ocurre exactamente lo contrario.
Cuanto mayor es el nivel, más empieza a sobrar.
No debemos imitar la forma externa del instructor
Existe una situación que todos los instructores conocemos.
Mostramos una técnica y los alumnos intentan reproducir exactamente la posición final que han visto, de manera que colocan el pie donde estaba nuestro pie, la mano donde estaba nuestra mano y el cuerpo aproximadamente en el mismo ángulo.
Sin embargo, su compañero mide quince centímetros más.
Naturalmente, aquello ya no puede ser idéntico.
El kata proporciona una estructura, pero la estructura tiene que adaptarse a cuerpos reales.
Una persona alta, una persona baja, alguien con hombros muy anchos o alguien que nos supera considerablemente en peso van a modificar las relaciones espaciales.
Si pretendemos producir siempre la misma fotografía, terminaremos deformando nuestra propia postura para conseguirla.
Por eso prefiero que el alumno entienda la relación.
¿Dónde necesita estar respecto al equilibrio de uke?
¿Qué línea está intentando controlar?
¿Qué articulación debe quedar comprometida?
¿Qué dirección necesitamos impedir?
Cuando esas preguntas empiezan a tener respuesta, la forma se vuelve mucho más estable aunque exteriormente aparezcan pequeñas diferencias.
La fuerza no es el enemigo
Existe también una mala interpretación frecuente de las artes de jūjutsu según la cual una técnica correcta debería necesitar literalmente ninguna fuerza.
No es así.
Estamos utilizando nuestro cuerpo para controlar otro cuerpo, y por tanto existe fuerza.
La cuestión consiste en saber dónde aparece, cómo se transmite y cuánto necesitamos.
La fuerza muscular es una herramienta.
El problema surge cuando se convierte en la única herramienta.
Si una técnica funciona porque puedo doblar físicamente el brazo de mi compañero aunque su estructura continúe intacta, alguien más fuerte puede convertir inmediatamente mi técnica en una discusión muscular.
Si utilizo estructura, palancas, desequilibrio, dirección y timing, mi fuerza tiene muchas más posibilidades de producir un resultado.
Eso es muy distinto de imaginar que podemos vencer cualquier diferencia física mediante algún principio casi mágico.
El tamaño importa.
La fuerza importa.
La edad importa.
La experiencia importa.
Precisamente por eso entrenamos para utilizar mejor aquello que tenemos.
Entrenar con resistencia sin destruir la ryūha
Uno de los retos de enseñar una tradición clásica en la actualidad consiste en mantener el contenido de la ryūha y, al mismo tiempo, evitar que el entrenamiento se convierta en una representación completamente cooperativa.
En Kobukan este asunto se aborda de manera bastante clara: las kata se estudian respetando su transmisión y su estructura, mientras que la aplicación práctica se desarrolla posteriormente mediante ejercicios con presión, resistencia y randori.
Personalmente considero esta distinción muy importante.
Si introducimos resistencia demasiado pronto, el alumno no aprende la kata porque empieza inmediatamente a utilizar aquello que ya sabe hacer.
Si nunca introducimos resistencia, tampoco descubrimos qué partes de la kata habíamos comprendido realmente.
El proceso necesita ambas fases.
Primero recibimos.
Después repetimos.
Más adelante comprobamos.
Y cuando algo falla, volvemos a estudiar.
No deberíamos sentirnos decepcionados cuando una técnica deja de funcionar bajo presión.
En realidad acabamos de recibir información extremadamente útil.
Lo que Shinden Fudō Ryū Jūtaijutsu termina cambiando en nuestro taijutsu
Después de trabajar esta ryūha durante suficiente tiempo, empiezan a aparecer cambios que no pertenecen exclusivamente a sus kata.
El practicante empieza a agarrar menos y sentir más.
Deja de perseguir constantemente las articulaciones y observa mejor el equilibrio.
Aprende que mover un pie diez centímetros puede resultar más importante que tirar con ambos brazos.
Empieza a esperar el momento en que uke necesita reorganizarse.
Comprende que el atemi puede crear una oportunidad en lugar de ser simplemente un golpe separado.
Y quizá lo más importante, comienza a reconocer cuándo está utilizando fuerza porque la situación la necesita y cuándo la utiliza solamente porque su técnica todavía no está bien colocada.
Ese tipo de aprendizaje empieza a trasladarse al resto del entrenamiento.
Entonces la ryūha deja de ser una carpeta dentro de nuestro currículo.
Empieza a modificar nuestra manera de hacer taijutsu.
Shinden Fudō Ryū dentro de Kobukan Kobudō Renmei
Kobukan Kobudō Renmei incluye actualmente Shinden Fudō Ryū tanto en su vertiente de Dakentaijutsu como de Jūtaijutsu dentro del conjunto de tradiciones que preserva, y la organización sitúa el estudio profundo de las ryūha dentro de una progresión en la que primero se construyen fundamentos comunes y posteriormente el yūdansha entra con mayor profundidad en las kata, los principios y las estrategias propias de cada escuela.
Esta forma de progresar tiene mucho sentido cuando llegamos a Shinden Fudō Ryū Jūtaijutsu, porque para aprovechar realmente sus enseñanzas ya deberíamos disponer de cierto conocimiento sobre ukemi, kamae, taihenjutsu, atemi, controles articulares, proyecciones y gestión de la distancia.
Entonces podemos prestar atención a cuestiones más profundas.
No preguntamos solamente cómo se hace la técnica.
Empezamos a preguntar por qué uke pierde la postura allí, por qué aquella mano necesita estar precisamente en ese lugar, por qué un pequeño paso resulta suficiente y por qué la misma técnica que ayer necesitaba mucho esfuerzo hoy aparece casi sola cuando hemos corregido nuestra posición.
Para mí, ahí reside uno de los grandes valores de estudiar Shinden Fudō Ryū Jūtaijutsu.
No nos enseña a buscar constantemente más técnicas, sino a exigir más de aquellas que ya estamos practicando.
Después de años de entrenamiento uno descubre que buena parte del progreso no consiste en aprender a hacer cada vez más cosas, sino en dejar de hacer muchas que nunca fueron necesarias. El agarre excesivo desaparece, los hombros se relajan, los pasos empiezan a tener una razón concreta y el cuerpo deja de luchar permanentemente contra el del compañero para comenzar a utilizar mejor la situación que se está produciendo delante de nosotros.
Desde fuera quizá parezca que estamos haciendo menos.
Desde dentro ocurre exactamente lo contrario, porque empezamos finalmente a comprender cuánto había contenido en una técnica que al principio creíamos haber aprendido después de unas pocas repeticiones.
Ese es el trabajo que buscamos dentro del dōjō, y es también una de las razones por las que Shinden Fudō Ryū Jūtaijutsu sigue teniendo un lugar tan importante dentro del estudio de las ryūha de Kobukan Kobudō Renmei.






