A eso nos referimos cuando hablamos de Tai Sabaki (体捌き).
En Kobukan utilizamos con frecuencia este concepto porque forma parte de la manera en que entendemos el taijutsu. La propia documentación oficial de Kobukan Kobudō Renmei señala que, dentro del Ninpo, existe una atención especialmente profunda al taisabaki, entendido como movimiento y evasión corporal, y relaciona este trabajo con el desplazamiento dinámico, los cambios de ángulo, la utilización de la decepción y la capacidad de controlar el equilibrio del adversario, el espacio y el momento de actuación.
Ahora bien, explicar Tai Sabaki simplemente como «esquivar» sería quedarse muy corto. Tampoco significa dar un paso hacia un lado cada vez que alguien nos ataca, ni existe un único movimiento que podamos aprender y aplicar siempre de la misma manera. Cuando hablamos de Tai Sabaki estamos hablando, en un sentido mucho más amplio, de gestionar nuestro cuerpo en relación con el adversario, de colocarnos donde necesitamos estar y, sobre todo, de evitar permanecer allí donde la fuerza del otro puede trabajar con mayor eficacia.
Esto parece sencillo cuando se explica con palabras, pero aprender a hacerlo de manera natural requiere bastante entrenamiento.
Tai Sabaki no consiste simplemente en apartarse
Una de las primeras cosas que intento que comprenda un alumno es que salir de la trayectoria de un ataque y realizar un buen Tai Sabaki no son necesariamente la misma cosa.
Supongamos que el compañero entra con un ataque directo y nosotros damos dos grandes pasos hacia atrás. Es posible que el golpe no llegue a alcanzarnos, por lo que podríamos decir que hemos evitado momentáneamente el ataque. El problema aparece inmediatamente después, porque quizá hayamos perdido nuestra posición, hayamos cedido completamente la iniciativa y nos encontremos ahora a una distancia desde la cual el adversario puede continuar avanzando mientras nosotros seguimos retrocediendo.
Eso no es lo que buscamos.
Cuando trabajamos Tai Sabaki queremos que el movimiento tenga una finalidad dentro de la situación. A veces será necesario salir de la línea, otras veces entraremos hacia un ángulo, en determinadas circunstancias tendremos que reducir la distancia y en otras aumentarla ligeramente, pero la cuestión importante es que nuestra posición al finalizar el movimiento debe tener sentido.
Esta diferencia resulta fundamental.
No enseñamos al alumno a huir mecánicamente de aquello que viene hacia él, sino a aprender a modificar la relación que existe entre ambos cuerpos. Queremos que el ataque encuentre un espacio diferente del que esperaba encontrar y que, al mismo tiempo, nosotros conservemos una posición desde la que podamos seguir actuando.
Por eso el término sabaki resulta más interesante si lo entendemos como manejo o gestión, y no solamente como desplazamiento. Tai significa cuerpo, mientras que sabaki contiene precisamente esa idea de manejar o gestionar una situación. En el uso marcial japonés, Tai Sabaki se emplea de forma general para describir el reposicionamiento del cuerpo frente a una acción, normalmente evitando la línea más peligrosa y buscando a la vez una posición desde la cual podamos continuar técnicamente.
El primer error suele estar en los pies, aunque lo veamos en las manos
Cuando corregimos una técnica en el dōjō, muchas veces el alumno está convencido de que el problema se encuentra en sus manos. No consigue realizar correctamente una luxación y aprieta más. No logra desequilibrar al compañero durante una proyección y empieza a tirar con los brazos. Su bloqueo parece débil y aumenta la tensión de los hombros.
Sin embargo, con bastante frecuencia el problema había comenzado antes.
El cuerpo estaba mal colocado.
Si nuestros pies permanecen delante de la fuerza del adversario, si las caderas quedan orientadas de una manera poco favorable o si nuestra distancia nos obliga a utilizar los brazos para compensar una mala posición, tendremos que hacer mucho más esfuerzo para conseguir cualquier resultado.
Es algo que vemos constantemente cuando entrenamos.
Un alumno intenta realizar una técnica y encuentra resistencia. Repite y encuentra la misma resistencia. Aumenta la fuerza y el compañero se pone todavía más rígido. Entonces cambiamos únicamente su posición, hacemos que desplace ligeramente el cuerpo, modifique el ángulo y coloque sus caderas en una relación diferente respecto a uke. De repente la técnica necesita mucho menos esfuerzo.
Al alumno puede parecerle que hemos cambiado la técnica.
En realidad, muchas veces simplemente hemos corregido el lugar desde donde la estaba realizando.
Esta es una de las razones por las que Tai Sabaki tiene tanta importancia dentro del entrenamiento de Kobukan. Antes de pensar en cómo controlar el brazo del adversario necesitamos aprender dónde debe estar nuestro cuerpo. Antes de obsesionarnos con la forma final de una proyección necesitamos comprender cómo hemos llegado hasta esa posición.
La técnica no empieza cuando agarramos.
Ha empezado bastante antes.
Mover los pies no significa necesariamente mover bien el cuerpo
También conviene distinguir entre desplazamiento de los pies y Tai Sabaki, aunque obviamente ambos están estrechamente relacionados.
Podemos mover los pies mucho y no mejorar absolutamente nada nuestra posición.
Esto ocurre con bastante frecuencia al principio. El alumno sabe que debe desplazarse, así que da un paso, después otro y finalmente gira, pero mientras realiza todos esos movimientos su centro permanece mal situado, su postura se eleva, los hombros se adelantan y el compañero continúa controlando la línea.
Desde fuera hemos visto movimiento.
Marcialmente no hemos ganado gran cosa.
Cuando hablamos de Tai Sabaki queremos que el cuerpo se desplace como una unidad. Los pies son los responsables de llevarnos a otro lugar, pero las piernas, las caderas, el tronco, los hombros, la orientación de la cabeza e incluso la dirección de nuestra mirada deben continuar formando parte de la misma organización corporal.
Precisamente por eso la formación inicial de Kobukan concede tanta importancia al movimiento correcto del cuerpo, la postura y la distancia. Los recursos oficiales de Shokyū indican expresamente que estos elementos forman parte de las bases sobre las cuales se construye el estudio posterior del taijutsu.
No tendría demasiado sentido enseñar a un alumno una gran cantidad de técnicas si todavía no sabe llevar su propio cuerpo de un sitio a otro sin perder la estructura.
Tai Sabaki empieza antes del contacto
Existe otra tendencia bastante común entre los principiantes, y es esperar demasiado.
El alumno permanece delante del atacante, observa cómo llega el ataque y solamente cuando este se encuentra prácticamente encima intenta desplazarse.
Para entonces suele ser tarde.
Cuando decimos que Tai Sabaki debe formar parte de la técnica no queremos decir que se añada después, como si primero existiera el ataque y después decidiéramos qué movimiento hacer con los pies. El desplazamiento tiene que estar integrado en nuestra respuesta desde el inicio.
Esto resulta especialmente evidente frente a ataques que llegan con velocidad.
Si esperamos a percibir toda la trayectoria, analizarla mentalmente y decidir después dónde movernos, nuestro cuerpo siempre llegará detrás de la acción. El entrenamiento repetido de kata ayuda precisamente a reducir esa separación entre percepción y movimiento.
Al principio el estudiante piensa: «me ataca, ahora tengo que salir».
Más adelante el ataque y el movimiento empiezan a formar parte de un mismo momento.
Este cambio es mucho más importante de lo que parece, porque supone pasar de una respuesta intelectual a una respuesta corporal entrenada.
No siempre queremos alejarnos
Probablemente una de las ideas que más cuesta cambiar es la asociación entre defensa y retroceso.
Instintivamente, cuando algo viene hacia nosotros, queremos alejarnos. Es una reacción comprensible y en algunas circunstancias puede ser perfectamente correcta, pero en el entrenamiento marcial no podemos convertirla en una regla.
Hay situaciones en las que retroceder mantiene al adversario precisamente en la distancia donde puede continuar atacando con comodidad.
Pensemos en alguien que avanza con una serie de golpes. Si cada vez que entra nosotros retrocedemos exactamente sobre la misma línea, estamos permitiendo que mantenga su orientación, conserve el equilibrio y continúe avanzando. Nosotros, mientras tanto, tenemos que reorganizarnos con cada paso hacia atrás.
Una modificación lateral aparentemente pequeña puede cambiar completamente esa relación.
El atacante tiene entonces que girar.
Sus pies deben reajustarse.
Su siguiente ataque necesita otra orientación.
Nosotros hemos dejado de estar exactamente delante de él.
Esto permite comprender por qué dentro del currículo de Kobukan se habla no solo de evasión, sino también de angular movement, movimiento angular, cuando se explica la importancia del Taisabaki.
El ángulo cambia el problema.
A veces unos pocos grados son más útiles que un gran desplazamiento.
El mejor Tai Sabaki no tiene por qué ser grande
Cuando enseñamos desplazamientos al principio solemos exagerarlos ligeramente porque necesitamos que el alumno entienda qué está haciendo. Es parecido a aprender cualquier otra habilidad física: primero hacemos visible la mecánica y posteriormente vamos eliminando aquello que ya no resulta necesario.
Con Tai Sabaki ocurre algo parecido.
Un practicante nuevo puede necesitar un paso amplio para salir claramente de una línea, mientras que una persona con más experiencia puede resolver una situación semejante desplazándose mucho menos.
Esto no se debe a que la segunda persona sea más rápida necesariamente, sino a que comprende mejor cuánto movimiento necesita realmente.
Hay una diferencia importante entre moverse mucho y moverse lo suficiente.
Si nos desplazamos menos de lo necesario, permanecemos dentro del ataque.
Si nos desplazamos demasiado, posiblemente perdamos nuestra propia distancia.
Encontrar ese punto requiere trabajar con diferentes compañeros, diferentes velocidades y diferentes tamaños corporales, porque la distancia que funciona con una persona no tiene por qué ser exactamente igual con otra.
Un compañero que mide veinte centímetros más cambia nuestra percepción.
Un compañero mucho más pesado también.
Una persona con brazos largos, una postura diferente o un ritmo distinto nos obliga a reajustar aquello que creíamos dominar.
Por eso el entrenamiento con diferentes compañeros es tan importante.
Tai Sabaki y Maai no pueden separarse
Cuando hablamos de Tai Sabaki inevitablemente terminamos hablando de maai, porque movernos sin entender la distancia sería simplemente cambiar de lugar.
La posición tiene sentido únicamente en relación con el adversario.
Un paso lateral puede ser técnicamente correcto y, sin embargo, colocarnos demasiado lejos para continuar la acción. La misma entrada realizada demasiado cerca puede dejar nuestro cuerpo atrapado y sin espacio suficiente para utilizar correctamente la estructura.
El alumno tiene que aprender que la distancia no se mide únicamente mirando los pies.
También depende del arma corporal que el adversario está utilizando, de la extensión de su ataque, de su posición, de nuestra orientación y de lo que ambos pueden hacer inmediatamente después.
Con armas esto resulta todavía más evidente.
Un rokushaku bō transforma completamente el espacio entre dos personas. Un hanbō modifica otra vez esa relación y una espada nos obliga a considerar líneas y alcances distintos. El principio general de Tai Sabaki sigue presente, pero la solución concreta debe adaptarse al arma y a la situación.
Por eso el movimiento corporal no puede aprenderse como una receta.
Gyokko Ryū ofrece un buen ejemplo de esta importancia
Dentro del estudio de las ryūha transmitidas en Kobukan encontramos un ejemplo especialmente claro en Gyokko Ryū Kosshijutsu.
La documentación oficial de Kobukan describe el Jōryaku no Maki como un nivel en el cual se introducen principios y movimientos fundamentales de la escuela, prestando atención precisamente a la mecánica corporal, el taisabaki, la postura, la distancia y los ángulos utilizados para aprovechar las vulnerabilidades del adversario.
Esto nos recuerda algo que considero importante cuando enseñamos: Tai Sabaki no existe separado del kata.
No necesitamos detener una clase continuamente para anunciar «ahora estamos haciendo Tai Sabaki». Está presente dentro del movimiento que permite que la kata funcione.
Cuando estudiamos una forma de Gyokko Ryū, por ejemplo, no deberíamos limitarnos a recordar dónde va cada mano. Tenemos que observar de qué manera nos relacionamos con el ataque, desde dónde salimos, hacia qué espacio nos desplazamos y qué efecto tiene ese movimiento sobre la estructura del compañero.
Si quitamos eso y dejamos solamente los gestos externos, conservaremos la apariencia de la kata pero perderemos una parte fundamental de su funcionamiento.
Salir de la línea no significa perder al adversario
Otro error que aparece cuando empezamos a insistir en los ángulos consiste en que el alumno se preocupa tanto por apartarse que termina dando la espalda o perdiendo una orientación útil respecto al compañero.
No queremos escapar de la situación hasta dejar de poder intervenir.
Nuestro cuerpo debe cambiar de posición manteniendo una relación técnica con uke.
Esto significa que la colocación de las caderas y los hombros importa tanto como la dirección de los pasos.
Podemos haber salido perfectamente de una línea de ataque y, sin embargo, encontrarnos mal orientados para continuar. Entonces necesitaremos un movimiento adicional para recuperar nuestra posición y ese pequeño retraso puede destruir la ventaja que acabábamos de conseguir.
A medida que progresa el alumno, intentamos que cada movimiento cumpla varias funciones al mismo tiempo.
El paso evita.
El mismo paso coloca.
Esa colocación permite golpear, controlar o desequilibrar.
No queremos realizar primero una evasión completa y después empezar una técnica completamente nueva.
Con experiencia, ambas cosas deben unirse.
El adversario también se mueve
En kata conocemos inicialmente la estructura de lo que va a suceder, y esto es necesario para poder estudiar los principios con cierta claridad. Sin embargo, debemos evitar que esa seguridad nos haga pensar que uke es simplemente un objeto colocado en un punto determinado.
Uke tiene equilibrio, intención, dirección y capacidad de adaptación.
Si nuestro desplazamiento obliga al compañero a cambiar su postura, eso forma parte de la técnica.
Si al cambiar nuestro ángulo conseguimos que tenga que girar para continuar atacando, ya estamos modificando su estructura.
Cuando un alumno empieza a comprender esto, deja de pensar que Tai Sabaki sirve solamente para evitar ser golpeado.
Empieza a utilizarlo para manejar al adversario.
Este es un paso importante en su aprendizaje.
Tai Sabaki antes de Kuzushi
Solemos hablar del desequilibrio como algo que hacemos directamente sobre el cuerpo del compañero, pero la posición desde la que actuamos condiciona enormemente nuestra capacidad para producirlo.
Si estoy delante de una persona fuerte, perfectamente estable y orientada directamente hacia mí, intentar romper su equilibrio utilizando solamente brazos y hombros puede resultar difícil.
Si mediante el desplazamiento consigo modificar nuestra relación y hacer que tenga que girar, reajustar un pie o responder desde una estructura menos cómoda, la situación cambia.
A veces el desequilibrio comienza porque uke tiene que adaptarse a nuestra posición.
Esto es algo que los alumnos suelen comprender mejor cuando dejamos que lo experimenten.
Colocamos a ambos frente a frente e intentamos realizar una determinada acción.
Después repetimos cambiando el ángulo.
La diferencia suele sentirse inmediatamente.
No hemos descubierto una técnica secreta.
Simplemente hemos dejado de trabajar desde el lugar donde el adversario era más fuerte.
Tai Sabaki tampoco significa evitar siempre el contacto
Existe otra confusión que conviene aclarar. Si relacionamos Tai Sabaki exclusivamente con evasión podemos terminar pensando que su finalidad consiste en evitar cualquier contacto con el adversario.
No necesariamente.
Hay ocasiones en las que salimos parcialmente de una línea mientras establecemos contacto, controlamos una extremidad o entramos hacia el cuerpo. Lo importante sigue siendo la relación entre nuestra estructura y la del compañero.
El principio consiste en no permanecer innecesariamente donde la acción contraria puede desarrollar toda su fuerza.
A veces eso requiere apartarse claramente.
Otras veces basta con modificar unos centímetros la posición del cuerpo.
En otras circunstancias tendremos que entrar profundamente hacia una zona donde el ataque ya no puede desarrollar la misma mecánica.
Por eso enseñar Tai Sabaki como «paso hacia la derecha» o «paso hacia la izquierda» es insuficiente.
La importancia de no cruzar los pies sin necesidad
Cuando un alumno todavía no controla bien los desplazamientos, la ansiedad por llegar rápidamente a una posición puede hacer que sus pies se crucen, se junten demasiado o adopten una separación que dificulta recuperar el equilibrio.
Entonces quizá consiga llegar al lugar correcto, pero llega mal colocado.
Esto se vuelve evidente si el compañero cambia inesperadamente la acción.
Si nuestra estructura solamente funciona mientras todo ocurre exactamente según lo previsto, todavía no tenemos un movimiento verdaderamente funcional.
Los pies tienen que permitirnos continuar.
No buscamos una postura perfecta al final de cada desplazamiento como si estuviéramos posando para una fotografía, pero sí una estructura que nos permita responder inmediatamente.
Esta idea de continuidad es fundamental.
La cadera llega con los pies
Cuando digo a un alumno que salga hacia un determinado ángulo, con frecuencia mueve primero un pie mientras la parte superior del cuerpo permanece orientada en la línea original.
Después intenta girar el torso para alcanzar a su compañero.
Eso produce una sensación partida.
El cuerpo inferior va por un sitio y el superior intenta resolver otra cosa.
Tenemos entonces que volver a algo básico: mover el cuerpo completo.
Los pies permiten el desplazamiento, pero las caderas organizan buena parte de la relación entre nuestra base y nuestras manos. Si la cadera llega tarde, nuestros brazos tendrán que trabajar demasiado.
Cuando el movimiento mejora, todo llega de forma mucho más coordinada.
Desde fuera puede parecer una corrección menor.
Para quien la siente, la diferencia es enorme.
Tai Sabaki aplicado a los agarres
El principio resulta igualmente importante cuando alguien nos sujeta.
Una reacción muy habitual consiste en fijar los pies y comenzar inmediatamente a luchar contra el agarre.
Si uke tira, nosotros tiramos en sentido contrario.
Si empuja, empujamos.
Entonces el ejercicio se convierte rápidamente en una competición de fuerza.
En ocasiones basta con que el cuerpo acompañe inicialmente la dirección de la presión y se coloque desde otro ángulo para que el agarre deje de tener la misma eficacia.
Esto no significa dejarnos arrastrar pasivamente.
Significa entender qué está intentando hacer el compañero y evitar ofrecerle exactamente la estructura que necesita.
Cuando el estudiante aprende a mover el cuerpo antes de luchar con las manos, muchas técnicas de liberación empiezan a resultar mucho más claras.
Tai Sabaki y Atemi
Lo mismo ocurre con los golpes.
Atemi no debe estudiarse únicamente como una acción de brazo o pierna que sale desde una postura inmóvil. Nuestra posición respecto al adversario determina qué objetivo podemos alcanzar, desde qué dirección llegará el golpe y cuánto de nuestro cuerpo puede participar en él.
Un buen Tai Sabaki puede abrir una línea que antes no existía.
Un cambio de ángulo puede colocar al adversario de manera que una zona anteriormente protegida quede disponible.
Incluso cuando no golpeamos inmediatamente, nuestra nueva posición puede obligarle a defender un espacio diferente.
De nuevo vemos que el movimiento no es algo que ocurre entre técnicas.
Forma parte de ellas.
Trabajar lento no significa trabajar sin intención
Durante el aprendizaje necesitamos reducir la velocidad muchas veces, pero debemos tener cuidado de no eliminar por ello la intención de la acción.
Si uke realiza un ataque lento que no tiene dirección ni propósito, tori puede desplazarse prácticamente de cualquier manera y todo parecerá funcionar.
Después aumentamos un poco la velocidad y descubrimos que nada de aquello era realmente estable.
Por eso prefiero que, incluso cuando trabajamos despacio, el ataque tenga una línea clara.
No hace falta golpear con violencia.
Pero debe existir una dirección que permita al compañero entender qué está evitando y por qué necesita desplazarse.
Solo entonces Tai Sabaki tiene contexto.
Con las armas los errores se hacen mucho más evidentes
Cuando pasamos del taijutsu al trabajo con armas, la importancia del Tai Sabaki se vuelve todavía más clara.
Un bō, un hanbō o una espada amplían las distancias y hacen que determinados errores de posición resulten muy evidentes. Si permanecemos en la línea incorrecta, la longitud del arma nos recuerda rápidamente dónde nos encontramos.
Esto obliga al practicante a desarrollar una percepción más fina del espacio.
Con el rokushaku bō, por ejemplo, no podemos pensar únicamente en el cuerpo del compañero. Tenemos que considerar todo el espacio que el arma puede recorrer.
Con la espada, la línea adquiere otro significado.
Con un arma más corta cambia otra vez la relación.
Por eso el trabajo de armas resulta tan útil para desarrollar la percepción marcial que posteriormente llevamos de nuevo al taijutsu.
Tai Sabaki no debería verse preparado
Hay otro aspecto que aparece a medida que aumenta la experiencia.
El principiante prepara mucho sus movimientos.
Antes de salir hacia un lado cambia el peso, modifica los hombros y prácticamente anuncia lo que pretende hacer.
Eso ocurre porque todavía necesita organizar conscientemente cada paso.
Con el tiempo intentamos eliminar esas preparaciones.
El desplazamiento debe surgir desde la postura en la que estamos, sin necesidad de realizar primero una serie de ajustes visibles.
Esto conecta directamente con kamae.
Un buen kamae no debería ser una posición de la que tenemos que salir para empezar a movernos.
Debe permitirnos movernos desde ella.
Cuando Tai Sabaki y kamae empiezan a integrarse, el practicante deja de sentir que tiene que «prepararse» antes de actuar.
El movimiento debe sobrevivir cuando cambia el compañero
Una de las pruebas más interesantes consiste simplemente en cambiar de compañero.
Hay alumnos que realizan una técnica perfectamente con la misma persona durante semanas, pero al trabajar con alguien más alto, más pesado o con otra forma de moverse empiezan a tener problemas.
Eso no debe verse como un fracaso.
Es precisamente el entrenamiento que necesitan.
El principio permanece.
La distancia concreta cambia.
El ángulo quizá necesite ajustarse.
La longitud del paso puede variar.
El momento de entrada también.
Si solamente podemos realizar el movimiento con una persona determinada a una velocidad concreta, lo que hemos aprendido todavía está demasiado ligado a una forma externa.
Tai Sabaki nos obliga a desarrollar capacidad de adaptación.
Del movimiento consciente al movimiento natural
Durante los primeros meses es inevitable pensar en los pies.
El instructor dice que movamos una pierna y el alumno mira al suelo.
Después recuerda la otra.
Luego intenta recolocar las manos.
Todo parece separado.
No hay nada extraño en ello.
Estamos construyendo una coordinación nueva.
Lo importante es comprender que esa fase no es el destino final.
Con suficiente entrenamiento, el alumno deja de pensar continuamente qué pie debe mover. Empieza a responder a la posición del compañero.
Entonces el movimiento se vuelve más natural.
No porque haya dejado de utilizar técnica, sino porque la técnica ha empezado a formar parte de su cuerpo.
Para mí, este es uno de los momentos más importantes en la evolución de un practicante.
Tai Sabaki dentro del método de Kobukan
La importancia que damos a Tai Sabaki dentro de Kobukan Kobudō Renmei tiene sentido cuando observamos el currículo como un conjunto. La organización sitúa el movimiento corporal, la postura y la distancia entre las bases de Shokyū, mientras que en el currículo general explica de forma expresa que el Ninpo profundiza especialmente en Taisabaki mediante desplazamientos dinámicos, ángulos y estrategias que permiten gestionar equilibrio, espacio y timing.
Esto significa que Tai Sabaki no debería tratarse como una técnica aislada que estudiamos durante unas clases y después dejamos atrás.
Tiene que acompañarnos durante todo el entrenamiento.
Está presente cuando golpeamos.
Está presente cuando recibimos un ataque.
Aparece cuando escapamos de un agarre, cuando proyectamos, cuando controlamos y cuando trabajamos con armas.
También está presente dentro de los kata de las diferentes ryūha, aunque la expresión concreta del movimiento pueda cambiar según la escuela, la técnica y la situación que estamos estudiando.
Precisamente esa variedad es lo que hace que su estudio no termine nunca.
Lo que intento que comprenda un alumno
Cuando corrijo Tai Sabaki no busco que todos los alumnos se muevan exactamente igual, porque sus cuerpos tampoco son iguales. Lo que intento conseguir es que empiecen a hacerse preguntas diferentes.
En lugar de pensar únicamente «¿qué hago con su brazo?», quiero que se pregunten «¿dónde estoy colocado?».
En lugar de preguntarse solamente «¿cómo bloqueo este ataque?», quiero que comprendan «¿por qué sigo delante de él?».
En lugar de intentar terminar una proyección con más fuerza, quiero que observen si podrían haber llegado a una posición mejor antes de ejecutarla.
Cuando aparecen esas preguntas, el nivel del entrenamiento cambia.
El alumno empieza a depender menos de soluciones aisladas y comienza a comprender principios.
Aprender a estar donde necesitamos estar
Al final, podría explicar Tai Sabaki de una manera bastante sencilla a un alumno nuevo: consiste en aprender a colocar el cuerpo donde puede trabajar y sacarlo de donde el adversario puede utilizar mejor su propia fuerza.
Naturalmente, detrás de esa frase hay años de entrenamiento.
Hay que aprender a mover los pies sin perder la postura, modificar el ángulo sin alejarnos innecesariamente, mantener una distancia útil, conservar la orientación, percibir el momento adecuado y coordinar todo ello con aquello que hacen nuestras manos.
No se aprende en una tarde.
Tampoco se convierte en algo terminado cuando alcanzamos cierto grado.
A medida que mejora nuestra técnica, el Tai Sabaki suele hacerse menos visible. Los movimientos se reducen, desaparecen pasos innecesarios y empezamos a encontrar posiciones que antes necesitaban mucho más desplazamiento.
Desde fuera puede parecer que hacemos menos.
En realidad estamos resolviendo más con menos movimiento.
Por eso, cuando vemos a un alumno obsesionado con la luxación, el golpe o la proyección que está intentando realizar, muchas veces nuestra corrección vuelve a un lugar mucho más básico. Le pedimos que deje por un momento de preocuparse por sus manos, mire dónde se encuentran sus pies y observe la posición de su cuerpo respecto al compañero.
Porque en muchas ocasiones la técnica no falla por aquello que estamos intentando hacer.
Falla por el lugar desde donde intentamos hacerlo.
Y comprender esa diferencia es una de las razones por las que Tai Sabaki ocupa un lugar tan importante en el entrenamiento de Kobukan Kobudō Renmei.






