Asayama Ichiden Ryū figura actualmente entre las ryūha principales del currículo de Kobukan Kobudō Renmei, junto con tradiciones como Gyokko Ryū, Kotō Ryū, Kukishin Ryū, Takagi Yōshin Ryū, Shinden Fudō Ryū y Togakure Ryū, y su estudio forma parte de la fase en la que el practicante deja de limitarse al currículo fundamental de grados kyū para profundizar en las características propias de las escuelas transmitidas dentro de la organización.
En mi experiencia como instructor, Asayama Ichiden Ryū resulta especialmente interesante porque obliga al alumno a abandonar una idea bastante común en las artes marciales: pensar que una técnica consiste en hacer algo al adversario. En esta escuela tenemos que empezar a comprender que antes de aplicar cualquier control debemos construir una situación en la que ese control tenga sentido, lo cual exige trabajar correctamente la postura, el ángulo, el equilibrio, la presión, el desplazamiento y, sobre todo, nuestra propia relación con la fuerza que recibimos.
No empezar por la técnica, sino por la posición
Hay alumnos que, cuando aprenden una nueva kata, quieren saber enseguida dónde está la luxación o en qué momento aparece la proyección. Es comprensible, porque esas son las partes que resultan más fáciles de reconocer desde fuera, pero si enseñamos Asayama Ichiden Ryū únicamente de esa manera terminamos convirtiendo una tradición completa en una colección de llaves.
Lo primero que debemos observar es dónde estamos colocados respecto al compañero.
Si alguien nos agarra y nuestra reacción inmediata consiste en tirar de su brazo, empujarlo o intentar abrir sus dedos mediante fuerza, acabamos de aceptar el problema exactamente en los términos que él nos ha propuesto. Él sujeta y nosotros intentamos liberar aquello que ha sujetado, de modo que cuanto más fuerza utilice una persona, mayor cantidad de fuerza creemos necesitar nosotros.
Ese intercambio no nos interesa demasiado.
Lo que buscamos es modificar la relación.
En lugar de pensar solamente en la mano que nos sujeta, empezamos a observar todo el cuerpo que existe detrás de esa mano, porque el agarre está conectado con un brazo, ese brazo con un hombro y ese hombro con una estructura que depende de la posición de las caderas y de los pies. Cuando alteramos esa estructura, el significado del agarre cambia sin necesidad de iniciar una competición para averiguar quién tiene más fuerza.
Esta idea puede parecer elemental cuando se explica, aunque aplicarla bien requiere bastante tiempo, porque nuestra reacción instintiva frente a una presión suele consistir en oponernos a ella.
Asayama nos obliga a desarrollar otra respuesta.
Utilizar el cuerpo completo
Una de las correcciones que más repito en el dōjō es que los brazos no deben trabajar separados del cuerpo.
Esto aparece en prácticamente todas las artes que estudiamos dentro de Kobukan, pero cada ryūha nos obliga a descubrirlo de una manera distinta. En Asayama Ichiden Ryū resulta especialmente evidente cuando intentamos controlar un brazo, modificar la postura del compañero o llevarlo hacia una posición de inmovilización.
Si tratamos de hacer todo eso tirando con los bíceps o utilizando exclusivamente las manos, el compañero percibe inmediatamente lo que queremos hacer y puede responder con facilidad. Además, cuanto más fuerte sea físicamente, más difícil resultará continuar.
Cuando el trabajo procede de la estructura corporal la sensación cambia.
El desplazamiento de nuestros pies modifica nuestra cadera, la cadera transporta el centro y ese movimiento llega a los brazos sin necesidad de que éstos intenten convertirse en el motor principal de la técnica. Desde fuera puede parecer que estamos utilizando las manos, porque son las que mantienen el contacto, pero quien recibe la técnica nota que detrás de esas manos existe algo mucho más difícil de aislar.
Esto es algo que no se entiende viendo una fotografía.
Hay que sentirlo.
Cuando un instructor realiza correctamente el movimiento sobre un alumno, muchas veces éste se sorprende porque no percibe una gran cantidad de fuerza localizada. Lo que siente es que su estructura empieza a deteriorarse y que, cuando intenta corregirla, ya está entrando en el siguiente problema.
Ahí empezamos a acercarnos a la lógica de la ryūha.
No luchar directamente contra el agarre
Los agarres constituyen un excelente laboratorio para aprender este principio porque nos permiten trabajar con una presión muy clara.
Supongamos que el compañero nos toma de la muñeca con firmeza. Si nuestro objetivo inmediato es retirar la mano, la dirección de nuestro esfuerzo resulta bastante previsible y uke puede aumentar simplemente su presión.
Una de las cosas que debemos aprender es que la mano agarrada no tiene por qué ser siempre la parte del cuerpo que intenta escapar.
Podemos cambiar nuestra posición, modificar el ángulo del codo, desplazar el centro, alterar la línea de hombros del compañero y conseguir que aquello que inicialmente parecía un agarre sólido empiece a perder eficacia.
Cuando el alumno siente esto por primera vez suele producirse un cambio interesante, porque comprende que no necesitaba romper el agarre mediante fuerza; necesitaba colocarse de una forma diferente.
Esa diferencia es enorme.
En la práctica tradicional de jūjutsu encontramos constantemente este tipo de problemas, y el currículo fundamental de Kobukan prepara precisamente al alumno mediante trabajo de tehodoki, taihodoki, controles, golpes, desplazamientos y escapes antes de que profundice en las características de cada ryūha.
Kuzushi no significa simplemente hacer perder el equilibrio
La palabra kuzushi aparece con frecuencia cuando hablamos de jūjutsu, jūdō y otras disciplinas de agarre, y suele traducirse rápidamente como desequilibrio. La traducción es útil, pero cuando entrenamos debemos ir un poco más allá, porque no siempre necesitamos que el adversario esté a punto de caer para considerar que su estructura ha sido comprometida.
A veces el desequilibrio es muy pequeño.
Puede consistir en haber colocado su peso sobre una pierna en el momento en que necesita moverla, en haber girado ligeramente su hombro para impedir que produzca fuerza de manera cómoda o en obligarle a extender una articulación justo cuando intenta recuperar su postura.
Desde fuera, quizá apenas se perciba nada.
Para quien está recibiendo la técnica, sin embargo, la situación ya ha cambiado.
Cuando Asayama empieza a entenderse de esta manera, dejamos de buscar constantemente una gran reacción física y empezamos a valorar pequeñas modificaciones que reducen las opciones del adversario.
Una persona completamente equilibrada dispone de muchas posibilidades.
Puede avanzar, retroceder, girar, golpear, recuperar el brazo o cambiar de dirección.
Cada vez que alteramos su postura de manera adecuada eliminamos algunas de esas posibilidades.
Por eso, desde el punto de vista de un instructor, me interesa mucho más que un alumno aprenda a reducir progresivamente las opciones de uke que verle ejecutar una técnica espectacular al final de una secuencia.
El control empieza mucho antes de la inmovilización
Cuando enseñamos una técnica que termina en un control articular existe el riesgo de que el alumno piense que el katame empieza solamente cuando uke ya se encuentra en el suelo.
En realidad, el control debería haberse iniciado bastante antes.
Si hemos permitido que el adversario conserve una postura fuerte, mantenga libre su segunda mano, pueda cambiar los pies con facilidad y continúe orientado hacia nosotros, intentar finalizar una inmovilización se convierte en una lucha innecesaria.
Cuando la entrada ha sido correcta, la situación es diferente.
La posición de uke ya está condicionada antes de llegar al suelo.
Su brazo no se encuentra donde él querría tenerlo.
Su columna está orientada de una manera que dificulta recuperar equilibrio.
Sus pies están intentando seguir a una parte superior del cuerpo que ya hemos desplazado.
Cuando finalmente aparece el control, éste no debería sentirse como una técnica completamente nueva, sino como la continuación natural de todo lo que hemos hecho hasta ese momento.
Éste es uno de los aspectos de Asayama que considero especialmente valioso para enseñar jūjutsu.
El alumno empieza a comprender que una inmovilización efectiva no depende exclusivamente de conocer una determinada llave, sino de haber construido correctamente el camino hasta ella.
El propio peso como herramienta
Hay una diferencia importante entre utilizar nuestro peso y dejarnos caer encima del compañero.
A veces, cuando se explica que debemos aprender a utilizar el peso corporal, el alumno interpreta que tiene que volverse pesado de manera indiscriminada, y entonces aparecen movimientos rígidos en los que todo el cuerpo se desploma sin dirección.
Eso tampoco es lo que buscamos.
El peso tiene que estar organizado.
Nuestro centro debe desplazarse hacia el lugar en el que produce un efecto útil, mientras mantenemos una estructura que nos permita continuar moviéndonos en caso de que la situación cambie.
Si necesito inclinarme completamente sobre uke para mantener un control, posiblemente tenga un problema, porque he comprometido mi propia movilidad.
Si, por el contrario, soy capaz de colocar mi estructura de modo que el peso pase por la articulación o por la línea que quiero controlar, necesito mucha menos tensión muscular.
Esta diferencia se vuelve particularmente clara cuando trabajamos con compañeros de distinto tamaño.
Contra una persona más pequeña podemos engañarnos durante bastante tiempo utilizando fuerza, pero cuando uke pesa veinte o treinta kilos más, muchas soluciones dejan inmediatamente de funcionar.
Por eso siempre considero útil que los alumnos entrenen con diferentes compañeros.
Un cuerpo diferente nos obliga a descubrir si realmente comprendemos el principio o si la técnica solamente funcionaba porque nuestra pareja habitual nos permitía realizarla.
No deberíamos intentar vencer al compañero durante el kata
Ésta es otra cuestión importante, especialmente cuando empezamos a profundizar en una ryūha.
El kata no es una competición entre uke y tori.
Uke no está ahí para impedir a cualquier precio que la técnica funcione, pero tampoco debería convertirse en una figura pasiva que entrega el brazo y espera pacientemente a que tori termine.
Ambos tienen una responsabilidad.
Uke debe proporcionar un ataque, un agarre o una presión suficientemente coherentes para que la técnica tenga sentido, mientras que tori debe aprender la forma sin anticiparse artificialmente a aquello que sabe que ocurrirá.
En Kobukan mantenemos el kata como referencia para conservar la estructura y la estrategia transmitidas por las ryūha, aunque el trabajo no termina ahí, porque una vez comprendidas las formas debemos estudiar lo que ocurre cuando aparecen resistencia, presión e incertidumbre. La organización define expresamente esta metodología como un proceso en el que primero se preserva la técnica a través del densho dori y posteriormente se comprueba mediante randori estructurado, ejercicios con resistencia y escenarios cambiantes.
Esto resulta especialmente importante en Asayama.
Una técnica de control puede parecer impecable cuando uke sabe exactamente cuándo relajarse y cómo caer, pero la sensación cambia en cuanto empieza a conservar su postura y a intentar recuperar el brazo.
Entonces descubrimos si realmente habíamos conseguido kuzushi.
La importancia de no precipitar la caída
Otro error que aparece en los alumnos consiste en querer llevar demasiado pronto al compañero al suelo.
Desde fuera parece lógico, porque si estamos practicando jūjutsu pensamos que cuanto antes caiga uke, antes habremos resuelto la situación.
Sin embargo, muchas veces al apresurar la proyección o el derribo estamos liberando precisamente la presión que habíamos conseguido construir.
Antes de intentar llevar a una persona al suelo debemos preguntarnos qué posición hemos obtenido.
Si su estructura todavía le permite girarse, retirar el brazo o colocar un pie en una dirección favorable, quizá la caída que estamos intentando forzar sea prematura.
Hay momentos en los que basta con continuar desplazándonos correctamente y permitir que el propio intento de uke por recuperar el equilibrio termine llevando su cuerpo hacia donde queremos.
Cuando esto sucede, la técnica necesita mucho menos esfuerzo.
Para el alumno puede resultar frustrante al principio porque queremos sentir que estamos “haciendo” algo, mientras que el trabajo avanzado muchas veces consiste precisamente en dejar de hacer movimientos que no necesitamos.
Asayama educa muy bien esa paciencia.
El contacto nos proporciona información
Cuando existe un agarre, solemos pensar inmediatamente en el inconveniente de estar sujetos, aunque desde el punto de vista técnico ese contacto también nos proporciona información.
Podemos sentir hacia dónde se dirige la fuerza.
Podemos saber si el brazo está tenso o relajado.
Podemos percibir cuándo el compañero cambia el peso de una pierna a otra.
Si nuestra propia tensión es excesiva, gran parte de esa información desaparece.
Por eso intento que los alumnos comprendan que las manos no sirven solamente para agarrar, bloquear o aplicar una luxación; también sirven para escuchar el cuerpo del compañero.
Esta manera de hablar puede sonar extraña fuera de las artes marciales, pero cualquiera que haya trabajado durante años con controles articulares sabe perfectamente a qué me refiero.
Un practicante experimentado nota cambios muy pequeños en la presión.
Sabe cuándo uke va a intentar sacar el codo.
Percibe cuándo el hombro empieza a girar.
Nota cuándo la persona deja de resistir en una dirección y comienza a buscar otra.
La técnica se vuelve entonces mucho menos mecánica, porque ya no estamos intentando imponer una secuencia predeterminada a cualquier precio.
Estamos trabajando con aquello que realmente está ocurriendo.
Asayama no debe confundirse con las demás ryūha que practicamos
Cuando una organización estudia varias escuelas tradicionales existe siempre el riesgo de terminar haciendo todas de la misma manera.
El alumno aprende un movimiento de Gyokko Ryū, otro de Kotō Ryū, una kata de Takagi Yōshin Ryū y una técnica de Asayama Ichiden Ryū, pero si utiliza exactamente la misma postura, el mismo ritmo y la misma estrategia en todas ellas, probablemente todavía no esté estudiando realmente las ryūha; únicamente está utilizando nombres diferentes para expresar su propio taijutsu.
Por eso, cuando llegamos al trabajo específico de las escuelas dentro de Kobukan, tenemos que prestar atención a su carácter.
El currículo general nos proporciona herramientas comunes, pero después necesitamos permitir que cada tradición nos enseñe una manera concreta de organizar esas herramientas.
Éste es también el motivo por el que el estudio serio de una ryūha necesita tiempo.
No basta con aprender veinte nombres.
Hay que permanecer el tiempo suficiente dentro de su lógica para que empiece a modificar nuestra manera de reaccionar.
La documentación actual de Kobukan establece precisamente que el entrenamiento yūdansha se centra en profundizar en las ryūha individuales, estudiando sus kata completas y conservando la transmisión recogida en los densho antes de explorar aplicación, variación y presión.
Hishigi-bō y la continuidad entre taijutsu y armas
Un aspecto particularmente interesante de Asayama Ichiden Ryū dentro del entorno actual de Kobukan es su relación con el Hishigi-bō, un bastón corto utilizado para reforzar controles, presiones y manipulaciones articulares.
No es casualidad que el Taikai de Kobukan celebrado en Chester en mayo de 2026 estuviera dedicado precisamente a Asayama Ichiden Ryū Taijutsu y Hishigi-bō, bajo la dirección de James Wright Kancho, con un trabajo presentado expresamente como entrenamiento estructurado centrado en la forma correcta, el sentimiento y la aplicación.
Para un alumno que ya ha trabajado el taijutsu de la escuela, el Hishigi-bō resulta especialmente educativo porque demuestra que el arma no sustituye los principios corporales.
Si nuestra posición es mala, el bastón no solucionará el problema.
Si dependemos exclusivamente de la presión del arma sobre una articulación, estaremos intentando compensar con dolor aquello que debería estar sostenido por estructura.
El Hishigi-bō multiplica determinadas posibilidades de control, pero exige que la base de taijutsu continúe funcionando.
Ésta es una lección que se repite constantemente en Kobukan: cuando pasamos del cuerpo a las armas, no abandonamos lo aprendido; lo sometemos a una nueva prueba.
Atemi dentro del proceso de control
Otro error frecuente consiste en separar demasiado los golpes y el trabajo de jūjutsu.
Hay alumnos que piensan que durante una técnica de control estamos haciendo grappling y que el atemi pertenece a otra parte del entrenamiento.
En la práctica tradicional esa separación no resulta especialmente útil.
Un atemi correctamente utilizado no necesita convertirse siempre en un golpe destinado a producir una lesión máxima. Puede servir para modificar la postura, provocar una reacción, interrumpir la intención del adversario o crear el pequeño momento que necesitamos para cambiar la posición.
El currículo general de Kobukan explica expresamente el atemi de esta manera, no sólo como producción de potencia, sino como una herramienta para abrir líneas, alterar el equilibrio y preparar transiciones hacia controles, proyecciones o inmovilizaciones.
Cuando enseñamos Asayama desde esta perspectiva, la técnica empieza a sentirse mucho más completa.
La mano que golpea y la mano que controla no pertenecen a dos sistemas diferentes.
Forman parte de la misma conversación.
Idori y el problema de trabajar desde posiciones desfavorables
En las transmisiones históricas de Asayama Ichiden Ryū aparecen niveles de trabajo desde posición sentada, generalmente asociados al término idori, y aunque las distintas líneas actuales de la escuela no son idénticas entre sí, este tipo de estudio resulta interesante porque obliga al practicante a resolver situaciones en las que la movilidad está limitada. Las fuentes históricas de ramas vinculadas a esta tradición describen el Chi no Maki, dedicado al trabajo desarmado, con diferentes niveles que incluyen Jōdan, Chūdan, Gedan, Okuden e Idori.
No deberíamos mirar estas formas simplemente como una curiosidad histórica.
Trabajar desde una posición inferior nos obliga a comprender con mucha más precisión qué partes del cuerpo están realmente produciendo el movimiento.
Cuando no podemos resolver todo dando un gran paso, tenemos que aprender a utilizar mejor la cadera, la columna, el contacto con el suelo y la dirección de la fuerza.
Después, al volver a trabajar de pie, muchas cosas empiezan a resultar más claras.
Ésta es una característica muy habitual en las artes tradicionales: una situación aparentemente especializada acaba enseñándonos un principio mucho más amplio.
No necesitamos añadir movimientos innecesarios
Cuanto más tiempo practicamos, más importante se vuelve eliminar.
El principiante suele añadir movimientos porque todavía no está seguro de lo que necesita. Primero tira, después cambia de agarre, luego empuja, vuelve a tirar y finalmente consigue terminar la técnica porque uke ha decidido colaborar.
Cuando analizamos lo ocurrido, descubrimos que quizá la mitad de esas acciones no eran necesarias.
En Asayama debemos aprender a distinguir aquello que realmente cambia la situación de aquello que solamente nos mantiene ocupados.
Un pequeño desplazamiento de cadera puede conseguir más que tres tirones con los brazos.
Un cambio correcto en la posición del codo puede eliminar la necesidad de volver a agarrar.
Una presión mantenida en la dirección adecuada puede impedir que uke se levante sin necesidad de utilizar todo nuestro peso.
Esta economía no se consigue intentando moverse “suavemente”.
Se consigue entendiendo mejor.
La suavidad que vemos en un practicante experimentado suele ser el resultado de haber eliminado cientos de movimientos innecesarios mediante años de corrección.
La diferencia entre dolor y control
Éste es un punto que considero fundamental cuando enseñamos luxaciones.
Es relativamente fácil producir dolor sobre una articulación.
Eso no significa necesariamente que la persona esté controlada.
Podemos realizar una presión dolorosa sobre la muñeca y descubrir que uke todavía puede golpearnos con la otra mano, cambiar su base o incluso soportar el dolor durante el tiempo suficiente para continuar atacando.
Desde el punto de vista marcial, eso no es una buena situación.
El control debe afectar a la estructura.
Si una luxación de muñeca obliga al hombro a cambiar de posición, el hombro modifica la columna y la columna condiciona las piernas, entonces la técnica está empezando a involucrar realmente el cuerpo del adversario.
El dolor puede estar presente, pero deja de ser nuestra herramienta principal.
Ésta es una distinción muy importante porque permite además entrenar de manera más responsable. No necesitamos destruir la articulación de nuestro compañero para comprobar si nuestra estructura es correcta.
Podemos trabajar lentamente y sentir cuándo uke deja de disponer de una dirección cómoda para escapar.
Eso requiere más precisión, no menos.
La presión debe introducirse progresivamente
Cuando el alumno ya conoce una kata y puede realizarla de manera razonablemente consistente, llega el momento de empezar a hacer preguntas incómodas.
¿Qué ocurre si uke no entrega el equilibrio?
¿Qué ocurre si intenta recuperar el brazo?
¿Qué sucede si la distancia inicial cambia ligeramente?
¿Qué pasa si nuestra primera acción no funciona como esperábamos?
Aquí es donde la metodología de Kobukan resulta importante, porque no consideramos que preservar una kata y probarla bajo presión sean actividades incompatibles. Primero necesitamos una forma correcta que sirva como referencia y, a partir de ella, empezamos a introducir progresivamente resistencia e incertidumbre sin convertir cada sesión en una competición.
Si hacemos randori demasiado pronto, el alumno volverá a aquello que ya sabe hacer.
Si nunca hacemos trabajo bajo presión, puede llegar a creer que una técnica funciona simplemente porque siempre la ha practicado con alguien que conocía perfectamente lo que iba a ocurrir.
Encontrar el equilibrio entre ambos extremos forma parte de una buena enseñanza.
La historia de Asayama Ichiden Ryū exige cierta prudencia
Cuando hablamos de una escuela antigua resulta tentador presentar una historia completamente lineal, con una fecha exacta de fundación, un único fundador y una sucesión perfectamente documentada hasta nuestros días, pero en el caso de Asayama Ichiden Ryū la realidad es más compleja.
Existen distintas ramas que emplean el nombre Asayama Ichiden Ryū y que han preservado contenidos diferentes, de modo que no deberíamos asumir que todo aquello que una organización practica bajo ese nombre pertenece necesariamente a la misma línea que estamos estudiando en Kobukan. Fuentes contemporáneas dedicadas a otras ramas de la escuela señalan expresamente que durante el siglo XX aparecieron diferentes líneas de transmisión y que no existe hoy una única autoridad común para todas ellas.
Para nosotros, lo importante es conocer la transmisión que estudiamos dentro de Kobukan Kobudō Renmei y no mezclarla arbitrariamente con material procedente de otras ramas.
La propia documentación de Kobukan relaciona Asayama Ichiden Ryū con la línea de Kaminaga Shigemi, alumno de Ueno Takashi, y señala que James Wright Kancho asistió durante sus años de formación en Japón a enseñanzas de figuras como Sato Kinbei y Kaminaga Shigemi. Kobukan se presenta actualmente como una organización independiente y deja igualmente claro que estas relaciones históricas no significan afiliación actual con otras organizaciones.
Esta precisión no es una cuestión de política marcial.
Es una cuestión de seriedad en la transmisión.
Aprender una ryūha requiere más que aprender sus kata
Hay una etapa en la formación en la que el alumno puede recordar correctamente una secuencia y piensa que conoce la técnica.
No hay nada malo en ello.
Todos pasamos por esa fase.
Pero después tiene que producirse otro aprendizaje.
Hay que descubrir cuál es la distancia que hace posible la kata, dónde se encuentra realmente el kuzushi, qué parte del movimiento es fundamental y cuál es consecuencia, qué podría hacer uke si nuestra posición fuese ligeramente peor y por qué la forma tradicional nos lleva precisamente hacia una solución concreta.
Cuando esas preguntas empiezan a ocupar el entrenamiento, una kata que conocemos desde hace años vuelve a resultar nueva.
Ésa es una de las razones por las que nunca me ha preocupado demasiado la cantidad de técnicas que conoce un alumno.
Me interesa mucho más cómo trabaja una de ellas.
Si es capaz de explicar dónde está el equilibrio.
Si puede adaptarla a una persona más alta.
Si sabe qué ocurre cuando uke cambia de dirección.
Si puede ejecutarla lentamente sin depender del impulso.
Si entiende en qué momento deja de ser necesaria la fuerza.
Ese conocimiento tarda en construirse.
Qué nos enseña realmente Asayama Ichiden Ryū
Después de bastante tiempo trabajando esta ryūha, el alumno empieza a descubrir que el objetivo no era simplemente adquirir otro repertorio de jūjutsu.
Asayama nos obliga a observar de otra manera el contacto.
Nos enseña a no reaccionar inmediatamente contra la fuerza.
Nos obliga a organizar nuestro peso antes de intentar mover el del adversario.
Nos hace comprender que el control comienza antes de la inmovilización y que una articulación forma parte de una estructura corporal completa.
También nos enseña algo que considero especialmente importante: la técnica debería hacerse progresivamente menos dependiente de nuestra ventaja física.
Eso no significa que la fuerza sea inútil ni que debamos fingir que el tamaño no importa.
Naturalmente importa.
Una persona pesada, fuerte y agresiva plantea un problema mayor que una persona pequeña que coopera durante un kata, y cualquier arte marcial que ignore esa realidad termina enseñando una versión muy cómoda del combate.
Precisamente por eso debemos aprender a utilizar mejor la posición, el timing y la estructura.
No porque la fuerza no exista, sino porque existe.
Asayama Ichiden Ryū dentro de Kobukan Kobudō Renmei
Dentro de Kobukan Kobudō Renmei, Asayama Ichiden Ryū Taijutsu no se estudia como una colección aislada de técnicas antiguas, sino como una de las ryūha que permiten al practicante profundizar en principios que ya ha comenzado a desarrollar durante su formación fundamental. La organización mantiene actualmente esta escuela dentro de su núcleo de sistemas de jūjutsu y ninpō, y su presencia como materia central del Taikai internacional de 2026 demuestra que continúa siendo objeto de estudio directo y específico dentro del programa dirigido por James Wright Kancho.
Cuando enseñamos Asayama, por tanto, no buscamos que el alumno salga de la clase recordando simplemente una nueva llave.
Preferimos que empiece a darse cuenta de por qué una llave que antes necesitaba mucha fuerza puede funcionar con menos tensión cuando cambia su posición, que comprenda por qué el compañero pierde estabilidad antes de caer, que note cuándo está intentando manipular únicamente un brazo en lugar de controlar un cuerpo y que, poco a poco, aprenda a utilizar el contacto como una fuente de información en lugar de vivirlo como un obstáculo.
Eso requiere muchas horas.
También requiere compañeros que no reaccionen siempre de la misma manera, instructores que corrijan los detalles que a menudo no vemos por nosotros mismos y la disposición de volver una y otra vez a formas que creíamos conocer.
Con los años ocurre algo curioso, porque las técnicas parecen hacerse más sencillas mientras nuestra comprensión de ellas se vuelve más profunda. Dejamos de necesitar tantos movimientos, dejamos de intentar demostrar fuerza y empezamos a prestar atención a cuestiones mucho más pequeñas, como el lugar exacto en el que cae nuestro peso, el ángulo que ocupa el hombro de uke o el instante en el que deja de poder mover un pie sin empeorar su posición.
Ahí es donde Asayama Ichiden Ryū empieza realmente a enseñarnos.
No cuando conseguimos realizar la kata por primera vez, sino cuando dejamos de verla como una sucesión de movimientos y empezamos a entender qué está ocurriendo entre dos cuerpos, por qué uno conserva opciones mientras el otro las va perdiendo y cómo podemos conducir ese proceso sin convertir cada técnica en una lucha de fuerza.
Ésa es, para mí como instructor de Kobukan, una de las grandes aportaciones de Asayama Ichiden Ryū Taijutsu: aprender a controlar una situación antes de intentar dominar al adversario, utilizando primero la posición, después la estructura y solamente la cantidad de fuerza que realmente sea necesaria.






