Dentro de Kobukan Kobudō Renmei, el trabajo de espada forma parte del núcleo de formación con armas, junto con el hanbōjutsu y el rokushaku bōjutsu. La propia organización emplea específicamente el término bikenjutsu para referirse a este ámbito del currículo y sitúa su estudio dentro de la tradición de Kukishinden Happō Bikenjutsu, una de las ryūha principales transmitidas dentro del sistema. Por tanto, aunque podamos utilizar de manera general la palabra kenjutsu para hablar del arte de la espada, cuando nos referimos al programa concreto de Kobukan resulta más preciso hablar de Kukishinden Biken no Hō y de bikenjutsu.

Esta diferencia terminológica no es simplemente una cuestión académica. En artes marciales tradicionales conviene acostumbrarse desde el principio a llamar a las cosas por el nombre que reciben dentro de la propia transmisión, porque las palabras nos indican de dónde procede aquello que estamos estudiando y, sobre todo, nos recuerdan que no estamos construyendo un sistema moderno de esgrima japonesa tomando técnicas de diferentes lugares. Dentro de Kobukan existe un currículo definido, una metodología y una forma concreta de transmitir ese trabajo bajo la dirección de James Wright Kancho.

La espada muestra inmediatamente cómo utilizamos el cuerpo

Una de las primeras cosas que intento hacer comprender a un alumno es que la espada no debe moverse de manera independiente del cuerpo, porque en cuanto aparece esa separación empiezan también la mayoría de los errores que después cuesta eliminar. Si los brazos realizan una acción mientras las piernas hacen otra, si los hombros comienzan el movimiento antes de que nuestro centro esté colocado o si el arma llega al objetivo cuando nuestra estructura corporal todavía está intentando alcanzarla, quizá podamos completar exteriormente la técnica, pero lo que estamos haciendo todavía no posee una unidad real.

Esto se observa con mucha claridad en los cortes. El principiante suele pensar que necesita mover los brazos con más velocidad o más fuerza para que el movimiento resulte convincente, de manera que levanta los hombros, aprieta excesivamente las manos y acelera el arma desde la parte superior del cuerpo. El resultado puede parecer potente, especialmente si no existe un compañero delante, pero cuando empezamos a trabajar con distancia, desplazamiento y una línea de ataque concreta, enseguida descubrimos que esa fuerza adicional suele llegar acompañada de pérdida de equilibrio, dificultad para detener o modificar la trayectoria y una recuperación demasiado lenta.

Cuando el trabajo empieza a madurar, sucede algo bastante diferente, porque los pies colocan el cuerpo, la cadera y el tronco transmiten la acción y las manos dejan de actuar como si fueran el motor exclusivo de la espada. En ese momento el arma se mueve de una manera más limpia y, curiosamente, muchas veces también parece más rápida aunque el practicante esté haciendo menos esfuerzo visible.

No hay ningún misterio en ello. Simplemente estamos utilizando una estructura mejor.

El kenjutsu no empieza cuando comienza el corte

Uno de los errores que más fácilmente se instala en el entrenamiento consiste en pensar que la técnica empieza cuando movemos la espada, cuando en realidad muchas veces la parte decisiva ya ha ocurrido antes. La distancia que hemos elegido, el ángulo desde el que nos presentamos, la posición de nuestros pies, nuestra línea de visión y la relación entre nuestro kamae y el del compañero condicionan lo que podremos hacer después, de manera que un corte técnicamente correcto puede llegar demasiado tarde simplemente porque el problema se produjo dos movimientos antes.

Esta forma de pensar resulta especialmente importante en el trabajo de espada porque el margen para corregir una mala decisión es pequeño. Cuando entrenamos taijutsu, sobre todo durante las primeras etapas, a veces podemos compensar una entrada ligeramente incorrecta agarrando, cambiando la posición del cuerpo o añadiendo otra acción. Con una espada delante conviene acostumbrarse a ser mucho más cuidadoso, porque entrar por una línea equivocada y confiar después en nuestra capacidad de improvisación no constituye precisamente una buena estrategia.

Por eso una parte importante del kenjutsu se aprende antes de que las armas lleguen siquiera a tocarse.

Aprendemos dónde podemos estar.

Aprendemos dónde no deberíamos estar.

Aprendemos qué espacio controla el adversario y qué cambio mínimo en nuestra posición puede modificar esa relación.

Lo que desde fuera parece simplemente una práctica de cortes es, cuando se trabaja correctamente, un estudio continuo de posición y oportunidad.

Maai: la distancia no puede aprenderse únicamente con una definición

En artes marciales utilizamos con mucha frecuencia la palabra maai, y resulta relativamente fácil ofrecer una definición aproximada diciendo que se refiere a la relación de distancia y oportunidad entre los practicantes, pero comprenderla de verdad exige ponerse delante de alguien que también tiene una espada.

Entonces las explicaciones cambian de sentido.

Una distancia que parece segura mientras ambos permanecemos quietos puede dejar de serlo inmediatamente cuando el compañero avanza. Una posición desde la cual pensamos poder atacar puede resultar demasiado lejana si nuestro cuerpo necesita realizar un movimiento previo para preparar el corte, mientras que otra aparentemente más distante puede ser mucho más peligrosa porque el adversario tiene una trayectoria directa y nosotros todavía necesitamos reorganizarnos.

La espada hace visible este problema de una manera que resulta difícil ignorar.

El alumno empieza a comprobar que diez centímetros pueden cambiar completamente una situación y que no basta con saber hasta dónde llega físicamente el arma, porque también tenemos que considerar cuánto puede desplazarse el cuerpo durante la acción, desde qué kamae se está trabajando y quién posee la iniciativa.

Con el tiempo dejamos de pensar en la distancia como si fuera una medida fija entre dos personas y empezamos a percibirla como una relación que cambia constantemente.

Este aprendizaje resulta después útil en todas las demás áreas del Kobukan, porque el principio no desaparece cuando dejamos la espada en el soporte. Lo encontramos en hanbōjutsu, en rokushaku bōjutsu y también en taijutsu, aunque cada disciplina nos obliga a comprenderlo desde una distancia diferente.

Kamae no significa quedarse esperando

Otro punto que necesita bastante tiempo para asentarse es el significado práctico del kamae. Cuando comenzamos, es inevitable fijarnos en la forma exterior y comprobar dónde está cada pie, a qué altura se encuentra la espada o hacia dónde apunta la kissaki, porque necesitamos una referencia desde la que aprender. El problema aparece cuando creemos que reproducir esa fotografía exterior equivale a comprender el kamae.

No es así.

Un kamae existe en relación con un adversario y con una intención, de manera que tenemos que preguntarnos qué líneas estamos presentando, cuáles estamos protegiendo, qué movimiento podemos iniciar desde esa posición y qué información estamos dando a la persona que tenemos delante.

Una posición aparentemente abierta no tiene por qué ser débil si obliga al adversario a entrar por una línea que estamos preparados para utilizar, mientras que una postura aparentemente sólida puede convertirse en un problema si nos deja incapaces de responder sin realizar primero un movimiento innecesario.

Esto cuesta entenderlo cuando se aprende mirando solamente la colocación del cuerpo.

Por esa razón el kata tiene tanta importancia.

Dentro de la forma podemos comprobar para qué existe cada kamae, porque la posición deja de ser una figura aislada y se convierte en parte de una relación entre dos personas.

La espada no debe pesar más en nuestra mente que en nuestras manos

Cuando alguien comienza a trabajar con espada suele aparecer una tensión bastante característica. La persona sabe que está sosteniendo un arma y automáticamente cambia su manera de moverse, endurece los brazos, fija las muñecas y adopta una expresión corporal mucho más rígida que la que utilizaría realizando exactamente el mismo desplazamiento sin ella.

Es una reacción comprensible, pero debemos ir eliminándola.

La espada tiene peso y exige control, naturalmente, pero no deberíamos comportarnos como si estuviéramos sosteniendo un objeto que intenta escapar continuamente de nuestras manos. Cuando el agarre es excesivamente fuerte, el antebrazo permanece tenso, la muñeca pierde capacidad de adaptación y los hombros terminan participando más de lo necesario.

La solución tampoco consiste en sujetar la espada de una manera débil, porque necesitamos autoridad sobre el arma. Lo que buscamos es aprender a modificar la presión de las manos según el momento de la técnica, evitando mantener una contracción máxima desde el principio hasta el final.

Esta sensibilidad necesita bastante práctica.

Al principio el alumno pregunta cuánto debe apretar.

La respuesta no puede reducirse a un porcentaje.

Tiene que aprender a sentirlo.

Hay momentos en los que necesitamos estabilizar el arma y momentos en los que una presión excesiva impediría precisamente que pudiéramos cambiar la trayectoria con facilidad.

No entrenamos para chocar espadas

Las películas han creado una imagen muy concreta del combate con espada en la que dos personas intercambian una larga serie de golpes mientras sus hojas chocan una y otra vez. Visualmente funciona muy bien, pero trasladar esa imagen al dōjō puede conducir rápidamente a una comprensión equivocada del kenjutsu.

Nuestro objetivo no debería ser buscar el arma del adversario para golpearla con la nuestra.

Naturalmente existen contactos, desvíos y situaciones en las que ambas armas se encuentran, pero el propósito de ese contacto debe estar relacionado con la situación que estamos resolviendo, no con producir un choque espectacular.

Siempre debemos recordar que detrás de la espada hay una persona.

Cuando solamente miramos el arma, empezamos a perseguirla.

Si ella se mueve hacia la derecha, vamos a la derecha.

Si cambia hacia la izquierda, la seguimos.

En ese momento el adversario está dirigiendo nuestra atención.

Un estudiante necesita aprender progresivamente a observar la totalidad de la situación, comprendiendo la relación entre manos, hombros, cadera, pies, intención y arma, porque la espada no se mueve sola.

El cuerpo que la sostiene suele empezar a decirnos lo que ocurrirá antes que la propia hoja.

Metsuke y la manera de mirar

Precisamente por esa razón, el trabajo con espada resulta especialmente útil para comprender metsuke, porque obliga a abandonar la costumbre de fijar toda nuestra atención en un único punto.

Cuando un alumno tiene una espada delante, sus ojos suelen ir inmediatamente hacia la hoja, algo completamente lógico porque percibimos allí el peligro más evidente. Sin embargo, si nuestra atención queda atrapada en ese punto, perdemos información sobre el resto del cuerpo.

Una mirada demasiado estrecha puede hacernos reaccionar tarde incluso cuando creemos estar observando aquello que más importa.

Con experiencia vamos desarrollando una percepción más amplia.

Seguimos viendo la espada, pero también vemos al practicante.

Podemos percibir el desplazamiento de los pies, el cambio de altura del cuerpo, una alteración en los hombros o una variación de la distancia sin necesidad de mover constantemente la mirada de un punto a otro.

Este tipo de percepción no aparece porque alguien nos diga simplemente que debemos “mirar de manera amplia”. Hay que entrenarla muchas veces, porque bajo presión tenemos una tendencia natural a concentrarnos precisamente en aquello que más nos preocupa.

La espada nos obliga a trabajar contra esa tendencia.

El timing no puede separarse de la distancia

Otro error bastante habitual consiste en analizar distancia y timing como si fueran dos cuestiones distintas, cuando en realidad están continuamente relacionadas.

Una técnica puede ser correcta en cuanto al ángulo y realizarse desde una distancia adecuada, pero fracasar porque hemos comenzado demasiado tarde.

También puede ocurrir lo contrario.

Podemos reaccionar rápidamente, pero hacerlo antes de que el adversario se haya comprometido suficientemente con su acción y terminar provocando que tenga tiempo para cambiarla.

Por eso el momento en que nos movemos importa tanto como el movimiento que elegimos.

Cuando trabajamos kata, este aspecto no debería perderse por el hecho de conocer previamente la secuencia. Si ambos practicantes saben exactamente qué ocurrirá y empiezan a anticiparlo, la forma termina convirtiéndose en una representación donde técnicamente todo ocupa su sitio, pero la relación entre las acciones ha desaparecido.

Uke necesita realizar su ataque con intención y estructura suficientes para que la respuesta tenga sentido, mientras que tori debe reaccionar a esa acción y no simplemente al recuerdo del orden establecido.

Cuando conseguimos mantener esto, una kata conocida durante años puede continuar resultando exigente.

Kata no es sinónimo de coreografía

Este punto merece insistencia porque probablemente sea una de las mayores incomprensiones cuando alguien observa artes marciales tradicionales desde fuera.

Una kata contiene una secuencia conocida por ambos practicantes, pero eso no significa que su propósito sea aprender una coreografía.

La secuencia nos proporciona un entorno controlado en el que podemos estudiar cuestiones que resultarían mucho más difíciles de corregir si desde el primer día trabajáramos libremente.

Podemos prestar atención a la posición.

Podemos corregir la distancia.

Podemos repetir el mismo momento muchas veces.

Podemos experimentar cómo una pequeña modificación en el ángulo cambia completamente el resultado.

Una vez que el alumno conoce exteriormente la forma, empieza el trabajo realmente interesante, porque entonces podemos dejar de utilizar toda nuestra atención para recordar qué viene después y empezar a estudiar por qué ocurre.

Dentro de Kobukan, la metodología general establece precisamente una progresión en la que las técnicas conservadas en los densho y transmitidas mediante kata forman primero la base, mientras que posteriormente el entrenamiento avanza hacia trabajo con mayor adaptación y resistencia. La organización explica que, una vez adquirida competencia en las formas, se incorpora randori y presión frente a oponentes resistentes y situaciones cambiantes.

Este orden tiene bastante sentido cuando se entiende correctamente.

La libertad no consiste en hacer cualquier cosa.

La libertad aparece cuando disponemos de suficientes principios y suficiente experiencia para poder elegir sin quedar atrapados en una única respuesta.

Kukishinden Happō Bikenjutsu dentro de Kobukan

La espada que se estudia en Kobukan se sitúa dentro del contexto más amplio de Kukishinden Happō Bikenjutsu, una tradición que ocupa un lugar importante en el trabajo de armas de la organización. La presentación oficial de Kobukan señala que Kukishinden Happō Bikenjutsu comprende no solamente trabajo de espada, sino también daken taijutsu, bōjutsu, hanbōjutsu, naginatajutsu, sōjutsu y otras áreas, y explica que las armas deben comprenderse como extensiones de las capacidades desarrolladas mediante el movimiento corporal.

Esta idea es fundamental para comprender por qué no deberíamos estudiar cada arma como si perteneciera a un mundo completamente independiente.

Naturalmente, un bō de seis shaku exige una mecánica diferente a una espada, del mismo modo que un hanbō plantea otra distancia y otras posibilidades, pero debajo de esas diferencias continúa existiendo el mismo practicante.

Nuestros pies siguen teniendo que desplazarnos correctamente.

Nuestro equilibrio continúa siendo importante.

Seguimos necesitando percibir el momento adecuado.

Seguimos teniendo que entender la relación entre nuestra estructura y la del adversario.

Precisamente por eso el estudio de diferentes armas puede mejorar considerablemente el taijutsu cuando se realiza con criterio. Cada una hace visibles problemas distintos y nos obliga a resolverlos utilizando principios compatibles.

La relación entre espada y taijutsu

Una persona que tenga buen taijutsu no se convierte automáticamente en buen practicante de espada, porque el arma posee características propias que hay que aprender, pero llega al estudio con una ventaja importante: ya entiende que el cuerpo debe trabajar de manera organizada.

De la misma forma, un buen trabajo de espada puede revelar defectos que estaban pasando desapercibidos en nuestro taijutsu.

La espada prolonga nuestro alcance.

Por ello cualquier movimiento innecesario también se prolonga.

Una rotación incorrecta de las muñecas puede modificar considerablemente la línea de la hoja.

Un cambio pequeño en la posición del hombro puede alterar el corte.

Un pie mal orientado puede obligarnos a corregir todo el cuerpo cuando ya deberíamos estar actuando.

Este efecto amplificador convierte la espada en una herramienta pedagógica extraordinaria.

No solamente aprendemos a utilizarla.

Aprendemos cosas sobre nuestra manera de movernos.

Cortar no significa simplemente bajar la espada

Otra cuestión que parece obvia hasta que intentamos realizarla correctamente es el corte.

Cuando un principiante recibe una espada de entrenamiento y se le pide que realice un corte vertical, normalmente entiende la acción como levantar el arma y bajarla con fuerza.

Exteriormente puede parecer suficiente.

Sin embargo, dentro de ese movimiento hay mucho más que trabajar.

Tenemos que considerar la trayectoria, la orientación del arma, la posición de las manos, la relación con el centro del cuerpo, el desplazamiento, el momento del impacto y, algo que suele olvidarse, nuestra posición después de completar la acción.

Esto último tiene una enorme importancia.

Una técnica no debería dejarnos completamente desorganizados solamente porque hemos conseguido alcanzar nuestro objetivo.

Si después del corte necesitamos varios movimientos para recuperar el equilibrio, recolocar los pies y volver a estar preparados, hemos creado un problema.

Por eso el final de una técnica no es realmente un final.

Es la posición desde la que tendría que poder continuar otra acción.

Esta forma de pensar cambia mucho el entrenamiento.

Zanshin no es quedarse mirando después de la técnica

Aquí aparece también el concepto de zanshin, que a veces se representa de una manera excesivamente teatral, como si consistiera únicamente en permanecer inmóvil durante unos segundos después de ejecutar una técnica.

El sentido práctico es mucho más sencillo.

La situación no termina simplemente porque nosotros hayamos terminado nuestro movimiento.

Debemos conservar conciencia, estructura y capacidad de continuar.

Si después de una acción nuestra mente se desconecta porque consideramos que “la técnica ya está hecha”, hemos creado un intervalo en el que dejamos de responder a lo que ocurre realmente.

Esto se observa muy bien durante el trabajo de espada.

El alumno realiza el corte que corresponde al kata, llega a la posición final y mentalmente se detiene porque recuerda que ése era el último movimiento.

Sin embargo, el compañero continúa delante.

El arma continúa en nuestras manos.

La distancia continúa existiendo.

El entrenamiento debería acostumbrarnos a no desconectarnos en ese momento.

No existe un corte aislado del adversario

Cuando entrenamos solos es necesario repetir movimientos fundamentales, pero debemos recordar siempre que el kenjutsu existe en relación con otra persona.

Un corte técnicamente bonito realizado en el aire puede enseñarnos coordinación, trayectoria y control, pero no nos dice todavía si habríamos llegado en el momento correcto frente a alguien que se mueve.

Cuando aparece el compañero, nuestra percepción cambia inmediatamente.

Ya no podemos decidir la distancia únicamente según lo que nos resulte cómodo.

No podemos iniciar siempre desde nuestra posición favorita.

Tenemos que responder a una estructura que no es la nuestra.

Aquí es donde empiezan a aparecer muchas de las preguntas realmente útiles.

¿Puedo realizar la técnica sin avisar antes con los hombros?

¿Mi desplazamiento entra realmente en la distancia?

¿Estoy atacando al adversario o simplemente estoy terminando donde recuerdo que debería terminar?

¿Continúo teniendo equilibrio si el compañero modifica ligeramente su posición?

Estas preguntas enseñan mucho más que intentar que la kata se vea perfecta desde fuera.

Bikenjutsu y adaptación

La descripción oficial del manual de Kobukan Kukishinden Biken no Ho – Shoden Menkyo explica precisamente que el programa cubre los fundamentos de espada transmitidos dentro de la tradición Kukishinden, incluyendo técnicas principales y variaciones destinadas a enseñar los fundamentos de adaptación frente al adversario.

Esta palabra, adaptación, merece atención porque no significa que cada practicante pueda modificar las kata arbitrariamente desde el principio.

Para poder adaptar algo, primero necesitamos saber qué estamos adaptando.

Cuando un alumno todavía está intentando recordar los movimientos fundamentales, introducir una docena de variaciones suele crear más confusión que comprensión.

Primero necesitamos una referencia clara.

Después podemos empezar a observar qué sucede cuando cambia la distancia, cuando el ataque llega desde un ángulo ligeramente diferente o cuando el compañero responde de una manera que no esperábamos.

Entonces la variación empieza a tener sentido porque nace de un principio conocido.

No estamos inventando una nueva técnica.

Estamos comprobando hasta dónde puede extenderse aquello que ya comprendemos.

La espada obliga a abandonar movimientos innecesarios

Con bastante frecuencia el progreso en artes marciales consiste menos en aprender a hacer cosas nuevas que en dejar de hacer cosas que sobran.

En kenjutsu esto resulta muy visible.

Al principio aparecen preparaciones.

Antes de cortar levantamos ligeramente el hombro.

Antes de avanzar movemos primero el pie hacia atrás.

Antes de cambiar de kamae tensamos las manos.

Cada una de esas pequeñas acciones proporciona información al compañero.

Nosotros quizá no seamos conscientes de ellas porque estamos concentrados en la técnica principal, pero alguien con experiencia empieza a leerlas.

Por eso, con los años, el trabajo suele hacerse menos espectacular y más directo.

No necesitamos anunciar cada acción.

La transición entre kamae y movimiento se reduce.

La espada empieza a salir desde donde está.

Esto no se consigue intentando ser rápido.

Se consigue eliminando aquello que ralentiza.

El miedo a ser alcanzado también forma parte del entrenamiento

Existe otro aspecto del kenjutsu que no es puramente mecánico.

Cuando tenemos una espada avanzando hacia nosotros, incluso tratándose de una herramienta de entrenamiento utilizada bajo control, aparece una reacción muy natural de protección.

Parpadeamos.

Apartamos la cabeza.

Retrocedemos demasiado.

Levantamos los hombros.

Nada de esto debe avergonzarnos, porque es simplemente la respuesta del cuerpo ante algo que percibe como peligroso.

El entrenamiento consiste en aprender a gestionar esa reacción.

No queremos eliminar nuestra percepción del peligro, porque sería absurdo.

Queremos evitar que esa percepción destruya nuestra capacidad de actuar.

Aquí el kata vuelve a proporcionar un entorno extraordinariamente útil, ya que permite repetir una situación de manera progresiva hasta que el cuerpo aprende que puede mantener estructura y atención incluso cuando una amenaza entra en nuestra distancia.

Esto lleva tiempo.

No se aprende escuchando una explicación.

La espada tampoco admite demasiada fantasía

Las artes marciales japonesas han sufrido mucho por la imagen creada alrededor de la espada, probablemente más que casi cualquier otra disciplina.

Películas, series, videojuegos y demostraciones espectaculares han construido una idea del samurái y del combate con katana que con frecuencia tiene poco que ver con lo que hacemos en un dōjō tradicional.

Cuando entrenamos seriamente debemos dejar parte de esa imagen fuera.

No buscamos parecer un personaje histórico.

No necesitamos hacer movimientos grandes para que la técnica parezca impresionante.

No necesitamos añadir dramatismo.

Tenemos que estudiar.

Y estudiar significa aceptar que una corrección aparentemente pequeña, como mover unos centímetros un pie o reducir la tensión de una mano, puede tener más valor que aprender otra técnica completa.

Cuanto más tiempo se practica, menos interés debería existir por adornar lo que hacemos.

La espada ya es suficientemente exigente por sí misma.

El libro oficial de espada de Kobukan

Kobukan Kobudō Renmei dispone de un manual específico para este programa, titulado Kobukan Kukishinden Biken no Ho – Shoden Menkyo, de James Wright Kancho. La propia organización lo presenta entre sus libros oficiales disponibles en Amazon y explica que contiene los fundamentos del trabajo de espada de la tradición Kukishinden, incluyendo las técnicas principales y variaciones destinadas a desarrollar la adaptación frente al adversario.

Kobukan Kukishinden Biken no Ho – Shoden Menkyo
James Wright Kancho

Ver el libro oficial en Amazon

Como ocurre con los manuales de hanbōjutsu y rokushaku bōjutsu, conviene entender correctamente para qué sirve un libro de estas características.

Un manual puede ser una referencia extraordinariamente útil para alguien que ya está siguiendo el currículo, porque permite revisar posiciones, recordar el orden del material y conservar una referencia común entre estudiantes e instructores, pero no puede reproducir aquello que sucede cuando dos personas trabajan realmente frente a frente.

Una fotografía muestra dónde se encontraba una espada en un instante determinado, pero no puede enseñarnos la presión que existía entre las armas.

Un texto puede describir la distancia, pero no puede hacernos sentir cuándo hemos entrado unos centímetros demasiado pronto.

Podemos observar un kamae perfectamente representado y continuar sin comprender qué amenaza crea desde esa posición.

Todo eso necesita entrenamiento.

Por esa razón el libro debería acompañar el keiko, no sustituirlo.

Volver al libro después de entrenar cambia completamente su utilidad

Hay una diferencia enorme entre abrir un manual antes de haber recibido una técnica y consultarlo después de haberla practicado.

Antes de entrenarla vemos posiciones.

Después empezamos a reconocer sensaciones.

Recordamos dónde nos corrigieron.

Comprendemos por qué una mano estaba colocada de determinada forma.

Vemos una fotografía y nuestra memoria corporal completa parte de aquello que el papel no puede transmitir.

En ese momento el manual empieza a tener mucho más valor.

Esto también explica por qué podemos volver al mismo libro años después y encontrar información que aparentemente siempre estuvo allí, pero que nosotros todavía no estábamos preparados para interpretar.

El texto no ha cambiado.

Ha cambiado nuestra capacidad para leerlo.

En una tradición marcial ocurre continuamente lo mismo con las kata.

No tener prisa por parecer avanzado

En el trabajo de espada existe cierta tentación de querer llegar rápidamente a movimientos complejos, porque lo fundamental parece demasiado sencillo cuando se observa desde fuera.

Cortar.

Desplazarse.

Mantener un kamae.

Controlar la distancia.

Sin embargo, después de muchos años uno empieza a comprender que precisamente ahí está la dificultad.

Realizar una técnica complicada de forma mediocre puede resultar relativamente fácil.

Realizar algo aparentemente sencillo con buena distancia, estructura, timing y ausencia de movimientos innecesarios exige bastante más.

Por eso no debería preocuparnos repetir fundamentos.

El problema no es volver a trabajar lo básico.

El problema sería continuar haciéndolo exactamente igual después de diez años.

Cada vez que volvemos a una forma deberíamos poder observar algo con más profundidad.

Kenjutsu, bikenjutsu y la continuidad del currículo Kobukan

Dentro de Kobukan Kobudō Renmei, el trabajo de espada no aparece aislado del resto del entrenamiento, sino como una de las tres áreas fundamentales del currículo Buki junto al hanbōjutsu y el rokushaku bōjutsu. La organización considera estas armas una base desde la cual resulta más sencillo comprender posteriormente un repertorio más amplio de armamento tradicional, mientras que Kukishinden Happō Bikenjutsu proporciona el contexto de ryūha dentro del cual se desarrolla buena parte de ese aprendizaje.

Esta relación entre armas es importante porque permite que cada una nos enseñe algo diferente sin abandonar los principios generales del movimiento.

El rokushaku bō obliga a comprender una distancia amplia y la gestión de un arma larga.

El hanbō nos coloca mucho más cerca y crea una relación constante entre golpe, control y taijutsu.

La espada añade una exigencia particular sobre línea, oportunidad, orientación y decisión.

Cuando se estudian correctamente, las tres disciplinas empiezan a comunicarse entre ellas.

Entonces el alumno descubre que aquello que aprendió sobre maai durante una clase de bōjutsu aparece nuevamente en kenjutsu, aunque expresado de otra manera, mientras que una corrección recibida trabajando taijutsu puede resolver un problema que llevaba semanas intentando solucionar con la espada.

Ese momento es importante porque significa que estamos dejando de acumular disciplinas y empezamos a comprender principios.

Aprender espada significa aprender a tomar decisiones

Después de muchos años, probablemente ésta sea una de las enseñanzas que considero más importantes.

La espada obliga a decidir.

No podemos permanecer indefinidamente en una posición esperando que aparezca una solución perfecta.

Tampoco podemos movernos de manera precipitada simplemente porque sentimos presión.

Tenemos que observar, elegir y actuar.

Si decidimos tarde, llegamos tarde.

Si decidimos demasiado pronto, podemos revelar nuestra intención.

Si elegimos bien pero nuestro cuerpo todavía necesita realizar varios movimientos de preparación, también hemos perdido parte de la oportunidad.

Por eso el kenjutsu termina siendo una educación de la decisión tanto como una educación técnica.

Con el tiempo aprendemos a reconocer mejor cuándo actuar y, quizá todavía más importante, cuándo no hacerlo.

La espada termina enseñándonos a hacer menos

Al principio queremos hacer mucho con la espada porque creemos que la habilidad se demuestra mediante la cantidad de movimiento.

Con los años ocurre casi lo contrario.

Empezamos a valorar una posición desde la que no necesitamos corregir.

Un desplazamiento que nos coloca exactamente donde necesitamos estar.

Un corte que no contiene una preparación visible.

Una respuesta que utiliza el movimiento del adversario en lugar de competir contra él.

La técnica se vuelve más sencilla por fuera precisamente porque existe más comprensión por dentro.

Éste es uno de los aspectos más difíciles de transmitir a alguien que comienza, porque todavía necesita aprender dónde poner cada cosa y necesita movimientos conscientes para organizarse.

No debemos apresurar esa etapa.

Cada alumno tiene que pasar por ella.

Lo importante es no quedarse allí.

El estudio de la espada dentro de Kobukan Kobudō Renmei

Cuando hablamos de kenjutsu en Kobukan Kobudō Renmei, por tanto, no estamos hablando simplemente de aprender cortes japoneses ni de reproducir una imagen idealizada del samurái, sino de entrar en un estudio de la espada integrado dentro de una transmisión más amplia, donde el trabajo de Kukishinden Biken no Hō se relaciona con taijutsu, distancia, kamae, percepción, desplazamiento y adaptación.

La espada obliga a ser preciso porque amplifica nuestros errores, pero precisamente por eso resulta una herramienta extraordinaria para aprender.

Nos muestra cuándo utilizamos demasiado los brazos.

Nos obliga a prestar atención a nuestros pies.

Hace que comprendamos el maai de una forma que ninguna definición puede transmitir completamente.

Nos enseña que un kamae no es una fotografía y que un corte no termina cuando la espada deja de moverse.

Sobre todo, nos obliga a abandonar poco a poco la idea de que una técnica es algo que hacemos al adversario.

Una técnica existe porque hay una relación concreta entre dos personas en un momento determinado.

Si esa relación cambia, nosotros también debemos ser capaces de cambiar.

Por eso el programa oficial de Kobukan no se limita a enseñar formas principales, sino que incluye también el estudio de variaciones destinadas precisamente a desarrollar esa capacidad de adaptación.

Una persona puede aprender rápidamente el nombre de un kamae, recordar el recorrido de un corte o memorizar una kata, pero convertir todo eso en una capacidad corporal fiable requiere años de práctica, correcciones y repeticiones realizadas con atención.

No existe ninguna contradicción entre tradición y adaptación cuando el proceso se entiende correctamente.

Primero recibimos una forma.

Después aprendemos a hacerla.

Más tarde empezamos a comprender por qué funciona.

Finalmente descubrimos qué puede cambiar sin que se pierda aquello que la hace funcionar.

Ese proceso no se puede acelerar simplemente acumulando más técnicas.

Y precisamente por eso seguimos volviendo a las mismas formas.

Cada vez que tomamos la espada encontramos algo que todavía puede hacerse con menos tensión, mejor distancia, un movimiento más limpio o una decisión más clara.

Ése es el verdadero valor del estudio de la espada dentro de Kobukan Kobudō Renmei, porque el objetivo no consiste únicamente en aprender a manejar un arma tradicional japonesa, sino en utilizar ese arma para desarrollar una manera más precisa de moverse, observar, medir la distancia y actuar cuando realmente corresponde.