Había ocurrido cuando uno de los dos cambió ligeramente el ángulo. Cuando una pierna dejó de estar donde el adversario esperaba encontrarla. Cuando una postura aparentemente abierta obligó al otro a comprometerse con su ataque. Cuando el cuerpo salió de la línea sin huir de la situación. O cuando alguien dejó de intentar vencer la fuerza del compañero y empezó a utilizar la posición en la que éste se había colocado por sí mismo.

Ahí empieza a entenderse mejor Gyokko Ryū.

Dentro de Kobukan Kobudō Renmei, Gyokko Ryū Kosshijutsu ocupa una posición importante dentro del estudio de las ryūha transmitidas en la organización. El currículo conservado por Kobukan no se reduce a una colección de técnicas. Antes de entrar en los niveles principales se trabaja un cuerpo de fundamentos y, posteriormente, el estudio se desarrolla a través de Jōryaku no Maki, Chūryaku no Maki y Geryaku no Maki.

Pero enumerar esos niveles no explica todavía qué se aprende realmente.

Para comprenderlo hay que entrenar.

Una escuela que obliga a prestar atención al cuerpo

Hay alumnos que llegan al dōjō acostumbrados a pensar una técnica como una sucesión de acciones realizadas con las manos.

Me agarra.

Le cojo.

Bloqueo.

Giro.

Golpeo.

Proyecto.

Es una forma muy natural de entender aquello que estamos haciendo, porque las manos son lo que vemos con mayor facilidad. Sin embargo, si nos quedamos ahí, buena parte del trabajo de Gyokko Ryū se pierde.

Una de las primeras cosas que conviene observar es qué ocurre debajo.

Dónde están nuestros pies.

En qué dirección están orientadas las caderas.

Dónde está realmente nuestro peso.

Qué distancia mantenemos.

Y, sobre todo, qué relación existe entre nuestra estructura y la del compañero.

Cuando estas cuestiones empiezan a funcionar correctamente, muchas técnicas necesitan bastante menos fuerza.

Eso no significa que se vuelvan mágicas ni que podamos controlar a cualquier persona sin esfuerzo. Hay que tener cuidado con ese tipo de explicaciones. Una persona fuerte continúa siendo fuerte. Una diferencia importante de peso sigue existiendo. La velocidad, la sorpresa y la resistencia del adversario son factores reales.

Lo que buscamos es no añadir además nuestros propios errores al problema.

Si alguien pesa veinte kilos más que nosotros y, encima, intentamos enfrentarnos directamente a su fuerza desde una posición mala, estamos facilitándole el trabajo.

Gyokko Ryū enseña precisamente a prestar atención a esas relaciones.

Kosshijutsu no significa simplemente golpear puntos vitales

El término kosshijutsu aparece constantemente cuando hablamos de Gyokko Ryū y, con frecuencia, se explica de forma demasiado sencilla.

A veces se presenta la escuela casi como un catálogo de puntos vulnerables del cuerpo humano. Se señala una zona, se explica que allí existe un nervio o un músculo y se da la impresión de que toda la eficacia de la técnica depende de acertar exactamente en ese punto.

Esa interpretación es insuficiente.

La propia documentación de Kobukan describe el trabajo de Gyokko Ryū en relación con golpes precisos sobre músculos, nervios y tejidos blandos, pero al mismo tiempo insiste en taisabaki, postura, distancia, ángulo, relajación y estructura corporal. Es decir, la acción sobre una zona vulnerable forma parte de un conjunto mucho mayor.

Esto es importante en la práctica.

Si necesito que mi compañero permanezca completamente quieto para poder encontrar un pequeño punto con un dedo, probablemente no tengo todavía una solución muy fiable.

En cambio, si primero he conseguido modificar su postura, desplazar su peso, provocar una reacción o cerrar su capacidad de moverse con comodidad, entonces el golpe preciso adquiere otro sentido.

No trabajamos sobre un cuerpo inmóvil.

Trabajamos sobre una persona que se mueve.

Y esa diferencia cambia todo.

Antes de las kata están los fundamentos

La estructura oficial de Gyokko Ryū dentro de Kobukan no comienza directamente con Koku, Renyo o Danshu.

Antes aparecen los kihon.

Kobukan incluye trabajo de Taihenjutsu, diferentes Kamae Gata y una serie de Torite Kihon Gata antes de los niveles Jōryaku, Chūryaku y Geryaku. Entre los kamae aparecen Hira no Kamae, Ichimonji no Kamae, Hichō no Kamae y Jūmonji no Kamae en diferentes configuraciones.

Esto tiene mucho sentido.

Si un alumno no puede mantener su estructura durante un movimiento sencillo, añadir una kata más complicada no resuelve el problema. Simplemente lo hace más difícil de ver.

Por eso conviene dedicar tiempo a aquello que a primera vista parece básico.

Ichimonji no Kamae, por ejemplo, no debería convertirse en una postura rígida que intentamos reproducir exactamente como si posáramos para una fotografía.

Hay que preguntarse qué estamos haciendo desde allí.

¿Por qué el cuerpo está colocado de esa manera?

¿Qué línea estamos ofreciendo?

¿Qué distancia tenemos?

¿Qué puede alcanzar el adversario?

¿Dónde podemos movernos sin necesidad de reorganizar todo el cuerpo primero?

Cuando empezamos a plantearnos estas preguntas, un kamae deja de ser una figura estática.

Se convierte en una posición desde la que podemos actuar.

Salir de la línea no significa escapar

Uno de los aspectos que más claramente se reconoce en Gyokko Ryū es la utilización del taisabaki y de los ángulos.

Pero también aquí existe una diferencia importante entre entender la idea y saber utilizarla.

Decir “sal de la línea de ataque” es fácil.

Hacerlo correctamente cuando alguien entra con decisión es otra cosa.

Un alumno principiante suele cometer uno de dos errores.

El primero es moverse demasiado poco. Cree haber abandonado la línea, pero una parte importante de su cuerpo continúa exactamente delante del ataque.

El segundo consiste en hacer lo contrario: apartarse tanto que pierde completamente la relación con el adversario.

En el primer caso seguimos en peligro.

En el segundo posiblemente hemos evitado el ataque, pero hemos regalado la iniciativa.

El trabajo interesante aparece entre ambos extremos.

Queremos que el ataque deje de encontrar aquello que buscaba y, al mismo tiempo, queremos conservar una posición desde la que podamos continuar.

Eso exige controlar distancia y ángulo.

Y exige también confianza.

Porque cuando todavía no confiamos en nuestro movimiento, la tendencia natural es alejarnos más de lo necesario.

No bloquear aquello que podemos evitar

Otra tendencia muy común cuando alguien empieza es intentar detener cada ataque.

Viene un golpe y colocamos algo delante.

Brazo contra brazo.

Fuerza contra fuerza.

Esto puede ser necesario en determinados momentos, pero no debería convertirse automáticamente en nuestra primera solución.

En Gyokko Ryū encontramos con frecuencia una lógica diferente.

El ataque puede pasar.

Nosotros cambiamos nuestra posición respecto a él.

Esto no debe interpretarse como una evasión pasiva.

Mientras el adversario se compromete con su acción, nosotros estamos buscando una posición desde la que su estructura sea peor y la nuestra mejor.

Cuando esto se hace correctamente, el compañero tiene la sensación de que siempre llega un poco tarde.

No porque nos movamos necesariamente más rápido.

Sino porque se ve obligado constantemente a corregir.

Un pie.

Después la cadera.

Después la dirección del ataque.

Después la postura.

Y cada corrección consume tiempo.

Éste es uno de esos aspectos que cuesta mucho explicar por escrito y que se entiende enseguida cuando se siente con un compañero.

Koku: una primera lección que contiene mucho más de lo que parece

El Jōryaku no Maki de Gyokko Ryū comienza con Koku (虚空).

Dentro de la explicación transmitida por Kobukan, la idea de koku, el espacio vacío, se relaciona directamente con crear un lugar en el que el ataque deja de encontrar el objetivo que esperaba. El practicante sale de su trayectoria y utiliza el espacio que aparece como parte de la respuesta.

Cuando se aprende Koku por primera vez, hay muchas cosas que atender.

La posición inicial.

El ataque.

El desplazamiento.

La distancia.

El golpe.

La respuesta posterior.

Normalmente el alumno está tan ocupado intentando recordar todo esto que todavía no puede prestar atención al conjunto.

Eso es normal.

Después de un tiempo deja de pensar tanto en cada paso y empieza a notar otra cosa: si ha salido demasiado pronto, si el adversario todavía puede corregir, si ha abandonado demasiado espacio o si está realizando movimientos que no necesita.

Aquí empieza otra fase del aprendizaje.

La kata ya no es simplemente una secuencia.

Se convierte en una pregunta.

¿Dónde tengo que estar para que la acción del compañero deje de funcionar como él esperaba?

No debemos confundir relajación con falta de estructura

Kobukan describe la ejecución de Gyokko Ryū como relajada pero explosiva, apoyada sobre una estructura corporal sólida.

La palabra “relajado” puede crear cierta confusión.

Hay alumnos que, cuando se les pide que se relajen, pierden completamente la postura.

Los hombros caen.

La espalda pierde organización.

Las manos dejan de tener intención.

El cuerpo se vuelve blando.

Eso no es lo que buscamos.

Relajación significa eliminar tensión innecesaria.

Si para levantar un brazo estoy tensando también el cuello, la mandíbula y la otra mano, estoy utilizando más esfuerzo del necesario.

Si puedo realizar el mismo movimiento manteniendo únicamente la tensión que realmente necesito, seré normalmente más rápido y tendré más capacidad para cambiar.

La estructura sigue existiendo.

Simplemente dejamos de pelear contra nosotros mismos.

En Gyokko Ryū esta diferencia es especialmente importante porque muchos movimientos necesitan cambiar de dirección con rapidez.

Un cuerpo completamente rígido puede generar fuerza, pero tiene dificultades para adaptarse.

Uno completamente flácido puede adaptarse, pero no transmite bien la fuerza.

Tenemos que encontrar el punto intermedio.

Los kamae tienen que estar vivos

Hira no Kamae, Ichimonji no Kamae, Hichō no Kamae o Jūmonji no Kamae aparecen dentro del trabajo fundamental de Gyokko Ryū transmitido por Kobukan.

Pero no debemos convertirlos en esculturas.

Un kamae tiene sentido porque existe alguien delante.

La forma cambia de significado en relación con él.

Un pequeño cambio de distancia puede hacer que una posición que antes era adecuada deje de serlo.

Lo mismo sucede con el ángulo.

Por eso no basta con aprender dónde colocar las manos y los pies.

Hay que entender qué posibilidades aparecen desde esa posición.

Un buen ejercicio consiste simplemente en colocarse frente a un compañero y observar.

Sin hacer todavía una técnica.

¿Qué puede alcanzar?

¿Qué tendría que mover primero para atacarnos?

¿Qué ocurre si avanzamos diez centímetros?

¿Y si cambiamos ligeramente el ángulo?

A veces aprendemos mucho de una kata antes incluso de empezar a ejecutarla.

Jōryaku no Maki: donde empiezan a aparecer las preguntas importantes

El currículo publicado actualmente por Kobukan incluye doce formas dentro de Jōryaku no Maki: Koku, Renyo, Danshu, Danshi, Gyaku Nagare, Keo, Hanebi, Keto, Yubi Kudaki, Ketsumyaku, Sakketsu y Teiken.

Sería un error estudiar esas doce técnicas con la única intención de llegar cuanto antes a la número doce.

Cada una propone problemas diferentes.

En Danshu, por ejemplo, Kobukan relaciona la acción con un movimiento rápido y preciso de la mano, con una cualidad de rebote en el shuto.

En Renyo, la propia interpretación del nombre transmitida por Kobukan evoca el movimiento de una litera o carruaje y se relaciona con una acción de proyección y rotación.

Y en Teiken, que cierra el Jōryaku publicado por Kobukan, la imagen del “puño de pezuña” ayuda a comprender el carácter contundente de la acción.

Pero las imágenes y los nombres no sustituyen la técnica.

Nos ayudan a recordar una cualidad.

Nada más.

El error sería convertir una traducción poética en una explicación completa del kata.

Chūryaku no Maki: cuando aparece el arma

Después de Jōryaku, el currículo de Kobukan continúa con Chūryaku no Maki, compuesto actualmente por Ujaku, Seito, Dashin, Koraku, Hosen, Hane Tsurube, Shien y Horaku.

Una diferencia muy significativa es que este nivel incorpora situaciones frente a kodachi, la espada corta.

Aquí cambia inmediatamente la manera de trabajar.

Cuando el adversario tiene una hoja delante, incluso aunque en el dōjō utilicemos naturalmente armas de entrenamiento, nuestra interpretación de la distancia debe cambiar.

No podemos tratar el brazo que sostiene un kodachi como si fuera simplemente otro agarre.

El arma prolonga la capacidad ofensiva del adversario.

La línea importa más.

El ángulo importa más.

Y nuestros errores resultan más evidentes.

Éste es uno de los grandes valores del trabajo tradicional con armas y contra armas.

Nos obliga a dejar de confiar únicamente en nuestra capacidad para absorber o corregir un fallo.

Con una hoja, la idea de “recibir el golpe y continuar” pierde bastante atractivo.

Geryaku no Maki y el cambio de escala

El nivel siguiente es Geryaku no Maki, donde Kobukan sitúa situaciones frente a daitō, una espada larga. En su currículo actual aparecen Shunu, Shunsoku, Ichigeki, Kaisoku, Koryaku, Iaifu, Chingan y Fū.

La longitud del arma obliga nuevamente a revisar todo aquello que creíamos haber entendido acerca de la distancia.

Esto es algo que me parece especialmente importante en las ryūha tradicionales.

Los principios no se enseñan únicamente explicándolos.

Se cambia el problema para obligarnos a descubrir si realmente los comprendimos.

Un alumno puede pensar que domina el taisabaki mientras trabaja frente a un puño.

Colocamos una espada delante y aparecen enseguida errores que antes estaban escondidos.

Eso no significa que el entrenamiento anterior fuera inútil.

Significa que ahora estamos sometiendo esos principios a otra prueba.

El adversario tiene que atacar de verdad dentro del contexto del kata

Una kata tradicional se degrada muy rápidamente cuando uke deja de tener intención.

Esto no significa que tengamos que golpear al compañero con toda nuestra fuerza o convertir cada clase en una competición.

Significa que el ataque tiene que tener sentido.

Si uke extiende el brazo y lo deja flotando para que tori pueda realizar tranquilamente la técnica, estamos creando una situación que solamente existe porque ambos hemos decidido fingir.

No aprendemos mucho de eso.

El ataque debe tener una trayectoria correcta.

Una distancia correcta.

Una intención reconocible.

Tori necesita entonces utilizar aquello que está entrenando para resolver el problema.

Dentro de Kobukan existe precisamente interés en que el estudio tradicional del kata no termine aislado de su aplicación. James Wright Kancho ha explicado públicamente que Kobukan conserva el kata tradicional, pero trabaja también sus aplicaciones tácticas y recomienda incorporar progresivamente trabajo frente a compañeros que ofrecen resistencia.

La palabra importante aquí es “progresivamente”.

No se enseña una kata por primera vez y cinco minutos después se espera que funcione libremente contra cualquier resistencia.

Hay que construir primero la herramienta.

Después podemos comprobar qué ocurre cuando las condiciones dejan de ser ideales.

Kata y aplicación no son enemigos

Existe cierta tendencia moderna a plantear una elección artificial.

O practicas kata.

O practicas de forma realista.

No veo por qué debería ser así.

El kata tiene una función.

Nos transmite una estructura concreta y nos obliga a estudiar soluciones que probablemente no descubriríamos por casualidad.

El entrenamiento más libre tiene otra.

Nos muestra qué ocurre cuando el adversario no se comporta exactamente como esperábamos.

Necesitamos comprender qué estamos haciendo antes de deformarlo.

Pero también necesitamos comprobar si aquello que creemos entender continúa funcionando cuando aparecen pequeñas variaciones.

El problema no es practicar kata.

El problema aparece cuando creemos que memorizarla es el final del aprendizaje.

Banpen Fugyō: no sorprenderse ante el cambio

Kobukan relaciona Gyokko Ryū con el principio Banpen Fugyō (万変不驚), que la organización traduce como la capacidad de permanecer sin sorpresa ante “diez mil cambios”.

No necesitamos convertir esta expresión en algo místico.

Su aplicación en el dōjō es bastante práctica.

El compañero cambia ligeramente la distancia.

No nos bloqueamos.

El agarre llega de otra manera.

No nos bloqueamos.

Nuestra primera acción no funciona exactamente como esperábamos.

No nos bloqueamos.

El suelo es diferente.

La posición inicial cambia.

La persona que tenemos delante es más alta, más baja, más fuerte o más rápida.

Seguimos trabajando.

Esto no se consigue repitiendo mentalmente una frase.

Se consigue entrenando.

Primero adquirimos una estructura conocida.

Después introducimos variaciones.

Poco a poco aprendemos a reconocer el principio que permanece cuando la forma exterior cambia.

Ahí empieza a tener sentido Banpen Fugyō.

Una ryūha no puede entenderse solamente leyendo sus nombres

La documentación de Gyokko Ryū plantea además un problema interesante: los kanji empleados en los densho y makimono pueden admitir lecturas e interpretaciones que dependen del contexto.

La propia Kobukan advierte que la interpretación puramente escrita puede resultar insuficiente y que incluso para un lector japonés el contexto y la transmisión oral son importantes para comprender determinadas expresiones.

Esto merece atención.

Actualmente tenemos acceso a diccionarios, traductores automáticos y enormes cantidades de información en Internet.

Todo eso es útil.

Pero buscar dos kanji y unir sus traducciones no significa necesariamente que hayamos comprendido el nombre de una kata.

Mucho menos su aplicación.

El densho necesita contexto.

La técnica necesita transmisión.

Y la transmisión necesita práctica.

Las tres cosas se complementan.

¿Qué sabemos realmente de la antigüedad de Gyokko Ryū?

Aquí conviene hacer una distinción que considero necesaria cuando hablamos seriamente de historia marcial.

La tradición transmitida por Kobukan atribuye la fundación de Gyokko Ryū a Tozawa Hakuunsai Hōgen y sitúa esa figura en el siglo XII. Esa es la genealogía tradicional que Kobukan presenta en su documentación oficial.

Sin embargo, una atribución tradicional de este tipo no debe confundirse automáticamente con una cronología medieval demostrada mediante documentación independiente contemporánea.

Esto sucede con bastantes linajes marciales japoneses.

Una tradición puede conservar una genealogía, nombres, relatos de origen y documentos transmitidos internamente, mientras que el historiador moderno tiene que preguntarse qué partes pueden verificarse mediante fuentes externas y qué partes pertenecen a la propia memoria de la escuela.

Reconocer esta diferencia no resta ningún valor al entrenamiento.

Al contrario.

Nos permite hablar de una ryūha sin necesidad de exagerarla.

Cuando enseñamos Gyokko Ryū en Kobukan, su valor no depende de que consigamos demostrar cada generación del siglo XII con criterios historiográficos actuales.

Su valor está también en el cuerpo técnico que se conserva, en la metodología que se practica y en aquello que podemos comprobar directamente durante el keiko.

Gyokko Ryū no se aprende deprisa

Otra idea que merece dejar clara es que una ryūha como ésta no se aprende haciendo un curso de unas semanas.

Podemos aprender una secuencia.

Podemos memorizar nombres.

Podemos incluso reproducir exteriormente varias kata.

Pero eso es distinto de adquirir la forma de moverse que hay detrás.

El cuerpo necesita tiempo.

Un alumno puede comprender intelectualmente que no debe tensar los hombros y, cinco minutos después, volver a hacerlo en cuanto el ataque llega más rápido.

Puede entender perfectamente qué significa mantener la distancia y perderla en el momento en que aparece presión.

Puede saber que no debe enfrentarse directamente a la fuerza y hacerlo automáticamente cuando alguien lo agarra con decisión.

No hay contradicción.

La mente ha entendido.

El cuerpo todavía no lo ha convertido en hábito.

Eso sólo se consigue entrenando.

Aprender Gyokko Ryū dentro de Kobukan

Kobukan mantiene actualmente formación específica de Gyokko Ryū Kosshijutsu Jōryaku no Maki dentro de Kobukan University, impartida por James Wright Kancho. El curso oficial publicado por la organización contiene siete lecciones dedicadas al estudio de este nivel.

Gyokko Ryū Kosshijutsu en Kobukan Kobudō Renmei

Curso Gyokko Ryū Jōryaku no Maki en Kobukan University

Este material puede ser una ayuda importante para miembros e instructores porque mantiene una referencia común y permite revisar directamente la enseñanza de Kancho.

Pero ocurre exactamente lo mismo que con un libro técnico.

El vídeo ayuda.

No sustituye al compañero.

Podemos detener una grabación veinte veces y observar la posición de un pie, pero la pantalla no nos dice si nuestra distancia es correcta.

Podemos ver el ángulo de una técnica, pero necesitamos a otra persona delante para descubrir si estamos utilizando ese ángulo o simplemente imitándolo.

La formación multimedia funciona mejor cuando acompaña al keiko.

La diferencia entre hacer la técnica y comprender la técnica

Hay un momento muy característico durante el aprendizaje.

El alumno termina una kata y pregunta:

“¿Está bien?”

La respuesta muchas veces es:

“Sí, pero ahora vuelve a hacerla.”

No porque estuviera necesariamente mal.

Sino porque hacer una técnica correctamente una vez no significa que la hayamos adquirido.

Tenemos que poder repetirla.

Con personas diferentes.

Con pequeñas variaciones de distancia.

Cuando estamos cansados.

Cuando el ataque no entra exactamente igual.

Cuando el compañero pesa más.

Ahí descubrimos qué partes del movimiento realmente entendemos.

Esta es una de las razones por las que Gyokko Ryū puede acompañar a un practicante durante muchos años sin agotarse.

Las kata permanecen.

Nosotros cambiamos.

Y al cambiar nosotros, cambia también aquello que somos capaces de ver dentro de ellas.

Lo que Gyokko Ryū termina enseñando

Si alguien me preguntara qué considero más importante de Gyokko Ryū dentro de Kobukan Kobudō Renmei, no empezaría hablando de puntos vitales, técnicas secretas ni antigüedad.

Hablaría de aprender a colocarse.

De aprender a mirar.

De entender cuándo estamos utilizando demasiada fuerza.

De reconocer que unos centímetros pueden cambiar completamente una situación.

De aprender que evitar un ataque no significa necesariamente alejarse.

De descubrir que muchas veces el adversario se desequilibra antes de que nosotros intentemos proyectarlo, simplemente porque hemos conseguido que tenga que reajustar continuamente su estructura.

Y hablaría también de paciencia.

Porque Gyokko Ryū no se entrega de una sola vez.

Al principio vemos técnicas.

Después empezamos a ver posiciones.

Más tarde vemos líneas y ángulos.

Con el tiempo empezamos a percibir intenciones, oportunidades y errores antes de que se hayan desarrollado completamente.

Eso no aparece porque alguien nos explique un concepto especialmente profundo.

Aparece después de miles de repeticiones.

Después de equivocarnos.

Después de que un instructor nos corrija la misma cosa más veces de las que nos gustaría admitir.

Después de trabajar una kata que creíamos conocer y descubrir que llevábamos meses resolviendo una parte con fuerza porque todavía no habíamos entendido la posición.

Ahí está el verdadero valor del estudio.

Dentro de Kobukan Kobudō Renmei, Gyokko Ryū Kosshijutsu se conserva mediante un currículo reconocible, desde sus kihon hasta Jōryaku, Chūryaku y Geryaku, pero ese currículo solamente tiene sentido cuando deja de ser una lista y empieza a transformar nuestra manera de movernos.

Podemos memorizar todas las kata.

Podemos conocer sus nombres japoneses.

Podemos explicar qué significa cada kanji.

Nada de eso sustituye el momento en el que tenemos a un compañero delante, éste ataca y nuestro cuerpo tiene que demostrar qué ha aprendido.

Ahí es donde Gyokko Ryū deja de ser información.

Y empieza a convertirse en budō.