Kukishinden Happō Bikenjutsu es una tradición en la que el taijutsu y el trabajo con armas forman parte de una misma educación marcial, y eso se aprecia precisamente en la variedad de materias que encontramos dentro de ella. La documentación oficial de Kobukan incluye Daken Taijutsu, Bikenjutsu, Bōjutsu, Hanbōjutsu, Naginatajutsu y Sōjutsu, además de otras áreas del sistema, y señala igualmente la relación histórica de parte de este trabajo con el contexto del yoroi kumiuchi, es decir, el combate condicionado por el uso de armadura.
Por esa razón, cuando enseñamos Kukishinden no considero apropiado presentar primero una colección de armas para después estudiar cada una como si perteneciera a un mundo diferente. El alumno necesita comprender que detrás del bō, del hanbō, de la espada, de la yari o de la naginata sigue estando su cuerpo, y que ese cuerpo necesita saber desplazarse, conservar su estructura, gestionar la distancia, reconocer una línea de ataque y adaptarse a aquello que ocurre delante de él.
Eso, en mi opinión, es mucho más importante que aprender rápidamente un número elevado de kata.
Antes del arma está el cuerpo
En el dōjō se ve con bastante frecuencia que un alumno cambia de comportamiento cuando le entregamos un arma. Durante el taijutsu puede moverse con cierta naturalidad, utilizar las piernas y mantener los hombros relativamente relajados, pero en cuanto coge un bō o una espada empieza a concentrar toda su atención en las manos, como si el arma hubiese sustituido de repente al resto del cuerpo.
Precisamente por eso considero fundamental estudiar el Daken Taijutsu de Kukishinden y no verlo como una materia secundaria dentro de un sistema que solemos asociar principalmente con las armas.
El Daken Taijutsu desarrolla la forma de utilizar el cuerpo mediante kamae, golpes, controles, desequilibrios, desplazamientos y diferentes maneras de recibir y transformar la acción del adversario. En el currículo publicado por Kobukan encontramos una progresión que parte de Gohō no Kamae y continúa mediante Shoden Gata, Chūden Gata, Sabaki Gata, Okuden Gata, Tewaza Gata y Shirabe Moguri Gata, lo que ya nos indica que estamos ante un cuerpo de enseñanza considerable y no ante unas pocas técnicas desarmadas añadidas alrededor de las armas.
Cuando el alumno empieza a comprender esa parte del sistema, el trabajo armado cambia de manera bastante natural. Ya no intenta fabricar la fuerza en los brazos porque entiende mejor cómo utilizar las piernas, la cadera y el desplazamiento; tampoco necesita mover exageradamente el arma para sentirse potente, porque empieza a reconocer que la verdadera capacidad de generar fuerza depende de cómo se organiza todo el cuerpo.
Una corrección que hacemos muchas veces consiste precisamente en pedir al alumno que deje de pensar en “hacer una técnica con el arma” y vuelva a sentir lo que ocurre debajo de ella. Si las piernas no están trabajando, si el centro se queda atrás o si el equilibrio se rompe al terminar el movimiento, la técnica seguirá teniendo un problema independientemente de lo bonito que resulte el recorrido del arma.
Gohō no Kamae como punto de partida
El currículo de Daken Taijutsu comienza con Gohō no Kamae, compuesto por Hira no Kamae, Hira Ichimonji no Kamae, Seigan no Kamae, Katate Hichō no Kamae y Kōsei no Kamae.
Al principio es fácil considerar estos kamae como posiciones que debemos aprender porque forman parte del programa, pero con el tiempo empezamos a entender que una postura tiene valor solamente si sabemos qué relación establece con el adversario.
No me interesa demasiado que un alumno pueda colocarse perfectamente en un kamae cuando se encuentra solo frente al espejo si después, en cuanto aparece otra persona, esa posición deja de tener sentido. Lo que buscamos es comprender desde dónde podemos movernos, qué líneas estamos ofreciendo, cuáles estamos protegiendo y de qué forma la postura permite responder sin necesidad de reorganizar completamente el cuerpo antes de actuar.
En una fotografía un kamae está quieto, mientras que durante el entrenamiento existe únicamente durante un instante y se transforma inmediatamente en otra cosa.
Esto se vuelve todavía más claro cuando introducimos armas, porque la posición de un bō, una espada o una naginata modifica de forma evidente el espacio disponible entre dos practicantes. El kamae deja entonces de ser solamente una posición corporal para convertirse en una relación entre el cuerpo, el arma, la distancia y la intención.
Daken Taijutsu: aprender a utilizar una estructura que después debe funcionar con cualquier arma
Cuando trabajamos las kata de Daken Taijutsu no deberíamos tener la sensación de que estamos abandonando el estudio de Kukishinden con armas para hacer durante un rato algo completamente diferente. Precisamente estamos construyendo buena parte de aquello que después necesitaremos para utilizarlas.
Esto se aprecia, por ejemplo, en la manera de gestionar el equilibrio del adversario.
Cuando alguien nos agarra o nos golpea podemos intentar solucionar el problema atacando directamente la extremidad que tenemos delante, pero normalmente existe una solución más profunda cuando comprendemos cómo esa extremidad está conectada con el resto del cuerpo. Si modificamos el ángulo correcto, alteramos la base o hacemos que el adversario tenga que reorganizarse, muchas técnicas empiezan a necesitar considerablemente menos fuerza.
Después cogemos un hanbō y descubrimos el mismo problema desde otra perspectiva.
Cogemos un bō y la distancia cambia completamente, pero seguimos intentando controlar una relación estructural entre dos cuerpos.
Con la espada, las consecuencias de ocupar una línea equivocada son diferentes, aunque la necesidad de comprender posición, distancia y oportunidad continúa siendo exactamente igual.
Este es uno de los motivos por los que el currículo de Kobukan presenta el entrenamiento con armas como una extensión del aprendizaje corporal y subraya que los diferentes sistemas comparten principios como distancia, timing, angulación, postura, equilibrio, mecánica corporal e intención.
Cuando el alumno empieza a reconocer esos elementos comunes, deja de coleccionar disciplinas y empieza a comprender una tradición.
Rokushaku Bōjutsu: aprender a organizar el espacio
El rokushaku bō ocupa un lugar especialmente importante dentro del trabajo de Kobukan y resulta enormemente útil para comprender Kukishinden porque obliga al practicante a gestionar una distancia que ya no puede ignorar.
Un bastón de aproximadamente seis shaku cambia completamente la relación entre dos personas. El alumno que está acostumbrado a trabajar únicamente con las manos descubre que ahora debe entender no solamente dónde se encuentra el cuerpo del adversario, sino también todo el espacio que existe alrededor de un arma larga capaz de atacar desde diferentes extremos y trayectorias.
Al principio es normal ver movimientos demasiado grandes. El practicante intenta producir potencia haciendo recorrer al bō una enorme distancia, porque intuitivamente piensa que cuanto mayor sea el recorrido, mayor será la eficacia del golpe. Poco a poco aprende que mover mucho un arma y utilizarla correctamente son dos cosas diferentes.
Cuando el cuerpo comienza a integrarse, aparecen movimientos más económicos y se comprende mejor la relación entre los pies, la cadera, las manos y el arma.
El bō también enseña algo que después resulta útil en prácticamente todas las demás áreas: el centro del arma importa tanto como sus extremos.
Un principiante suele pensar únicamente en el extremo con el que pretende golpear, mientras que un practicante con más experiencia empieza a utilizar el arma completa, modificando agarres, aprovechando ambos extremos y trabajando el eje para controlar líneas y ocupar el espacio.
Dentro del currículo de Kobukan, el Rokushaku Bōjutsu constituye uno de los sistemas fundamentales de armas y dispone de una progresión propia, precisamente porque no se pretende que el alumno aprenda unas pocas técnicas aisladas, sino que desarrolle una comprensión progresiva de esta distancia y de esta mecánica.
Hanbōjutsu: cuando la distancia cambia, también cambia nuestra manera de pensar
Después de trabajar durante un tiempo con rokushaku bō, pasar al hanbō resulta muy interesante porque tenemos un objeto que sigue siendo claramente un arma, pero la distancia se ha reducido de forma considerable.
El hanbō obliga a entrar mucho más cerca del adversario y, por esa razón, empieza a relacionarse de manera muy evidente con controles, desequilibrios, golpes, palancas y formas de manipulación que recuerdan continuamente al taijutsu.
Aquí es donde algunos alumnos empiezan a entender realmente aquello que intentábamos explicar desde el principio: el arma no sustituye al cuerpo.
Si solamente sabemos mover el hanbō como un palo destinado a golpear, estamos utilizando una parte muy pequeña de sus posibilidades. Cuando comenzamos a integrarlo con el movimiento corporal descubrimos que puede modificar una estructura, controlar una extremidad, contribuir a un desequilibrio o ayudarnos a gestionar una distancia demasiado cercana para trabajar como lo haríamos con un rokushaku bō.
El currículo de armas de Kobukan concede al hanbō un lugar fundamental junto al rokushaku bō y el biken, y mantiene una progresión específica para su estudio.
Lo importante, sin embargo, no es solamente conocer tres armas.
Lo interesante es observar cómo cada una obliga a resolver los mismos principios desde problemas distintos.
La espada dentro de Kukishinden, pero no Kukishinden reducido a la espada
Naturalmente, el Bikenjutsu forma parte importante de este sistema y no tendría sentido restarle importancia por el hecho de querer explicar que Kukishinden abarca mucho más.
La espada plantea una educación específica.
Nos obliga a cuidar la línea de corte, el hasuji, el uso de las manos, la posición del cuerpo, la distancia y el momento preciso en el que decidimos entrar. También nos enseña muy rápidamente que no todas las soluciones que toleramos durante el trabajo desarmado son razonables cuando introducimos un filo.
Sin embargo, para mí la lección más importante aparece cuando dejamos de considerar la espada como un objeto especial que exige una forma completamente diferente de movernos.
El alumno necesita aprender la mecánica específica del arma, por supuesto, pero debería continuar reconociendo debajo de ella el taijutsu que lleva meses o años desarrollando.
Cuando vemos que alguien realiza un movimiento correcto con las manos pero pierde completamente su postura, no estamos ante una buena técnica de espada.
Cuando el corte parece fuerte pero obliga al practicante a quedar desequilibrado después de ejecutarlo, tampoco deberíamos conformarnos.
La propia documentación de Kobukan explica que el estudio de Biken no Hō no consiste solamente en aprender unas formas básicas, sino también en comprender variaciones que desarrollan la adaptación frente al oponente.
Es una idea importante porque nos devuelve siempre al mismo lugar: el kata es el punto de partida, mientras que la capacidad de comprender aquello que contiene requiere mucho más tiempo.
Naginatajutsu: otra geometría del combate
Cuando aparece la naginata, el alumno vuelve a encontrarse ante un problema nuevo, aunque muchas de las herramientas que necesita ya deberían resultarle conocidas.
La longitud del asta amplía el espacio de trabajo y la hoja modifica completamente la naturaleza de los ataques, de modo que no podemos utilizarla como si fuera simplemente un rokushaku bō con una hoja colocada en un extremo.
La distribución de peso es diferente, las trayectorias posibles cambian y también cambia la manera en que debemos pensar la relación entre el extremo activo y el cuerpo.
Sin embargo, el practicante que ha realizado un buen trabajo previo empieza a reconocer cosas familiares.
Necesita mover los pies.
Necesita utilizar el centro.
Tiene que conservar una distancia desde la que el arma pueda trabajar correctamente.
Debe ser capaz de recuperar la estructura después de una acción y no puede quedarse detenido contemplando aquello que acaba de hacer.
La naginata nos enseña igualmente a comprender que algunas armas históricas se diseñaron para resolver problemas muy diferentes de los que solemos imaginar cuando pensamos únicamente en un duelo entre dos personas que se encuentran de pie sobre un suelo completamente despejado.
Aquí empieza a resultar útil recordar que la propia documentación de Kobukan sitúa parte del estudio de Kukishinden Happō Bikenjutsu en relación con el contexto del yoroi kumiuchi, donde el uso de armadura modifica los objetivos, las posibilidades de movimiento y la elección de determinados métodos.
No necesitamos convertir cada clase en una reconstrucción histórica para aprender de esa realidad, pero sí debemos evitar interpretar todas las kata como si hubiesen nacido en las mismas condiciones que una práctica moderna en un dōjō.
Sōjutsu: la importancia de la línea
El estudio de la yari introduce nuevamente otra lógica y, aunque podemos encontrar elementos comunes con otras armas largas, no deberíamos intentar utilizar una lanza como si fuese simplemente otro bō.
La estructura del arma dirige de forma muy clara nuestra atención hacia la línea, la distancia y la capacidad de ocupar un espacio con precisión.
Cuando alguien tiene una yari frente a nosotros, comprender el maai deja de ser una cuestión teórica.
Un pequeño error de distancia puede situarnos justamente donde el arma trabaja mejor, mientras que un cambio correcto de ángulo puede obligar al adversario a reorganizar completamente su ataque.
Esto hace que el sōjutsu sea una escuela extraordinariamente exigente para el movimiento.
No siempre necesitamos grandes desplazamientos y, de hecho, el alumno que intenta resolver cada situación saltando lejos del peligro suele descubrir rápidamente que está cediendo demasiado terreno y permitiendo que el arma larga recupere su ventaja.
Necesitamos aprender a modificar la relación sin movernos innecesariamente.
Esa lección ya debería haberse iniciado durante el taijutsu y el bōjutsu, pero la yari la vuelve mucho más evidente.
Happō no significa simplemente aprender ocho listas de técnicas
La documentación oficial de Kobukan describe Happō Bikenjutsu como un conjunto compuesto por ocho disciplinas marciales, aunque en su presentación pública enumera varias de las áreas principales sin pretender convertir esa página en una relación exhaustiva de todo el densho.
Creo que esto también nos ayuda a comprender cómo deberíamos estudiar el sistema.
El valor de Happō no está en que el alumno pueda decir que ha practicado ocho materias distintas.
El valor aparece cuando esas materias empiezan a relacionarse.
Supongamos que durante una temporada trabajamos Daken Taijutsu y aprendemos a reconocer cuándo el adversario pierde su estructura. Posteriormente encontramos un principio parecido utilizando hanbō. Más adelante aparece otra vez con un bō, aunque la distancia sea completamente diferente.
Eso es aprendizaje.
Si, por el contrario, memorizamos treinta técnicas de taijutsu, veinte de bō y quince de espada sin reconocer ninguna relación entre ellas, podemos poseer mucha información y muy poca comprensión.
Por esta razón suelo insistir en que el currículo no debe interpretarse como una lista de tareas que hay que terminar.
Una tradición de esta extensión necesita años precisamente porque los elementos empiezan a iluminarse unos a otros solamente después de bastante experiencia.
Yoroi kumiuchi y la necesidad de entender el contexto
Hay técnicas dentro de las tradiciones japonesas que, observadas sin contexto, pueden parecer extrañas.
Una postura puede parecer excesivamente amplia.
Una entrada puede producirse desde un ángulo que no elegiríamos espontáneamente.
Un control puede parecer menos directo que una solución moderna.
Antes de decidir que algo no tiene sentido conviene preguntarse qué problema estaba intentando resolver.
La relación de Kukishinden con el yoroi kumiuchi resulta particularmente interesante porque una armadura cambia completamente el combate.
No nos movemos exactamente igual.
Las zonas vulnerables cambian.
Determinados golpes adquieren una importancia diferente.
La distancia entre dos cuerpos puede reducirse mientras las armas continúan presentes, y la capacidad para derribar, controlar o impedir que el adversario utilice su arma puede adquirir una relevancia enorme.
Esto ayuda igualmente a comprender por qué Kukishinden no puede dividirse limpiamente entre “taijutsu” y “armas”.
En una situación histórica no existía necesariamente un momento en el que ambos contendientes decidieran dejar las armas en un lado para comenzar una fase de combate desarmado.
Las distancias podían mezclarse.
Una acción con arma podía terminar en agarre.
Un intento de controlar el arma podía generar un desequilibrio.
Un desequilibrio podía terminar en el suelo.
Precisamente esa continuidad es una de las cosas que intento que los alumnos empiecen a reconocer durante su formación.
Uke no está ahí para facilitar una demostración bonita
Esta cuestión es fundamental en Kukishinden y, en realidad, en cualquier ryūha que queramos estudiar seriamente.
Cuando practicamos kata conocemos de antemano aquello que va a ocurrir.
Uke sabe qué ataque debe realizar y tori conoce la respuesta.
Eso crea una posibilidad de aprendizaje extraordinaria porque permite estudiar detalles muy precisos, pero también crea un peligro evidente: que ambos empiecen a ayudarse demasiado.
Si uke ataca fuera de distancia porque sabe que tori necesita tiempo para hacer la técnica, acabamos de cambiar el problema.
Si detiene el bō antes de llegar para evitar incomodar al compañero, estamos enseñándole una distancia falsa.
Si se deja desequilibrar sin que realmente haya ocurrido nada que provoque ese desequilibrio, la técnica funciona únicamente porque ambos han decidido que debe funcionar.
Eso no significa que debamos convertir cada kata en una competición.
La cooperación continúa siendo necesaria para aprender.
Lo que debemos evitar es confundir cooperación con complacencia.
Un buen uke ofrece una acción correcta, mantiene una estructura razonable y proporciona al compañero información real sin convertir el entrenamiento en una lucha.
Esa habilidad también necesita años.
Kata, henka y adaptación
Una de las cuestiones que más confusión provoca en el estudio de las tradiciones Takamatsu-den es la relación entre kata y henka.
Algunas personas consideran el kata una forma rígida que debemos abandonar cuanto antes para poder trabajar de manera “realista”, mientras que otras intentan preservar la secuencia exterior de tal manera que cualquier modificación parece convertirse en un error.
Ninguno de esos extremos me resulta especialmente útil.
Primero necesitamos recibir la forma y trabajarla con suficiente paciencia para comprender qué intenta enseñarnos.
Eso significa respetar el kamae, la distancia, la dirección del ataque, los desplazamientos y la lógica que da sentido a la técnica.
Después, cuando existe una base real, empezamos a modificar algunas condiciones.
El adversario es más alto.
Entra más profundo.
Agarra de otra manera.
La distancia inicial cambia.
Entonces descubrimos qué partes de la kata eran circunstanciales y qué principios necesitan permanecer.
La metodología actual de Kobukan sigue precisamente esa dirección general: estudiar primero las formas y principios transmitidos dentro de las ryūha y desarrollar progresivamente capacidad de adaptación y aplicación, en lugar de saltar directamente a una improvisación sin referencia técnica.
El henka que nace del desconocimiento suele ser simplemente un movimiento diferente.
El henka que nace de la comprensión conserva el principio aunque la forma exterior haya cambiado.
El mismo maai no sirve para todas las armas
Una de las razones por las que considero tan valioso estudiar varias áreas de Kukishinden es que obliga al alumno a abandonar la idea de una distancia universal.
El taijutsu nos coloca a una distancia.
El hanbō modifica esa relación.
El rokushaku bō nos lleva mucho más lejos.
La espada introduce su propio espacio de amenaza, mientras que una yari o una naginata vuelven a transformar por completo el problema.
Sin embargo, maai no significa simplemente “qué lejos tengo que estar”.
Tenemos que considerar la capacidad de movimiento de ambos practicantes, el arma, la orientación, el momento de la acción y quién controla la iniciativa.
Dos personas pueden encontrarse a la misma distancia física y, sin embargo, una de ellas estar en una posición claramente dominante porque el ángulo y la orientación de su arma obligan a la otra a realizar una acción adicional antes de poder atacar.
Cuando el alumno empieza a entender esto deja de medir la distancia con los ojos y comienza a sentirla mediante el movimiento.
Eso solamente aparece con muchas horas de práctica.
Sabaki: no basta con apartarse
El concepto de sabaki aparece de forma importante dentro de Kukishinden y merece una explicación porque con frecuencia se traduce de manera demasiado simple como evasión.
Apartarse de un ataque puede ser necesario, pero no define por sí solo un buen sabaki.
Lo que buscamos es reorganizar la situación de manera favorable.
Si alguien entra con un arma y nosotros nos desplazamos cinco metros hacia atrás, probablemente hayamos evitado el ataque, aunque posiblemente también le hayamos permitido conservar toda su estructura, recuperar la distancia y volver a atacarnos.
En cambio, un desplazamiento mucho más pequeño puede sacar nuestro cuerpo de la línea mientras nos coloca en un ángulo desde el cual el adversario necesita reajustarse antes de continuar.
Eso es mucho más interesante.
En Kukishinden esta capacidad de manejar la posición aparece una y otra vez porque resulta igualmente necesaria en Daken Taijutsu, bōjutsu, hanbōjutsu o bikenjutsu, aunque cada arma obligue a expresarla de una manera diferente.
No se trata de utilizar mucha fuerza
Kukishinden puede producir movimientos contundentes y su Daken Taijutsu incluye métodos de golpeo que pueden parecer poderosos cuando se observan desde fuera, pero sería un error interpretar esa contundencia como una invitación a resolver cada técnica mediante fuerza muscular.
Lo vemos claramente cuando un alumno intenta hacer un movimiento con bō utilizando solamente los hombros.
Durante las primeras repeticiones puede parecer fuerte.
Después empieza a cansarse.
A medida que aparece la fatiga se pierde velocidad, se deteriora la trayectoria y finalmente resulta evidente que el cuerpo no estaba participando correctamente.
En taijutsu sucede lo mismo cuando alguien intenta proyectar al compañero utilizando brazos y espalda en lugar de modificar su estructura.
Con hanbō ocurre cuando intentamos forzar una palanca antes de haber creado la posición adecuada.
La tradición nos obliga repetidamente a buscar una solución mejor.
Eso no significa eliminar la fuerza del entrenamiento.
La fuerza existe y necesitamos un cuerpo preparado.
Lo que buscamos es no utilizarla para compensar continuamente una mala posición.
Las diferentes armas corrigen defectos diferentes
Una de las cosas que más me gusta del currículo amplio de Kukishinden es que cada herramienta termina mostrando un defecto distinto.
El bō suele hacer muy evidente si sabemos utilizar correctamente el cuerpo y gestionar una distancia larga.
El hanbō muestra rápidamente si somos capaces de integrar el arma dentro de una distancia cercana sin separarla del taijutsu.
La espada obliga a respetar mucho más las líneas y la orientación del arma.
La yari nos enseña de una manera casi cruel lo que significa entrar por un lugar equivocado.
La naginata exige comprender el espacio, el arco de movimiento y la posición del cuerpo respecto a un arma larga con una geometría diferente.
El Daken Taijutsu, mientras tanto, sigue recordándonos que detrás de todas ellas estamos nosotros.
Por eso un alumno que estudia seriamente varias partes del sistema suele mejorar también en aquello que ya conocía.
No estamos comenzando desde cero cada vez que cambiamos de arma.
Estamos mirando el mismo problema desde otro ángulo.
Los manuales oficiales de Kobukan y su función real
Kobukan Kobudō Renmei dispone actualmente de varios manuales vinculados directamente con este trabajo, entre ellos Kobukan Kukishinden Biken no Hō – Shoden Menkyo, Kobukan Kukishin Ryū Rokushaku Bōjutsu – Shoden Menkyo y los manuales correspondientes al programa de Hanbōjutsu. La propia organización presenta estos materiales como recursos asociados a su currículo oficial de armas.
En el caso concreto del Biken no Hō, el manual de James Wright Kancho recoge los fundamentos del trabajo de espada dentro de la transmisión Kukishinden y presenta tanto las técnicas principales como variaciones destinadas a desarrollar la adaptación frente al adversario.
Conviene, sin embargo, entender correctamente qué representa ese libro dentro de un sistema tan amplio.
No es un manual de todo Kukishinden Happō Bikenjutsu.
Es un recurso para una parte concreta del estudio.
De la misma manera, el libro de Rokushaku Bōjutsu documenta una parte del trabajo con bō y los manuales de hanbō corresponden a su propia progresión.
Es exactamente así como deberían utilizarse.
Un libro resulta excelente para revisar una kata después de haberla trabajado, comprobar un nombre, recordar una secuencia o relacionar una corrección del instructor con una determinada parte del currículo, pero no puede transmitir por sí solo la presión, la distancia, el timing o la sensación corporal que aparecen cuando tenemos a otra persona delante.
En Kobukan utilizamos material escrito y multimedia como apoyo porque ayuda al alumno a estudiar entre clases, pero la transmisión técnica continúa necesitando entrenamiento, corrección y contacto directo con un instructor y con diferentes compañeros.
Por qué Kukishinden necesita tiempo
A veces un alumno nuevo pregunta cuánto tiempo hará falta para aprender una ryūha.
La pregunta es comprensible, pero resulta difícil responderla de una forma que tenga realmente sentido.
Podemos calcular cuánto tiempo necesitamos para enseñar una determinada lista de kata.
Podemos organizar un programa por niveles.
Podemos realizar exámenes.
Todo eso es posible.
Lo que no podemos medir con la misma facilidad es cuánto tarda una persona en empezar a reconocer el principio que conecta una técnica de taijutsu con una acción de hanbō, un desplazamiento de bō y una entrada con espada.
Eso depende de muchas horas acumuladas.
También depende de haber cometido bastantes errores.
Hay cosas que podemos explicar desde la primera clase y que el alumno solamente comprenderá de verdad después de haberlas experimentado cientos de veces.
Cuando decimos que el arma debe convertirse en una extensión del cuerpo, la frase se entiende inmediatamente.
Conseguirlo es otra cosa.
La documentación actual de Kobukan insiste precisamente en una progresión de largo recorrido en la que el estudio de las ryūha y sus armas no termina en el aprendizaje superficial de técnicas, sino que debe conducir a comprender cómo esas formas se integran dentro de sistemas marciales completos.
Kukishinden Happō Bikenjutsu como sistema completo dentro de Kobukan
Para mí, esta es la manera más útil de explicar Kukishinden Happō Bikenjutsu dentro de Kobukan Kobudō Renmei: no estamos estudiando una escuela de espada a la que se han añadido algunas armas y unas cuantas técnicas desarmadas, sino una tradición amplia en la que Daken Taijutsu, bōjutsu, hanbōjutsu, bikenjutsu, naginatajutsu, sōjutsu y otras materias deben ayudarnos progresivamente a comprender una misma lógica marcial desde situaciones diferentes.
El alumno que comienza suele fijarse en las técnicas porque todavía necesita referencias externas que pueda reconocer y memorizar, mientras que el practicante que lleva más tiempo empieza a preocuparse por cuestiones menos visibles, como el momento exacto en el que el adversario pierde estabilidad, la distancia desde la que una determinada arma deja de trabajar correctamente, la manera de cambiar de ángulo sin regalar el centro o la posibilidad de utilizar menos fuerza para conseguir un resultado mejor.
Ese cambio de atención me parece mucho más importante que conocer otra kata.
Con los años, el bō deja de ser simplemente un bastón de seis shaku, el hanbō deja de ser un palo corto, la espada deja de ser el centro visual del sistema y empezamos a observar aquello que todas estas herramientas nos están enseñando sobre nuestro cuerpo, nuestra posición y nuestra relación con el adversario.
Cuando eso ocurre, también entendemos mejor por qué el taijutsu ocupa un lugar tan importante.
Sin un cuerpo capaz de moverse correctamente, cada arma nos obligará a empezar desde cero.
Con un taijutsu bien construido, en cambio, cada nueva arma modifica el problema sin borrar todo lo aprendido anteriormente.
Ese es el punto en el que Kukishinden empieza a mostrarse como lo que realmente es dentro del entrenamiento de Kobukan: un sistema marcial amplio en el que las armas y el combate desarmado no son compartimentos separados, sino diferentes expresiones de una misma educación corporal, táctica y estratégica.
Por eso no tenemos prisa por “terminar” Kukishinden.
Volvemos a las mismas kata, cambiamos de compañero, corregimos detalles que meses atrás ni siquiera éramos capaces de percibir y descubrimos que una enseñanza que creíamos específica del bō aparece nuevamente en el taijutsu o que algo aprendido con hanbō modifica nuestra manera de entender la espada.
Ese proceso no resulta espectacular desde fuera, pero es precisamente lo que hace que una tradición pueda estudiarse durante toda una vida sin convertirse en una simple colección de técnicas antiguas.
Dentro de Kobukan Kobudō Renmei, ese es el sentido que intentamos mantener cuando estudiamos Kukishinden Happō Bikenjutsu: recibir las formas con seriedad, comprender el contexto que les da sentido, desarrollar el cuerpo necesario para utilizarlas y, poco a poco, aprender a ver los principios que continúan presentes cuando cambia la distancia, cambia el arma o cambia la situación.






