Esto puede resultar más difícil de lo que parece, especialmente para alguien que ya lleva años practicando artes marciales, porque todos adquirimos hábitos y tendemos a buscar referencias conocidas. Cuando se nos presenta una técnica nueva queremos reconocer una guardia, identificar una defensa, localizar el momento exacto de la proyección o decidir dónde comienza el golpe, mientras que en Shinden Fudō Ryū muchas veces necesitamos dejar de separar tanto esas cosas y observar cómo una acción surge de una posición corporal que, desde fuera, puede parecer completamente ordinaria.

Dentro de Kobukan Kobudō Renmei, Shinden Fudō Ryū Dakentaijutsu —神伝不動流打拳体術— forma parte de las ryūha principales que estudiamos dentro de la transmisión Takamatsu-den, junto con sistemas como Gyokko Ryū Kosshijutsu, Kotō Ryū Koppōjutsu, Kukishinden Happō Bikenjutsu, Shinden Fudō Ryū Jūtaijutsu, Takagi Yōshin Ryū Jūtaijutsu y Togakure Ryū Ninpō. En el programa avanzado de Kobukan encontramos además un curso específico dedicado a Shinden Fudō Ryū Daken Taijutsu Ten no Kata, impartido por James Wright Kancho y estructurado alrededor de ocho kata: Nichi Geki, Gekkan, Fubi, Uryo, Unjaku, Setsuyo, Musan y Karai.

Sin embargo, como ocurre siempre que hablamos de una ryūha tradicional, conocer la lista de kata no significa haber comprendido la escuela, porque el mokuroku nos dice qué debemos estudiar, pero solamente el keiko constante empieza a mostrarnos cómo debemos hacerlo.

Qué significa realmente Dakentaijutsu

La palabra dakentaijutsu puede llevar a una interpretación demasiado simple si la traducimos únicamente como “arte corporal de golpes”, ya que efectivamente existe una presencia importante de atemi, golpes realizados con distintas partes del cuerpo, patadas, entradas contundentes y acciones destinadas a alterar inmediatamente la estructura del adversario, pero el sistema no consiste en quedarse frente a alguien intercambiando puñetazos y patadas como haríamos en un formato deportivo de combate.

El kanji 打, da, contiene la idea de golpear; 拳, ken, hace referencia al puño o, en un sentido marcial más amplio, al método de golpeo; y 体術, taijutsu, nos lleva nuevamente al uso del cuerpo. La expresión completa empieza a resultar más interesante cuando dejamos de pensar que el puño es el protagonista y comprendemos que lo importante sigue siendo el cuerpo que produce ese golpe.

Esto es algo que corrijo constantemente en las clases, porque cuando decimos a un alumno que golpee con más eficacia, su primera reacción suele consistir en utilizar más el brazo, endurecer el hombro o intentar acelerar la mano, mientras que en muchas ocasiones lo que realmente necesitamos corregir se encuentra mucho más abajo, en la posición de los pies, en la manera en que se desplaza el peso o en cómo está llegando la cadera al momento del impacto.

Un golpe realizado únicamente con el brazo puede parecer rápido y producir cierta fuerza, pero cuando el cuerpo empieza a participar de manera adecuada la sensación cambia completamente, porque ya no estamos lanzando una extremidad hacia el adversario, sino haciendo que nuestra estructura avance de forma coordinada hasta él.

Esta diferencia resulta fundamental para comprender Shinden Fudō Ryū.

Shizen no kamae no significa quedarse de pie sin hacer nada

Una de las características más conocidas del Dakentaijutsu de Shinden Fudō Ryū es su estrecha relación con shizen, la naturalidad, y con una forma de trabajar que no depende de adoptar constantemente kamae externos muy marcados. La estructura tradicional del sistema se articula en Ten no Kata, Chi no Kata y Shizen Shigoku no Kata, algo que aparece igualmente documentado en fuentes de la transmisión Takamatsu-den, aunque la formación de Kobukan que actualmente se muestra públicamente se concentra específicamente en Ten no Kata.

Aquí suele producirse un malentendido que merece la pena corregir, porque cuando decimos que el trabajo parte de una posición natural, algunos alumnos interpretan que simplemente deben ponerse de pie de cualquier manera y esperar a que ocurra algo.

Eso no es shizen.

Una postura natural no es una postura descuidada, porque puedo estar aparentemente relajado y, al mismo tiempo, tener el peso mal distribuido, las rodillas bloqueadas, los hombros levantados o los pies colocados de tal manera que necesite hacer primero un reajuste antes de poder desplazarme.

Cuando hablamos de naturalidad dentro del entrenamiento queremos desarrollar una posición desde la cual el cuerpo pueda responder sin necesitar una preparación visible.

Si alguien se acerca mientras estamos de pie hablando con otra persona, no podemos pedirle que espere unos segundos mientras colocamos un pie detrás, levantamos las manos y adoptamos nuestro kamae favorito. Desde el punto de vista marcial, resulta mucho más interesante aprender a reconocer cómo utilizar el cuerpo desde la posición en la que ya nos encontramos.

Eso no elimina el kamae, sino que lleva la idea de kamae a un nivel menos evidente.

La estructura continúa existiendo, aunque ya no necesite exhibirse.

El alumno avanzado tiene que aprender a dejar de prepararse

Con los años he llegado a considerar que uno de los grandes problemas de muchos practicantes experimentados no es que les falten técnicas, sino que necesitan demasiadas señales externas antes de ejecutarlas.

Cuando observamos atentamente podemos ver perfectamente cuándo van a atacar, porque cambian el peso, colocan las manos, ajustan los pies, contienen ligeramente la respiración y solamente después comienzan el movimiento.

Frente a un compañero que conoce la técnica esto puede no tener demasiada importancia, pero frente a una persona que realmente nos está observando hemos proporcionado una cantidad enorme de información antes de hacer nada.

Shinden Fudō Ryū nos obliga a trabajar precisamente sobre ese problema.

Si partimos de una posición más natural y pretendemos producir una acción eficaz sin montar previamente una estructura artificial, tenemos que aprender a generar el movimiento allí donde estamos.

Esto exige que los pies estén disponibles, que las caderas no se encuentren bloqueadas y que la parte superior del cuerpo pueda permanecer relajada hasta el momento en que realmente necesitamos utilizar tensión.

Cuando empieza a funcionar, el movimiento adquiere una cualidad distinta, porque hay menos separación entre la intención y la acción.

Desde fuera incluso puede parecer que estamos haciendo menos.

Y normalmente eso es una buena señal.

Fudō no significa convertirse en una roca

El propio nombre Shinden Fudō Ryū contiene otro concepto que puede confundirse fácilmente: fudō, lo inamovible o inmutable.

Si interpretamos esta idea únicamente desde el punto de vista físico podemos imaginar que el objetivo consiste en convertirnos en una estructura tan sólida que nadie pueda desplazarnos, pero intentar hacer eso mediante tensión suele producir exactamente el efecto contrario, ya que un cuerpo rígido puede ser fuerte en una dirección y extremadamente vulnerable cuando la presión cambia.

La inmovilidad que nos interesa no consiste en permanecer físicamente clavados al suelo.

Tiene mucho más que ver con no perder nuestra organización cuando aparece la presión.

Podemos movernos y continuar manteniendo fudō.

Podemos retroceder y continuar manteniendo fudō.

Podemos cambiar completamente de dirección y continuar manteniendo fudō.

El problema comienza cuando el ataque del compañero hace que abandonemos nuestra estructura, nos precipitemos o empecemos a reaccionar exclusivamente desde la tensión.

Esto se ve muy bien durante el keiko.

Un alumno recibe un ataque fuerte y, de repente, todo aquello que estaba haciendo correctamente desaparece. Los hombros suben, la respiración se detiene, los pies empiezan a cruzarse y la técnica que había realizado perfectamente diez veces frente a un ataque suave deja de funcionar.

Ahí tenemos una lección muy valiosa de Shinden Fudō Ryū, porque descubrimos que nuestra técnica solamente existía mientras las condiciones nos resultaban cómodas.

El trabajo comienza precisamente después de ese descubrimiento.

Golpear no significa intercambiar golpes

Cuando trabajamos el aspecto de daken, también debemos evitar convertir el entrenamiento en una versión incompleta de kickboxing, porque los atemi de una ryūha tradicional tienen una función dentro de una estrategia corporal más amplia.

Un golpe puede servir para producir daño, naturalmente, pero también puede modificar la postura del adversario, provocar una reacción, detener su movimiento, obligarlo a proteger una zona determinada o crear el espacio necesario para una acción posterior.

Si solamente valoramos el golpe por la fuerza que produce contra una superficie, dejamos fuera una parte importante de su función.

Esto se comprende especialmente bien cuando trabajamos con un compañero y no con un saco.

Frente a un saco podemos concentrarnos casi exclusivamente en nuestra propia mecánica, mientras que frente a una persona necesitamos observar qué ocurre después del contacto.

Si el adversario recibe el golpe y nuestra propia estructura queda abierta, tenemos un problema.

Si nuestro ataque necesita una preparación tan amplia que él puede anticiparlo, tenemos otro.

Si golpeamos con mucha fuerza pero perdemos el equilibrio al terminar, tampoco podemos considerar que el movimiento haya sido bueno desde el punto de vista del taijutsu.

Por eso un atemi dentro de Shinden Fudō Ryū tiene que estudiarse como parte de una relación y no como una acción aislada.

Los pies tienen que llegar antes de que los brazos intenten resolver el problema

Uno de los errores que corrijo con mayor frecuencia aparece cuando el alumno comprende dónde debe golpear pero no comprende todavía desde dónde debe hacerlo.

El brazo alcanza el objetivo, pero el cuerpo permanece atrás.

Entonces intentamos aumentar la fuerza y el problema se hace más evidente.

Si queremos que el cuerpo participe realmente tenemos que llevar nuestra posición hasta el lugar desde el cual la técnica funciona, y eso significa que el desplazamiento no puede añadirse posteriormente al golpe como si fueran dos elementos separados.

Hay una diferencia enorme entre dar un paso y después golpear, y hacer que el desplazamiento forme parte del golpe.

Desde fuera ambos movimientos pueden parecer casi idénticos, pero para quien recibe la técnica la sensación no tiene nada que ver.

En el primer caso sentimos una extremidad que llega.

En el segundo sentimos una estructura.

Ésa es precisamente la razón por la que resulta tan importante no obsesionarse al principio con ejecutar las kata rápidamente, porque cuando el alumno corre demasiado empieza a esconder sus errores utilizando velocidad.

Prefiero ver una técnica realizada con calma en la que los pies, la cadera y el atemi mantienen una relación lógica, antes que una secuencia muy rápida donde las manos han llegado tres veces antes que el resto del cuerpo.

La velocidad puede añadirse posteriormente, mientras que eliminar un mal hábito practicado miles de veces suele resultar bastante más difícil.

El ataque del compañero también forma parte de la enseñanza

Ninguna de estas ideas puede aprenderse correctamente si uke ataca de manera deficiente.

Este es un punto en el que insisto mucho cuando trabajamos kata, porque existe cierta tendencia a pensar que el alumno que desempeña el papel de uke está simplemente ayudando al otro a practicar su técnica.

En realidad, uke está aprendiendo tanto como tori.

Si el ataque no tiene una distancia correcta, tori no puede aprender maai.

Si se detiene antes de alcanzar el objetivo, tori puede realizar movimientos que solamente funcionan porque nadie le está obligando a responder de verdad.

Si uke empieza a anticiparse a la técnica porque ya conoce la secuencia, la kata se convierte progresivamente en una coreografía.

Debemos entrenar con control, porque estamos en un dōjō y nuestra responsabilidad es permitir que el compañero pueda continuar entrenando durante muchos años, pero control no significa ausencia de intención.

Cuando trabajamos una forma de Ten no Kata, el ataque tiene que plantear realmente el problema que esa kata pretende enseñarnos.

De lo contrario podemos memorizar perfectamente todos los movimientos y no comprender ninguno.

Ten no Kata: ocho formas que necesitan mucho más tiempo del que parece

Dentro de la formación actual de Kobukan, Ten no Kata ocupa un lugar claramente definido y la Kobukan Online University presenta ocho formas en su mokuroku: Nichi Geki, Gekkan, Fubi, Uryo, Unjaku, Setsuyo, Musan y Karai. El curso está reservado a miembros de Kobukan y forma parte del área de tradiciones clásicas dentro de la formación avanzada.

A primera vista, ocho kata pueden parecer un programa relativamente pequeño, especialmente para alguien acostumbrado a valorar un currículo por el número de técnicas que contiene, pero esa manera de contar suele conducir a conclusiones equivocadas.

Podemos enseñar la secuencia básica de una kata en una clase y, aun así, pasar años intentando comprender lo que contiene.

Primero el alumno necesita recordar quién ataca, desde dónde, qué desplazamiento utiliza y cómo termina la forma, pero esa fase inicial solamente permite reproducir su arquitectura externa.

Después empezamos a observar la distancia y descubrimos que aquello que parecía funcionar estaba comenzando demasiado lejos.

Más adelante trabajamos la estructura y vemos que el golpe llegaba correctamente al objetivo, pero nuestro propio equilibrio estaba comprometido.

Otro día modificamos la intensidad del ataque y comprobamos que habíamos estado utilizando fuerza muscular para compensar una posición deficiente.

Con un compañero diferente vuelve a cambiar la sensación y aparecen otras preguntas.

Así se estudia una kata.

No se termina porque podamos realizarla sin equivocarnos en el orden.

Nichi Geki no debería convertirse en una técnica que hacemos de memoria

La primera forma del Ten no Kata que aparece en el programa de Kobukan es Nichi Geki, y como sucede con cualquier kata que ocupa una posición inicial dentro de un currículo, existe el peligro de tratarla como una técnica sencilla que debemos superar rápidamente para llegar al material posterior.

Yo prefiero abordarla de otra manera.

Cuando una forma está al principio de una serie debemos preguntarnos qué está intentando establecer.

El hecho de que podamos memorizarla rápidamente no significa que sus principios sean elementales.

En las primeras kata suelen aparecer precisamente aquellas cosas que después daremos por supuestas: relación entre el ataque y la posición natural, utilización del cuerpo para recibir la situación, generación de atemi, control de la distancia y capacidad para continuar sin reorganizarnos después de cada movimiento.

Por esa razón, cuando un alumno avanzado vuelve a Nichi Geki, debería encontrar más cosas que cuando la aprendió inicialmente.

Si diez años después la única diferencia consiste en hacerla más rápido, probablemente no hayamos profundizado demasiado.

Maai en Shinden Fudō Ryū

La naturalidad de Shinden Fudō Ryū no elimina el maai; de hecho, hace que resulte todavía más importante, porque cuando no estamos refugiándonos detrás de una guardia muy evidente necesitamos comprender con precisión cuándo el adversario puede alcanzarnos y cuándo podemos nosotros actuar.

Esta distancia no es estática.

Una persona alta, con brazos largos y una entrada decidida, modifica completamente nuestra percepción del espacio respecto a un compañero más bajo que ataca desde una posición diferente.

Por eso intento que los alumnos no memoricen la distancia como si existiese un punto exacto en el suelo desde el que comienza cada kata.

Tenemos que aprender a verla.

Si uke está un poco más cerca, quizá el mismo desplazamiento resulte excesivo.

Si está más lejos, tal vez intentemos ejecutar el atemi sin haber llevado primero nuestro cuerpo hasta una posición eficaz.

La kata proporciona una referencia, pero el compañero que tenemos delante nos obliga a interpretar esa referencia correctamente.

Ahí aparece la diferencia entre copiar y entrenar.

Shizen y economía de movimiento

Una de las cosas que más me interesa de Shinden Fudō Ryū es la forma en que obliga a preguntarnos constantemente cuánto movimiento necesitamos realmente.

Cuando somos principiantes solemos hacer demasiado.

Retrocedemos más de lo necesario, levantamos los brazos demasiado, giramos el cuerpo en exceso y preparamos cada acción de una forma muy visible porque todavía no confiamos en nuestra estructura.

Con el tiempo deberíamos empezar a eliminar.

Esto no significa hacer movimientos pequeños por principio, sino evitar aquellos que no aportan nada.

Si un desplazamiento de veinte centímetros resuelve el ángulo, movernos un metro solamente nos obliga a recuperar después la distancia que acabamos de regalar.

Si podemos generar el golpe desde la posición actual, una preparación adicional no aporta potencia gratuitamente, porque también proporciona al adversario tiempo e información.

La economía de movimiento no consiste en ser perezoso.

Consiste en que cada parte de la acción tenga una función.

Cuando observamos a un practicante experimentado, muchas veces parece que está haciendo muy poco y, sin embargo, uke siente que cada movimiento llega exactamente donde debe.

Ésa es una cualidad que merece muchos años de entrenamiento.

La fuerza debe aparecer donde sirve y desaparecer cuando deja de servir

Otra equivocación habitual consiste en asociar contundencia con tensión permanente.

Como Shinden Fudō Ryū Dakentaijutsu contiene métodos de golpeo potentes, algunos alumnos creen que tienen que mantener el cuerpo duro para que la técnica sea fuerte.

El resultado suele ser un practicante que está gastando energía antes de necesitarla.

Si tensamos los hombros mientras esperamos, esa tensión tendrá que desaparecer o reorganizarse antes de que podamos movernos con libertad.

Si mantenemos las manos cerradas con toda nuestra fuerza durante toda la técnica, perdemos sensibilidad y velocidad.

Si intentamos mantener las piernas rígidas para sentirnos estables, reducimos precisamente nuestra capacidad para cambiar de dirección.

El cuerpo necesita aprender a utilizar tensión cuando la tensión produce algo y a liberarla cuando deja de ser necesaria.

Un buen atemi puede requerir una estructura muy firme en el instante apropiado, pero eso no significa que debamos pasar los tres segundos anteriores completamente rígidos.

La diferencia entre relajación y debilidad también tiene que quedar clara, porque estar relajado no significa estar desconectado.

Queremos un cuerpo disponible.

No debemos fabricar una “manera Shinden Fudō Ryū de caminar”

Existe un fenómeno que aparece a veces cuando estudiamos cualquier ryūha durante un periodo intensivo: el alumno descubre dos o tres características que reconoce como propias de la escuela y empieza a exagerarlas hasta convertirlas en una especie de actuación.

En Shinden Fudō Ryū esto sería especialmente contradictorio.

Si estamos hablando constantemente de naturalidad pero empezamos a caminar de una forma artificial para parecer naturales, hemos perdido el sentido.

Shizen tiene que construirse a través de mucho entrenamiento hasta que aquello que técnicamente resulta correcto deje de parecer una postura aprendida.

Esto se parece bastante al aprendizaje de un idioma.

Al principio pensamos cada palabra, recordamos las reglas y construimos las frases lentamente, mientras que con suficiente práctica llega un momento en que podemos hablar sin analizar conscientemente cada elemento gramatical.

La gramática no ha desaparecido.

Se ha integrado.

En taijutsu queremos que suceda algo parecido.

La estructura continúa presente, pero ya no tenemos que montarla pieza por pieza antes de cada movimiento.

Ukemi también pertenece al Dakentaijutsu

Cuando hablamos de una escuela que lleva daken en el nombre resulta fácil concentrarse demasiado en quien ejecuta el golpe y olvidar que aprender a recibir la acción forma parte igualmente del sistema.

Un buen practicante necesita saber caer, rodar, recuperar la postura y proteger su cuerpo cuando pierde el equilibrio.

En el currículo general de Kobukan, taihenjutsu, ukemi y métodos de evasión forman parte de la formación corporal básica precisamente porque permiten posteriormente estudiar las ryūha con mayor seguridad y libertad.

Esto tiene además una consecuencia práctica muy importante dentro del keiko, ya que si uke tiene miedo de caer o no sabe recibir correctamente una técnica, tori empieza inconscientemente a cambiar sus movimientos para protegerlo.

La distancia se falsea.

La proyección pierde dirección.

El atemi se detiene demasiado pronto.

Finalmente ambos están practicando una versión artificial de la kata.

Cuanto mejor sea nuestro ukemi, más sinceramente puede entrenar nuestro compañero dentro de unos límites razonables de seguridad.

Por eso aprender a recibir no es un trabajo secundario reservado al principiante, sino una habilidad que debemos continuar refinando durante toda la vida marcial.

Daken y kuzushi no están separados

Aunque hablemos de golpes, no debemos imaginar que el kuzushi solamente pertenece a las proyecciones y controles articulares.

Un buen atemi también puede romper estructura.

A veces el efecto más importante no es el daño producido en el lugar donde golpeamos, sino la manera en que obligamos al adversario a reorganizarse.

Si el cuerpo reacciona hacia atrás, aparece una posibilidad.

Si gira para proteger una zona, aparece otra.

Si cambia su base después del contacto, ya hemos modificado la relación.

Cuando el alumno empieza a comprender esto, deja de intentar terminar cada problema con un único golpe espectacular.

Empieza a observar qué ha creado.

Y eso hace que el taijutsu se vuelva mucho más rico.

Una técnica no tiene que funcionar porque uke coopere con la secuencia que hemos memorizado, sino porque cada acción genera una situación de la que puede surgir la siguiente.

No podemos aprender Shinden Fudō Ryū únicamente viendo vídeos

Kobukan dispone de recursos audiovisuales muy útiles y la Online University ofrece precisamente un curso específico de Ten no Kata impartido por James Wright Kancho, algo que permite a los miembros revisar el material, observar las formas y mantener una referencia técnica común incluso cuando entrenan lejos de la dirección principal de la organización.

Sin embargo, siempre digo lo mismo respecto a estos recursos: el vídeo puede ayudarnos enormemente a estudiar aquello que ya estamos entrenando, pero no puede proporcionarnos por sí solo la sensación de una técnica.

Una cámara muestra posiciones.

No transmite presión.

Podemos observar perfectamente dónde coloca Kancho un pie y no comprender qué está sucediendo con el equilibrio de uke en ese momento.

Podemos copiar el recorrido de un atemi y continuar generándolo solamente con el hombro.

Podemos ver cien veces una evasión y no descubrir que nuestra distancia es incorrecta hasta que otro practicante realmente intenta alcanzarnos.

Por eso el material multimedia funciona mejor cuando existe una relación constante entre observar, practicar, recibir corrección y volver después a observar.

En ese ciclo cada revisión del mismo vídeo puede mostrarnos algo que no vimos la primera vez, precisamente porque ahora nuestro cuerpo dispone de más experiencia con la que interpretar lo que estamos viendo.

Kata y presión: conservar la forma sin convertirla en una danza

La metodología de Kobukan establece una distinción que considero especialmente importante entre conservar correctamente el kata y comprobar posteriormente sus principios mediante resistencia, randori estructurado y situaciones menos previsibles. La organización denomina densho dori a la importancia de preservar claramente la enseñanza transmitida antes de introducir interpretaciones personales, pero al mismo tiempo sostiene que las técnicas necesitan ser sometidas progresivamente a presión y variabilidad para comprobar que su mecánica continúa funcionando fuera de una cooperación absoluta.

Esto encaja perfectamente con la forma en que deberíamos estudiar Shinden Fudō Ryū.

No empezamos modificando Nichi Geki porque a nosotros nos gusta más entrar por otro lado.

Primero aprendemos Nichi Geki.

Intentamos reproducir la estructura que se nos ha transmitido, comprendemos el papel de uke y tori, corregimos nuestra distancia y dejamos que el instructor vaya limpiando los errores.

Después, cuando existe una base suficiente, podemos cambiar ciertas condiciones.

Uke puede atacar con más decisión.

Puede modificar ligeramente la distancia.

Podemos aumentar el ritmo.

Podemos comprobar qué sucede cuando la reacción no es exactamente la esperada.

Cuando algo deja de funcionar, no concluimos inmediatamente que el kata es inútil.

Volvemos y observamos qué habíamos estado haciendo mal.

Esta relación entre forma y comprobación es una de las mejores herramientas de aprendizaje que tenemos.

Henka solamente tiene valor cuando sabemos de dónde estamos variando

En las artes Takamatsu-den utilizamos con frecuencia el término henka, pero también aquí existe un riesgo considerable de confundir libertad con improvisación.

Si el alumno todavía no entiende la distancia de una kata y empieza inmediatamente a crear cinco variantes, probablemente no esté haciendo henka, sino cinco versiones distintas del mismo error.

Una variación útil conserva algo esencial de la forma original mientras adapta otra parte a una circunstancia diferente.

Para poder reconocer qué debe permanecer primero necesitamos haber estudiado seriamente la kata.

Con Shinden Fudō Ryū esto se vuelve especialmente interesante porque la naturalidad que buscamos debería conducir finalmente hacia una capacidad real de adaptación, pero esa adaptación tiene que crecer desde una base técnica y no sustituirla.

El objetivo no consiste en ser prisioneros del kata.

Tampoco consiste en abandonarlo cuanto antes.

El kata nos enseña un lenguaje y, después de suficiente práctica, empezamos a hablar con él.

Shinden Fudō Ryū y la defensa personal

Es inevitable que algunos alumnos pregunten cómo se relaciona todo este trabajo con una situación real de defensa personal, y considero que la respuesta merece más cuidado que simplemente seleccionar tres técnicas y etiquetarlas como “aplicaciones de calle”.

La utilidad práctica de Shinden Fudō Ryū no reside únicamente en una técnica concreta.

Encontramos valor en aprender a actuar desde una postura natural, porque una agresión real rara vez nos permite preparar un kamae formal; encontramos valor en desarrollar atemi que utilicen todo el cuerpo, porque bajo presión la fuerza muscular localizada se degrada rápidamente; encontramos valor en comprender el maai, porque evitar encontrarnos en la distancia adecuada para ser atacados puede ser más importante que ejecutar una técnica; y encontramos valor en aprender a mantener la estructura cuando una situación no se desarrolla exactamente como esperábamos.

Pero todo esto requiere entrenamiento realista y progresivo.

Ninguna kata nos convierte automáticamente en capaces de defendernos.

Tampoco un curso de unas semanas puede proporcionar la experiencia necesaria para mantener estas habilidades bajo miedo, sorpresa, velocidad y resistencia.

El cuerpo necesita tiempo para transformar una corrección consciente en una respuesta suficientemente integrada como para seguir disponible cuando la presión aumenta.

Esa es una realidad que no conviene disfrazar con marketing.

Lo que Shinden Fudō Ryū termina enseñándonos sobre nosotros mismos

Después de trabajar esta ryūha durante bastante tiempo, lo que me parece más interesante no es la cantidad de técnicas que un alumno puede recordar, sino cómo empieza a cambiar su manera de situarse delante del compañero.

Al principio necesita prepararse.

Después necesita cada vez menos preparación.

Al principio reacciona al ataque cuando ya está claramente en marcha.

Con el tiempo empieza a reconocer antes los cambios de intención y distancia.

Al principio utiliza fuerza para asegurarse de que la técnica funciona.

Después aprende que una posición mejor puede sustituir una cantidad considerable de esfuerzo.

Al principio intenta reproducir la forma de su instructor.

Más adelante comienza a comprender por qué esa forma aparece.

Ese proceso es mucho más importante que completar rápidamente un mokuroku.

El lugar de Shinden Fudō Ryū Dakentaijutsu dentro de Kobukan Kobudō Renmei

Dentro de Kobukan Kobudō Renmei estudiamos Shinden Fudō Ryū Dakentaijutsu como una ryūha diferenciada, con su propia lógica y su propia manera de obligarnos a revisar principios que también aparecen en otras partes de nuestro entrenamiento. En la formación de Kobukan, las ryūha adquieren especial protagonismo en los niveles avanzados, donde el alumno deja de trabajar únicamente un repertorio general de kihon y empieza a profundizar en la identidad técnica de sistemas concretos.

Por eso no quiero que un alumno termine una etapa de Shinden Fudō Ryū diciendo simplemente que ha aprendido ocho kata de Ten no Kata, porque eso sería reducir varios meses o años de trabajo a una lista de nombres.

Prefiero que haya comprendido por qué su postura natural no debe estar muerta, por qué un atemi empieza en el suelo y no en el puño, por qué la fuerza resulta inútil cuando llega desde una posición equivocada, por qué uke tiene que atacar con honestidad y por qué un movimiento aparentemente sencillo puede necesitar cientos de repeticiones antes de empezar a sentirse verdaderamente natural.

Cuando estas cosas comienzan a aparecer, Nichi Geki deja de ser simplemente la primera técnica del mokuroku y Gekkan deja de ser la segunda, porque cada kata se convierte en una situación desde la que podemos estudiar nuestro propio taijutsu.

Ésa es también la razón por la que volvemos una y otra vez al mismo material.

No lo hacemos porque no tengamos más técnicas que enseñar, sino porque después de algunos años ya no somos exactamente la misma persona que aprendió aquella kata por primera vez, y al regresar a ella disponemos de una experiencia diferente con la que observar la distancia, la estructura, el ritmo y la intención.

En mi opinión, ahí se encuentra una parte esencial del valor de Shinden Fudō Ryū Dakentaijutsu dentro de Kobukan Kobudō Renmei, porque detrás de sus golpes, desplazamientos y kata encontramos una enseñanza bastante más difícil de adquirir de lo que parece desde fuera: conseguir que el cuerpo permanezca organizado sin volverse rígido, que pueda generar potencia sin necesitar prepararla de manera evidente y que responda desde una posición natural sin confundir naturalidad con descuido.

Cuando eso empieza a ocurrir, dejamos de intentar “hacer Shinden Fudō Ryū” con una determinada apariencia y empezamos a comprender por qué esta tradición concede tanta importancia a aquello que, visto desde fuera, parece tan sencillo como estar de pie frente a otra persona y estar realmente preparado para moverse.