En el dōjō se descubre bastante pronto que el asunto es más complicado.

Podemos enseñar a alguien dónde colocar una mano para realizar una luxación y puede recordar el movimiento en pocos minutos. Lo difícil es conseguir que esa persona mantenga su equilibrio mientras la ejecuta, que no dependa únicamente de la fuerza de los brazos, que se coloque a una distancia adecuada, que perciba hacia dónde está perdiendo estabilidad el compañero y que pueda continuar si la primera acción no sale exactamente como esperaba.

Eso es mucho más cercano a lo que buscamos cuando hablamos de taijutsu en Kobukan Kobudō Renmei.

La palabra taijutsu puede traducirse de forma bastante sencilla como «técnica del cuerpo» o «arte corporal», pero quedarse con la traducción no explica demasiado. Dentro del currículo de Kobukan, el taijutsu reúne el trabajo corporal sobre el que se construye el estudio del Ninpo y del jūjutsu: postura, desplazamiento, evasión, golpeo, controles, luxaciones, proyecciones, inmovilizaciones, escapes y trabajo en diferentes distancias. El programa oficial combina especialmente los principios de atemi, jūtaijutsu y taihenjutsu dentro de una formación progresiva.

Pero incluso esa descripción sigue siendo incompleta, porque la verdadera cuestión no es cuántas cosas hacemos con el cuerpo. Es cómo utilizamos el cuerpo para hacerlas.

El primer error: intentar hacer la técnica con las manos

Hay una corrección que repetimos constantemente en clase: «No tires con los brazos».

Se puede decir durante meses.

El alumno agarra una muñeca, intenta aplicar una técnica y, en cuanto encuentra resistencia, aprieta más. Si tiene que proyectar, tira. Si tiene que controlar, empuja. Si el compañero pesa más, hace todavía más fuerza.

Desde su punto de vista parece lógico.

Tiene delante un brazo y quiere moverlo, así que utiliza sus propios brazos.

El problema es que el cuerpo humano no funciona como un conjunto de piezas independientes. Cuando una técnica depende principalmente de la fuerza localizada de hombros y brazos, acabamos enfrentando nuestra musculatura directamente contra la estructura del compañero. Si además esa persona es más grande, más fuerte o simplemente no quiere colaborar, la dificultad aumenta enseguida.

Por eso una parte importante del taijutsu consiste en aprender a implicar el cuerpo completo.

Los pies cambian la posición.

Las piernas transportan el peso.

La cadera organiza el desplazamiento.

El tronco mantiene la estructura.

Las manos transmiten y dirigen lo que el cuerpo ya está haciendo.

Cuando eso empieza a aparecer, las técnicas se sienten diferentes.

No necesariamente espectaculares.

Simplemente dejan de necesitar tanto esfuerzo.

Y para mí esa es una de las primeras señales de progreso.

Taijutsu no significa pelear sin forma

En ocasiones se presenta el taijutsu como algo completamente libre, casi improvisado, donde el practicante simplemente aprende a «moverse naturalmente».

La idea suena atractiva, pero puede llevar a errores.

Todos nos movemos naturalmente antes de entrar en un dōjō. Precisamente por eso llegamos con hábitos.

Tenemos una pierna que preferimos adelantar.

Una dirección hacia la que giramos con mayor facilidad.

Una tendencia a inclinarnos cuando queremos alcanzar algo.

Levantamos los hombros cuando sentimos tensión.

Retrocedemos en línea recta cuando alguien invade nuestro espacio.

Si únicamente nos dicen que nos movamos «de forma natural», lo más probable es que reforcemos esos hábitos.

El entrenamiento técnico sirve en parte para sustituir respuestas espontáneas poco eficaces por una organización corporal mejor.

Después, con años de práctica, esa organización puede llegar a sentirse natural.

Pero no estaba allí desde el principio.

Por eso Kobukan utiliza un currículo estructurado desde los grados kyu y posteriormente profundiza en las diferentes ryūha. La formación básica no se plantea como una improvisación libre, sino como una progresión destinada a construir una base común de movimiento, postura, golpeo, control y evasión.

Kamae: no se trata de adoptar una pose

Una de las primeras cosas que encontramos en taijutsu es el trabajo de kamae.

Cuando un principiante aprende una postura suele preocuparse por copiar su aspecto externo. Coloca los pies, flexiona las rodillas, sitúa las manos donde le han indicado y espera la aprobación del instructor.

Es necesario empezar así.

Pero un kamae no tiene mucho valor si solamente sabemos reproducir su fotografía.

Una buena postura debe permitirnos movernos.

Tiene que mantener el cuerpo equilibrado y preparado para actuar sin necesidad de reorganizarlo por completo antes de cada movimiento.

También cambia nuestra relación con el compañero.

La posición de las manos, de la cadera y de los pies determina qué líneas protegemos, qué distancia podemos cubrir y hacia dónde podemos desplazarnos sin perder estabilidad.

El currículo kyu de Kobukan trabaja kamae procedentes de diferentes escuelas estudiadas dentro de la organización, entre ellas Gyokko Ryū, Kotō Ryū, Kukishin Ryū y Shinden Fudō Ryū. No se utilizan simplemente como formas decorativas; forman parte de la educación de la postura y del posicionamiento que después aparecerán en golpes, controles y proyecciones.

Con el tiempo, el alumno debería dejar de preguntarse únicamente «¿estoy colocado correctamente?» y empezar a preguntarse «¿qué puedo hacer desde aquí y qué puede hacer el otro?».

Ahí cambia la comprensión.

Taihenjutsu: aprender a desplazarse antes de querer controlar a otro

Resulta curioso que muchas personas estén muy interesadas en aprender cómo derribar a alguien, pero presten bastante menos atención a aprender cómo mover su propio cuerpo.

Sin embargo, ambas cosas están directamente relacionadas.

El taihenjutsu incluye formas de desplazamiento, evasión, caídas y movimientos que permiten reorganizar el cuerpo cuando cambia la situación. En el programa de Kobukan constituye uno de los fundamentos de los niveles iniciales.

Una caída, por ejemplo, no se practica porque queramos pasar el entrenamiento rodando por el suelo.

La aprendemos porque no siempre tendremos el control de cómo llegamos allí.

Podemos perder el equilibrio.

Podemos ser proyectados.

Podemos tropezar.

Podemos necesitar bajar rápidamente el nivel del cuerpo o atravesar un espacio sin mantenernos erguidos.

La capacidad de protegernos durante una caída proporciona libertad para entrenar otras técnicas con mayor seguridad.

Lo mismo ocurre con la evasión.

Salir de una línea de ataque no significa simplemente apartarse.

Si nos movemos demasiado, perdemos nuestra propia distancia.

Si nos desplazamos tarde, seguimos recibiendo el ataque.

Si salimos hacia un lugar desde el cual no podemos responder, hemos solucionado solamente la mitad del problema.

Con la experiencia buscamos cada vez menos movimiento innecesario.

No porque queramos permanecer quietos, sino porque empezamos a comprender mejor cuánto necesitamos movernos realmente.

Atemi: golpear no siempre significa intentar terminar el combate con un golpe

Otra parte fundamental del taijutsu en Kobukan es el atemi waza.

Golpear forma parte del currículo, pero su función no debe reducirse a intentar producir el mayor daño posible con cada acción.

Un atemi puede tener diferentes propósitos.

Puede interrumpir la intención del adversario.

Puede provocar una reacción.

Puede modificar su postura.

Puede hacer que retire una mano.

Puede obligarle a proteger una zona y dejar otra accesible.

Puede preparar una luxación, una entrada o una proyección.

El propio currículo oficial de Kobukan explica el atemi precisamente en este sentido: el golpe sirve tanto para afectar físicamente como para crear oportunidades, alterar el equilibrio y facilitar la transición hacia controles, proyecciones o inmovilizaciones.

Esto cambia bastante la forma de entrenarlo.

Si únicamente pensamos en potencia, podemos quedarnos demasiado tiempo buscando un golpe perfecto.

Si pensamos estratégicamente, empezamos a observar qué provoca el golpe.

Supongamos que quiero controlar un brazo.

Quizá intentar agarrarlo directamente provoque resistencia inmediata.

Pero un atemi bien colocado puede hacer que la persona reaccione durante un instante. Esa reacción puede proporcionarme el brazo que estaba intentando capturar.

No hemos añadido dos técnicas independientes.

Hemos creado una relación entre ambas.

Y ahí empieza a aparecer taijutsu.

Kuzushi: antes de proyectar, hay que quitar estabilidad

Cuando los alumnos comienzan a estudiar nage waza suele aparecer otro comportamiento previsible: quieren proyectar demasiado pronto.

Ven la parte final de la técnica.

La persona cae.

Así que intentan producir directamente la caída.

Pero antes de poder mover con facilidad el cuerpo de otra persona tenemos que alterar su estabilidad.

Ese trabajo suele resumirse mediante el concepto de kuzushi, aunque en la práctica no es algo que ocurra solamente durante las proyecciones.

Una persona estable puede resistir.

Una persona cuya estructura está cambiando tiene menos posibilidades.

Podemos romper ese equilibrio físicamente, pero también mediante movimiento, dirección, reacción, dolor, atemi o engaño.

En taijutsu aprendemos progresivamente a reconocer cuándo el compañero está fuerte y cuándo su estructura empieza a debilitarse.

Si intentamos una proyección en el primer momento, necesitamos fuerza.

Si esperamos hasta el décimo, quizá la oportunidad haya desaparecido.

La técnica suele estar en medio.

Ahí entra el timing.

Gyaku waza: una luxación no debería convertirse en una competición de fuerza

Las luxaciones son probablemente uno de los grupos de técnicas que más atraen a quien empieza.

Son visualmente claras.

Se toma una articulación, se aplica una dirección y el compañero pierde movilidad o desciende hacia el suelo.

Pero también son un terreno excelente para adquirir malos hábitos.

Cuando una luxación no funciona, el principiante suele aumentar la fuerza.

Entonces uke aumenta su resistencia.

Y en pocos segundos ambos están participando en una competición muscular que poco tiene que ver con lo que estaban intentando estudiar.

El gyaku waza y las formas de control articular dentro de Kobukan se trabajan junto a alteraciones del equilibrio, cambios de posición y transiciones. El currículo kyu incluye tanto luxaciones como reversals y controles progresivos.

La articulación nunca existe aislada.

Si controlamos únicamente la muñeca pero dejamos libres el hombro, la columna, las piernas y la distancia, estamos intentando controlar una persona completa agarrando una pequeña parte de ella.

Puede funcionar.

Pero estamos dificultándonos el trabajo.

Cuando mejoramos, la luxación deja de sentirse como algo que hacemos contra una articulación.

Empieza a sentirse como una forma de organizar todo el cuerpo del adversario mediante esa articulación.

Es una diferencia importante.

Nage waza: proyectar sin cargar innecesariamente

Las proyecciones también muestran muy claramente la calidad del taijutsu.

Cuando una persona tiene que levantar al compañero con esfuerzo visible, retener la respiración y utilizar toda su musculatura antes de conseguir que caiga, la técnica puede haber terminado correctamente pero el proceso merece revisión.

Una buena proyección aprovecha estructura, dirección y momento.

A veces la persona cae porque la llevamos hacia un lugar donde ya no puede colocar el siguiente paso.

En otras ocasiones su propio movimiento contribuye a la caída.

También puede ser necesario entrar profundamente y utilizar nuestra estructura corporal.

No existe una única explicación para todas las nage waza.

Lo importante es que la técnica no se convierta automáticamente en levantar peso.

Kobukan introduce las proyecciones progresivamente durante el currículo kyu; en Chūkyū ya aparecen de forma explícita junto con trabajo de suelo, transiciones de control e inmovilizaciones.

Eso tiene sentido pedagógico.

Antes de intentar proyectar con libertad necesitamos aprender a caer.

Antes de controlar a otro necesitamos poder organizar nuestro propio cuerpo.

El orden importa.

Ne waza: saber qué hacer cuando terminamos en el suelo

Existe una idea bastante extendida sobre algunas artes tradicionales japonesas según la cual todo el trabajo debe resolverse de pie.

La realidad del currículo Kobukan es más amplia.

Los niveles kyu incluyen osae komi waza y ne waza, con trabajo de control, inmovilización y supervivencia cuando el combate llega al suelo.

Eso no significa convertir el taijutsu en una disciplina especializada exclusivamente en lucha de suelo.

El objetivo es diferente.

Debemos saber movernos allí porque podemos acabar allí.

Una proyección puede llevarnos al suelo junto al adversario.

Podemos resbalar.

Podemos ser derribados.

La situación puede comenzar a muy corta distancia.

Ignorar esa posibilidad simplemente porque preferimos permanecer de pie no sería una estrategia muy sensata.

Al mismo tiempo, el contexto marcial tradicional nos obliga a no olvidar que permanecer demasiado tiempo fijados al suelo puede tener inconvenientes cuando existen otros adversarios o armas.

Por eso interesa desarrollar competencia sin perder de vista el contexto.

Shokyū: construir el cuerpo

El programa de taijutsu de Kobukan divide el recorrido kyu en tres grandes etapas.

Shokyū comprende 9.º, 8.º y 7.º kyū.

Es la fase en la que se construye la base.

Aquí el alumno encuentra postura, desplazamiento, taihenjutsu, kamae, golpeo fundamental, escapes y controles iniciales. El material oficial de Shokyū insiste precisamente en movimiento corporal correcto, postura, distancia y principios fundamentales antes de avanzar hacia trabajo más complejo.

En esta fase el alumno suele querer aprender técnicas.

El instructor debería estar mirando otra cosa.

¿Cómo camina?

¿Mantiene el equilibrio?

¿Se inclina?

¿Agarra con demasiada fuerza?

¿Sabe caer?

¿Mira correctamente al compañero?

¿Respira?

¿Se bloquea cuando recibe presión?

Esas preguntas son mucho más importantes de lo que parecen.

Una persona puede memorizar veinte técnicas con una postura deficiente y terminar practicando veinte versiones diferentes del mismo error.

Por eso volver al kihon no significa retroceder.

Muchas veces significa reparar aquello que estaba impidiendo avanzar.

Chūkyū: conectar las partes

Chūkyū comprende 6.º, 5.º y 4.º kyū.

Aquí el alumno ya dispone de cierto vocabulario técnico y empieza a encontrarse con situaciones en las que necesita relacionar unas herramientas con otras.

Aparecen con mayor profundidad las proyecciones, controles, escapes desde el suelo, inmovilizaciones y transiciones. La documentación oficial describe esta etapa como el puente entre el kihon y un taijutsu más aplicado, con especial atención al desequilibrio, la continuidad entre posiciones y el control práctico.

Para mí, este es uno de los momentos más interesantes del aprendizaje.

El alumno empieza a descubrir que una técnica no termina necesariamente donde terminaba cuando la aprendió por primera vez.

Una luxación puede conducir a una proyección.

Una proyección puede terminar en inmovilización.

Un atemi puede convertirse en entrada.

Un escape puede ofrecernos una posición de control.

La técnica empieza a tener continuidad.

Y también empiezan a aparecer preguntas más útiles.

Ya no es únicamente «¿cómo hago esto?».

Empieza a ser «¿por qué hago esto ahora?».

Jōkyū: menos técnica visible y más decisión

Jōkyū comprende 3.º, 2.º y 1.º kyū.

Es el último tramo antes de entrar en el nivel yudansha.

En esta fase continúan desarrollándose proyecciones, estrangulaciones, controles y luxaciones, pero el objetivo no debería ser simplemente aumentar la dificultad técnica. El tercer volumen del currículo kyu oficial completa precisamente esos fundamentos antes de que el practicante pase al estudio más profundo de las ryūha.

A estas alturas esperamos otra cosa.

Queremos que el alumno empiece a tomar decisiones.

Que no necesite colocarse durante varios segundos antes de actuar.

Que pueda cambiar una técnica cuando encuentra resistencia.

Que reconozca cuándo está forzando algo.

Que mantenga su kamae durante una transición.

Que no pierda al compañero de vista porque está mirando sus propias manos.

El progreso empieza a hacerse menos espectacular desde fuera.

Muchas veces alguien avanzado hace menos.

Pero lo hace en el momento adecuado.

El cinturón negro no significa que se haya terminado el taijutsu básico

Una de las ideas que conviene aclarar es qué representa el paso a yudansha dentro de Kobukan.

El currículo oficial establece que los grados kyu construyen una base común desde 9.º hasta 1.º kyū. Una vez demostrada esa competencia, el practicante entra en una fase en la que el estudio de las ryūha adquiere mucho más peso.

Entre las escuelas estudiadas por Kobukan aparecen Gyokko Ryū Kosshijutsu, Kotō Ryū Koppōjutsu, Kukishinden Happō Bikenjutsu, Asayama Ichiden Ryū Taijutsu, Shinden Fudō Ryū Dakentaijutsu, Shinden Fudō Ryū Jūtaijutsu, Takagi Yōshin Ryū Jūtaijutsu y Togakure Ryū Ninpō.

Esto es importante porque ayuda a entender la función del programa kyu.

Shokyū, Chūkyū y Jōkyū no pretenden sustituir las ryūha.

Preparan al cuerpo para estudiarlas.

Cuando posteriormente encontramos una kata de Gyokko Ryū o Kotō Ryū no queremos empezar desde cero intentando comprender cómo desplazarnos o cómo mantener el equilibrio.

Esos fundamentos deberían estar ya presentes.

Entonces podemos prestar atención a lo que hace particular a esa escuela.

Denshō dori y kata: primero hay que saber qué se está transmitiendo

Kobukan concede importancia a estudiar las técnicas de las ryūha de acuerdo con la transmisión conservada en sus denshō antes de pasar a interpretaciones y aplicaciones más libres. La organización utiliza el término denshō dori para distinguir la forma transmitida de las posteriores adaptaciones personales.

Esto me parece especialmente importante en la enseñanza.

Si cambiamos una kata antes de haberla aprendido, nunca sabremos realmente qué hemos cambiado.

Podemos acabar enseñando nuestra propia interpretación creyendo que estamos transmitiendo la forma original.

Por eso hay momentos diferentes en el entrenamiento.

Primero estudiamos.

Después investigamos.

No son lo mismo.

Durante el kata intentamos comprender la estructura que nos ha sido transmitida.

Más adelante podemos estudiar henka, aplicación y adaptación.

Pero necesitamos una referencia.

Sin referencia, todo cambio parece correcto.

Randori y resistencia: comprobar lo que creemos haber aprendido

Ahora bien, preservar el kata tampoco significa asumir que una técnica funcionará porque hemos conseguido realizarla con un compañero que sabía perfectamente lo que iba a ocurrir.

Kobukan incorpora trabajo de resistencia, ejercicios bajo presión y randori precisamente para contrastar las habilidades desarrolladas mediante kata y kihon. La organización explica su metodología como un proceso en el que primero se aprende la estructura transmitida y posteriormente se prueba frente a resistencia y situaciones cambiantes.

Este paso es incómodo.

Y debe serlo.

Cuando uke deja de colaborar aparecen defectos que durante el kata podían permanecer escondidos.

Quizá nuestra distancia era demasiado larga.

Quizá la luxación dependía de que nos entregara el brazo.

Quizá la proyección funcionaba porque ya sabía hacia dónde tenía que caer.

Eso no invalida el kata.

Nos dice qué parte todavía no hemos entendido.

El error sería situar kata y randori como enemigos.

Uno proporciona estructura.

El otro nos obliga a comprobar cuánto de esa estructura podemos conservar cuando desaparece la cooperación.

No confundir velocidad con habilidad

Otra cosa que conviene decir a los alumnos es que trabajar rápido no significa necesariamente trabajar bien.

De hecho, la velocidad puede esconder muchos problemas.

Si una técnica se ejecuta rápidamente y uke colabora, es difícil ver dónde se perdió el equilibrio, cuándo apareció una tensión innecesaria o en qué momento dejamos de controlar realmente la situación.

Trabajar despacio obliga a permanecer más tiempo dentro del problema.

Ahí se ven las cosas.

Después aumentamos velocidad.

No al revés.

El objetivo final tampoco es practicar siempre lentamente. Una técnica marcial tiene que poder realizarse con la velocidad adecuada al contexto.

Pero utilizar velocidad para esconder una mala estructura no nos ayuda.

La fuerza tampoco es el enemigo

En artes marciales tradicionales se escucha a veces que «no hay que utilizar fuerza».

La frase puede crear tanta confusión como aquello que intenta corregir.

Naturalmente utilizamos fuerza.

Sin fuerza muscular no podríamos mantenernos de pie.

No podríamos golpear.

No podríamos sujetar.

Lo que intentamos evitar es utilizar más fuerza de la necesaria y en una dirección que trabaja contra nuestra propia técnica.

Si una persona posee fuerza física, estupendo.

No tiene sentido pedirle que se vuelva débil.

Lo que queremos es que su fuerza esté organizada mediante buena estructura, distancia y timing.

Un practicante técnicamente competente y fuerte dispone de más recursos que otro igualmente técnico pero menos fuerte.

Lo que no queremos es que la fuerza sustituya al aprendizaje.

Porque tarde o temprano aparecerá alguien más fuerte.

Los manuales oficiales de Taijutsu Kobukan

Kobukan dispone de una serie de manuales escritos por James Wright Kancho que documentan los diferentes niveles del programa kyu. La organización los presenta como material de apoyo al entrenamiento, no como sustitutos de la enseñanza práctica.

El primer volumen es Kobukan Taijutsu Shokyu, correspondiente a 9.º, 8.º y 7.º kyū. Recoge los fundamentos sobre los que comienza el estudio formal del Ninpo Taijutsu dentro de Kobukan. Kobukan Taijutsu Shokyu en Amazon

El segundo es Kobukan Taijutsu Chukyu, para 6.º, 5.º y 4.º kyū. Continúa desarrollando el currículo con un trabajo más amplio de controles, proyecciones, inmovilizaciones y aplicación intermedia. Kobukan Taijutsu Chukyu en Amazon

El tercero es Kobukan Taijutsu Jokyu, que cubre 3.º, 2.º y 1.º kyū y completa el programa previo al nivel yudansha. Kobukan Taijutsu Jokyu en Amazon

Estos libros tienen mucho sentido cuando se utilizan correctamente.

Después de una clase podemos volver a una técnica, consultar la posición, recordar un detalle y preparar preguntas para el siguiente entrenamiento.

Lo que no pueden hacer es proporcionarnos sensación.

No pueden decirnos que estamos inclinándonos demasiado.

No pueden aumentar ligeramente la resistencia para comprobar si mantenemos la estructura.

No pueden hacernos sentir la diferencia entre intentar una luxación y encontrar el momento en que la articulación ya está comprometida.

Para eso sigue haciendo falta un compañero y un instructor.

El verdadero cambio ocurre cuando dejamos de pensar en técnicas aisladas

Con el tiempo ocurre algo interesante.

El alumno comienza aprendiendo nombres.

Kamae.

Uke nagashi.

Gyaku.

Nage.

Atemi.

Cada cosa parece ocupar una caja diferente.

Después las fronteras empiezan a desaparecer.

Una evasión cambia el ángulo y provoca un desequilibrio.

Ese desequilibrio permite un atemi.

El atemi modifica la postura.

La postura permite una luxación.

La luxación conduce a una proyección.

Y quizá la proyección termina en control.

En realidad nunca hubo seis técnicas.

Hubo una situación que fue cambiando.

Cuando empezamos a verlo así, el taijutsu deja de parecer una colección de movimientos japoneses.

Empieza a funcionar como un lenguaje corporal.

Entrenar taijutsu durante años significa volver muchas veces a lo mismo

Uno de los errores que más cuesta abandonar es pensar que progresar consiste en recibir constantemente material nuevo.

Las artes marciales tradicionales no funcionan bien de esa manera.

Hay técnicas que volveremos a practicar cientos o miles de veces.

Eso no significa que el entrenamiento esté estancado.

La persona que ejecuta la técnica ya no es la misma.

Un alumno de Shokyū practica un movimiento intentando recordar dónde van sus pies.

Años después puede practicar exactamente el mismo movimiento prestando atención a la estructura del compañero.

Más adelante quizá estudie el timing.

Luego la intención.

Después el efecto de una pequeña variación de distancia.

La forma externa puede continuar siendo reconocible.

La comprensión ha cambiado por completo.

Por eso no me preocupa demasiado que un alumno diga que ya conoce una técnica.

Conocer el orden de sus movimientos es solamente una de las primeras etapas.

¿Qué buscamos realmente con el Taijutsu Kobukan?

No buscamos que todos los practicantes se muevan exactamente igual.

Los cuerpos son diferentes.

La edad cambia.

La altura cambia.

La fuerza cambia.

Las lesiones, experiencia y movilidad también.

Lo que necesitamos mantener son los principios que hacen que el movimiento tenga sentido.

Buena postura.

Equilibrio.

Distancia adecuada.

Capacidad para desplazarse.

Uso razonable de la fuerza.

Comprensión de la estructura del adversario.

Timing.

Control.

Capacidad de adaptación.

El currículo proporciona el marco para aprender estas cualidades. El instructor corrige. El kata permite estudiarlas. El randori las pone en duda. La repetición termina convirtiéndolas, poco a poco, en parte de nuestra manera de movernos.

Ese proceso necesita tiempo.

Mucho más tiempo del que necesitamos para memorizar una técnica.

Y precisamente ahí está el valor del entrenamiento.

Cuando una persona lleva años practicando taijutsu correctamente, no debería limitarse a saber hacer más cosas que cuando comenzó.

Debería hacerlas de otra manera.

Debería moverse mejor.

Debería reconocer antes cuándo una situación está cambiando.

Debería necesitar menos movimientos innecesarios.

Y tendría que ser cada vez más difícil separar dónde termina una técnica y empieza la siguiente.

Ese es, para mí, uno de los mejores modos de entender el Taijutsu de Kobukan Kobudō Renmei.

No como un repertorio de golpes, luxaciones y proyecciones, sino como una educación progresiva del cuerpo para que pueda responder con estructura, percepción y criterio.

Las técnicas son necesarias.

Sin ellas no existe nada que estudiar.

Pero después de muchos años uno comprende que las técnicas eran también el medio que utilizábamos para aprender algo bastante más difícil:

a movernos correctamente cuando delante de nosotros hay otra persona que también se está moviendo.